Por qué un compañero de yoga o de trabajo puede ser tan buen amigo como el de toda la vida

A partir de los 30, y con el paso de los años, nos cuesta más trabajo hacer amigos porque se reducen nuestros círculos, tenemos otras prioridades y nos volvemos más desconfiados. Pero cualquier edad es buena para construir relaciones sanas, si sabes cómo. Dos psicólogos nos lo cuentan. 

La calidad de la amistad no se mide por el tiempo que llevamos conociendo a la otra persona. Foto: Getty

Empecemos por decir que la pandemia no nos lo ha puesto fácil, tampoco con los amigos. Para Marta Fernández, una toledana de 35 años, una pequeña disputa por Whatsapp con una amiga ha supuesto un adiós a su amistad de toda la vida. Sin embargo, está lejos de apenarse: “Me he liberado, y aunque me da cosa hasta decirlo, estoy feliz”.

No es la única. A Mar Jiménez, malagueña de 40 años, la pandemia le ha servido para priorizar sus amistades. Que no es que no se ocupe de su amiga la francesa, relata por teléfono, pero se ha acercado a los de siempre y que, por alguna razón, están más presentes en su día a día. En esencia: no es que nos hayamos quedado sin amigos, pero nos hemos dado cuenta de los que valen la pena porque somos más selectivos. Pablo Berrocal, catedrático de psicología en la Universidad de Málaga y director del Laboratorio de Emociones, lo cree así: “Nos ha pasado lo mismo que con la ropa que ya no nos gustaba y hemos reciclado. Desde la pandemia, quien ha sido inteligente, ha hecho limpieza”. También lo cree Elena Dapra, psicóloga clínica y experta en bienestar psicológico. “La pandemia nos ha afectado a nivel emocional y comportamental. Hemos hecho una reevaluación de las relaciones y de para qué las teníamos, y si eran buenas o nos gustaban”.

Poner punto final a relaciones que no eran saludables, aunque se reduzca nuestro círculo, es positivo; es decir, prima lo cualitativo. Pero, ¿cómo establecer lazos sanos con nuevas personas teniendo en cuenta el contexto actual y el distanciamiento social? Es lo que le preocupa a Pablo Cuenda, un gerundés de 30 años que acaba de instalarse en Madrid. “He decidido vivir solo en una ciudad que apenas conozco y donde de momento teletrabajo. No es que esto me beneficie para conocer gente, y menos a mi edad, que es más difícil”.

Pero, ¿por qué es tan complicado afianzar lazos alcanzada cierta edad? Para la psicóloga Dapra, nuestras prioridades cambian. “Sobre los 30 aproximadamente, gran parte de la sociedad tiene hijos o se ocupa de crecer en el trabajo. Si coincide que podemos ir haciendo relaciones en nuestros círculos, cuidaremos de nuestro entorno, pero no estableceremos lazos tan fácilmente como cuando éramos más jóvenes”. Berrocal, experto en emociones, apunta también a otros factores: ”Nos volvemos más exigentes y a veces más desconfiados. Los jóvenes buscan aspectos más hedónicos, más flexibles y exploran más. Pero los adultos nos preguntamos si el interés es real o interesado y reducimos los círculos». Claro que ahí entra la personalidad de cada uno. “Es más fácil para aquellos con un mayor nivel de agradabilidad. Ser estables emocionalmente, caer bien o simplemente ser simpático también influye”, dice el experto.

Y a pesar de las redes, los verdaderos amigos se siguen contando con los dedos de una mano. El último en reiterar con su estudio ha sido un psicólogo de Oxford, Robin Dunbar, que asegura que los humanos podemos mantener una media de cinco amistades íntimas en diferentes etapas de la vida. 

La amistad requiere esfuerzo.

Por supuesto, cualquier edad es buena para socializar. La clave está en la voluntad. “El que tiene amigos tiene ilusión. Te ríes, te arreglas, te despejas”, dice Berrocal. Pero la amistad, como la suerte, también hay que ir a buscarla. “Cualquier etapa es buena para construir porque la soledad es la contrapartida de la amistad. Si no tenemos demasiados círculos, es importante esforzarnos en hacer nuevos con actividades que nos gusten”. Así que ya sea en yoga o en un club de lectura, tener nexos en común es siempre un comienzo para asentar una base. Y eso significa que un nuevo compañero puede ser tan valioso como un amigo de la infancia con el que quizá ya no compartes tanto. “Lo importante de los amigos es el poso que nos dejan por el sentimiento de pertenencia que nos generaron, por eso no importa si una amistad se fraguó en la infancia o fue posterior. Cada amigo te deja una lección de vida”, dice Dapra.

Y por eso, también es bueno conocer cómo establecer esas relaciones sanas. Para Dapra, será esencial fijarse en cuatro aspectos: “Uno: una relación debe ser auténtica para que podamos ser nosotros mismos. Dos: debe haber cordialidad. Tres: es importante la empatía para entender al otro. Y por último, debemos tener una disposición de apertura, mostrarnos confiados en que me puedo dejar ver por el otro sin miedo a ser juzgado. Cuando no te abres es porque eres tú quien está cerrado, y la otra persona tampoco va a abrirse”. Al final, las relaciones son como un espejo, explica: «Cuanto más nos queramos a nosotros mismos y más auténticos seamos, más fácil será establecer lazos de amistad».

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