¿Por qué tu champú deja de funcionar?

Las necesidades del pelo y del cuero cabelludo cambian según la temperatura, las agresiones externas y nuestro estilo de vida. Es normal que un solo producto no pueda con tanto ajetreo.

Cambiar champú

Foto: Everett

“No es que tu champú no funcione. Eres tú. Tú y tus circunstancias”. Es escuchar esto de boca de tu peluquero y sentirte, en apenas nanosegundos, como una traidora a tu propia melena. Todo porque, de pronto, ese champú que tanto brillo te ha dado durante meses, ese que tan bien te regula la grasa y que ha logrado equilibrarte el cuero cabelludo, ese champú que tanto has recomendado a tus amigas ha dejado de funcionar. O, mejor dicho, ha dejado de funcionarte. Entonces recuerdas aquellas monsergas de la abuela con lo de que una no se puede fiar ni del champú y que hay que cambiarlo con frecuencia porque el cabello se acostumbra y empieza a quedar mal. Como si un conjunto de pelos mojados fueran capaces de decidir aleatoriamente si les gusta o no la actuación de un producto de lavado en plan jueces de un concurso de cantantes.

Pero algo hay de cierto en todo esto. Aunque no porque el cabello se ponga impertinente, ni mucho menos porque la fórmula del champú sea ahora de peor calidad que cuando empezaste a usarlo. Las razones están dentro y alrededor de ti. Toma nota: tus hábitos de vida y de aseo, las condiciones climatológicas, tu dieta, tus hormonas, tu edad y hasta tu salud modifican el cuero cabelludo y las fibras capilares. “No es que con el tiempo los champús dejen de funcionar, sino que las necesidades del pelo y el cuero cabelludo no son las mismas durante períodos muy largos de tiempo”, sentencia Jordi Vázquez, director artístico de Llongueras.

Cada vez que cambia una estación, hay que re-ajustar la rutina de cuidado del cabello. En verano el exceso de sudor hace que el cuero cabelludo pueda aparecer más graso. La consecuencia inmediata es un pelo lacio, pesado, sin cuerpo. Una incomodidad que se puede mitigar con un champú que aporte volumen. Además, las fibras tienden a resecarse más debido al calor, el cloro, el exceso de sol y el salitre. “Por eso conviene aplicar un buen producto de hidratación antes de exponerlos al sol. Pero luego hay eliminarlo bien para que no deje residuos que dejen el pelo sin brillo”, explica Cristina Martín, de Nuar. Para reparar los daños causados por todas esas agresiones externas Antonio Corral Calero, director creativo de Moroccanoil, añade que el champú y el acondicionador para el verano deben ser más suaves (ya que se lava el cabello más a menudo), hidratantes y reparadores que el producto habitual durante la época fría. En invierno, en cambio, las temperaturas extremas cercanas a los cero grados en la calle y la calefacción tórrida de la oficina resecan el cabello y lo vuelven extremadamente frágil. “En los meses fríos se debe lavar el cabello con menos frecuencia pero sin olvidar la hidratación”. Eduardo Sánchez, director creativo de Maison Eduardo Sánchez, recomienda incluir en la cesta de la compra del otoño algún champú anticaída.

Al margen del calendario, las prisas, que no son buenas para nada, también son letales si se pretende lucir una melena lustrosa. Un buen aclarado debería durar entre 30 y 60 segundos, tiempo que pocas mujeres dedican a su pelo. No hacerlo así es dejarlo a medias. “Para eliminarlos conviene usar cada ciertos lavados un champú purificante”, apunta Corral. Un buen aclarado con vinagre de sidra cumple una función similar.

En Maison Eduardo Sánchez antes de enviar a una clienta al lavacabezas se le hace un diagnóstico del cuero cabelludo. Eso determinará el tipo de champú que se emplee. “Cuando se lleva tiempo usando productos con demasiados detergentes o después de agresiones como los tintes o los alisados lo normal es que el cuero cabelludo esté sensible mientras que la masa capilar se muestra muy seca”, señala Sylvia Gonzales, embajadora de Leonor Greyl en España. “En estos casos conviene cambiar a uno a base de salvia y camomila para reestablecer la calma capilar”. Eduardo Sánchez declara que “por eso siempre recomiendo a mis clientas tener dos champús: uno para tratar el cabello y otro, para el cuero cabelludo. E irlos alternando”.

La dieta también repercute en la salud del cabello. Un buen nivel de grasas aporta los ácidos grasos necesarios para una melena brillante por lo que hay que no hay que recurrir tanto a limpiadores con un plus de hidratación. Los cambios hormonales del embarazo o la menopausia también ponen a prueba al mejor champú. Por último, a medida que se cumplen años, la fibra capilar también envejece. Se vuelve fina y quebradiza y hay que hacerle un aporte adicional de proteínas reparadoras. Algo similar sucede después de un tratamiento médico agresivo como la quimioterapia o la radioterapia. Muchas situaciones coyunturales pero que, al final, terminan por darle la razón a la abuela. Y que confirman que, una infidelidad a tu tiempo a tu mejor champú, es una victoria para tu melena.

Champus

Champú purificante de Moroccanoil (24,50 euros) y el Champú Limpiador con miel de Leonor Grey 21 euros).

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