Enderezarse la dentadura en la mediana edad: cuando la ortodoncia llega en la madurez

Asociamos los aparatos dentales a la adolescencia, pero cada vez más pacientes adultos optan por arreglar sus dientes. Si no hay otras contraindicaciones, la edad no es importante.

Foto: Getty

En la cultura popular, la ortodoncia aparece eternamente asociada a la adolescencia y nunca como algo positivo. Una sonrisa llena de brackets nos dice que un personaje pertenece al grupo de los raros y no de los populares. Dependiendo de la importancia de ese personaje en la obra, esa ortodoncia durará para siempre o, si hablamos de la protagonista (aquí casi siempre es una chica), será uno de los elementos que faciliten su transformación. Un día aparecerá sin brackets y sin gafas y todo el mundo se dará cuenta de que era la chica más guapa del instituto.

El gran referente pop de ortodoncia cuando pensamos en personajes adultos es la protagonista de Betty, la fea o Yo soy Bea en la adaptación española, también con ese arco de transformación en una chica bellísima cuando se retira gafas y aparato. Betty o Bea es veinteañera y esa ortodoncia casi parece una señal de que sigue anclada en la adolescencia. ¿Personajes con aparato dental pasada la frontera de los 40? No existen, pese a que es cada vez más común que las salas de espera de los ortodoncistas estén llenas de pacientes de todas las edades.

La asociación de la ortodoncia a cierta juventud se ve incluso en las publicaciones del propio sector. En la Encuesta de Salud Oral en España 2020, publicada por la Revista del Ilustre Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España, los datos relativos a las personas que llevan algún aparato de ortodoncia se dividen en tres grupos: pacientes de 12 años (el 9,7% lleva aparato), de 15 años (12,6%) y “adultos jóvenes” de 35-44 años (2%). No hay datos sobre personas de más edad.

“No hay límite de edad para hacer ortodoncia”, asegura Juan Carlos Pérez Varela, presidente de la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO). “Lo único que hay que tener bien controlado es que no tengas caries, que tengas una buena higiene y no tengas enfermedad periodontal”, añade.

Sin embargo, algunos de los elementos que hacen la ortodoncia menos recomendable sí son más comunes conforme vamos cumpliendo años. Óscar Castro, presidente del Consejo de Dentistas, apunta que con la edad son menos frecuentes las caries, pero van empezando los problemas en las encías y los tejidos de soporte. “Una de las contraindicaciones directas para hacer un tratamiento de ortodoncia en adulto mayor sería tener una enfermedad periodontal. Si hay poco soporte, cualquier movimiento que efectúen los dientes va a agravar esa enfermedad”, asegura. Sin embargo, insiste en que cada caso es diferente y debe ser siempre un profesional quien haga el diagnóstico. Si no existe ninguna contraindicación (con osteoporosis, por ejemplo, tampoco sería recomendable), la edad no es un factor importante.

Estética y salud

Entre esas personas mayores de 40 años que esperan a ser atendidas por el ortodoncista hay un poco de todo: hay quien no llevó nunca aparato, porque no lo necesitó o porque por razones normalmente económicas no se lo pusieron de pequeño, pero también pacientes con experiencia en el mundo de la ortodoncia.

“Los dientes, sobre todo los inferiores, tienden a apiñarse y amontonarse con la edad, igual que la piel se arruga o el pelo se cae”, explica Juan Carlos Pérez Varela. “Hay pacientes adultos que no tuvieron la oportunidad a hacerse un tratamiento de ortodoncia cuando eran niños o adolescentes y la hacen ahora, y pacientes adultos que ya han llevado un tratamiento de ortodoncia hace x años y se les han movido los dientes. Que te hagas una ortodoncia a los 12 años no significa que los dientes se te vayan a quedar en la misma posición de por vida. El individuo sigue cambiando, la cara va creciendo, los dientes se van apiñando, se van desgastando… En muchos casos, los dientes que estaban bien colocados a los 12, cuando tienes 40 o 50 están descolocados. No es extraño que te hagas una ortodoncia a los 12 y que te tengas que hacer algo a los 50”, señala.

Ese es el caso de Maite Fernández, que a principios de este año, a punto de cumplir los 48, inició un nuevo tratamiento de ortodoncia. Ella había llevado aparato de muy pequeña y lo único que le había provocado habían sido llagas, y luego de adolescente le habían recomendado una cirugía ortognática (corrige la posición del hueso maxilar y de la mandíbula), pero se asustó mucho y no lo hizo. Ahora lleva unos meses con brackets y está muy contenta.

Fue ahora y no antes, dice, por motivos económicos. Primero les puso la ortodoncia a sus dos hijos y, cuando acabó de pagarla, le tocó el turno a ella. La razón principal fue la salud (“notaba que cada vez masticaba peor y se me movían los dientes”), pero también la estética. “Yo tuve muchísimo, muchísimo complejo de pequeña, los dientes han sido mi complejo eterno”, admite. Su dentista es conservadora y le ha dicho que no le quedará una boca perfecta al 100% por la calidad de sus encías y sus dientes, pero sí habrá mejoría. “De seguir forzando la mordida, podría empezar a perder piezas”, explica.

Rocío Barragán, de 46 años, también empezó a usar aparato dental hace tres por razones de salud. De pequeña no lo necesitó, pero a los 28 le sacaron las muelas del juicio y se le empezaron a mover los dientes, hasta el punto de llegar a perder dos piezas. Está ya casi al final del tratamiento y está muy contenta, aunque insiste en que tendría que estar incluido en la sanidad pública. “La salud bucodental es importante”, defiende. Y no es barata: los tratamientos pueden rondar entre los 1500 y los 6000 euros, según la Sociedad Española de Ortodoncia.

Las razones económicas fueron las que hicieron que Maruxa Llamazares, de 46 años, no tuviese ortodoncia de pequeña. “Éramos muchos, no podía ser”, explica. Cuando empezó a trabajar y se lo pudo pagar, a los 28 años, empezó su travesía en el mundo de la ortodoncia. Su problema principal, cuenta, es un colmillo en el paladar. “Ha sido mi pelea hasta el día de hoy”, relata. Cada vez que deja la ortodoncia, el colmillo se vuelve a descolocar, hasta el punto de que su último dentista, con el que está muy satisfecha, le dijo que le gustaban más los dientes imperfectos. Se puso ortodoncia por última vez a los 41 y no sabe si volver a hacerlo. “A veces, en las fotos, me veo el colmillo y lo pienso, aunque sé que es una tontería, que es algo muy superficial. Y ya lo intenté dos veces. No tengo la autoestima tan baja para darle tanta importancia dientes, aunque llegar a este punto me ha costado mi dinerito en el psicólogo también”.

Óscar Castro, del Consejo de Dentistas, comenta que los pacientes adultos que llegan a la consulta, normalmente, “piensan primero en estética”. Sin embargo, la ortodoncia es en realidad un tema de salud y muchas personas que se ponen aparato por primera vez cuando ya son mayores notan una mejora en la calidad de vida que no esperaban. “Tener una buena oclusión es importante. Los dientes tienen que encajar unos con otros para cumplir su función, unos cortar y otros triturar. Los dientes ayudan en la masticación y por tanto en la digestión, y también en la dicción”, asegura el experto. Además, esa mala oclusión (maloclusión en lenguaje técnico) también puede llegar a generar dolores de espalda.

La estética es importante no solo en el resultado final: para muchos pacientes, una sonrisa con brackets es algo poco deseado. Según una encuesta realizada en 2010 entre ortodoncistas del Reino Unido, la principal preocupación de los pacientes adultos era la apariencia del aparato. Juan Carlos Varela, presidente de la SEDO, coincide en que en la actualidad lo que más ponen en pacientes adultos son “brackets estéticos, que casi no se notan, o alineadores transparentes”. Dependiendo del caso, unos son mejores para unas cosas y otros para otras. Con la pandemia, por cómo aumentó nuestra ansiedad y nerviosismo, rechinamos más los dientes y aumentó la demanda de tratamientos de ortodoncia entre adultos, explica. Poder esconder los brackets detrás de una mascarilla también ayudó.

Por su parte, Castro alerta de uno de los problemas que ha traído el bum de la ortodoncia invisible. «Hoy en día, y lo hemos denunciado ante la Agencia Española del Medicamento, hay empresas que a través de campañas muy agresivas, sobre todo en redes sociales, se dirigen a pacientes en general, sin que exista un diagnóstico previo e incluso sin hacer una valoración del estado de la boca. Te encuentras con que los alineadores se los mandan directamente a su casa y es el paciente el que mediante un sistema de autodiagnóstico y autotratamiento se lo hace todo. Si tienen cualquier problema, hacen una fotografía y la mandan supuestamente a una central donde valoran qué problema hay. Lógicamente, eso no es así, los tratamientos no funcionan así. Uno no se opera de apendicitis a sí mismo, es una temeridad porque es un peligro para la salud. Ya no es solo que te puedan agravar el problema, puedes perder piezas”, asegura.

Recomienda siempre acudir a clínicas de confianza, hacer una investigación previa igual que la hacemos para comprar una televisión o un coche y seguir la recomendación del profesional que hace el diagnóstico.

Ninguna de las entrevistadas para este tema tuvo ese problema: todas fueron a sus clínicas, llevan o llevaron brackets —fue lo que les recomendó el dentista como más eficaz al tratarse de una ortodoncia fija— y no les preocupó demasiado el tema estético. De hecho, Maruxa Llamazares cuenta que a alguna gente hasta le gustaba. “Hubo una época que tenía Tinder y a mucha gente le llamaba la atención”, recuerda.

Ninguna de ellas lo dudó y recomiendan a quien se lo esté pensando que, si pueden permitírselo y su dentista se lo recomienda, lo hagan tengan la edad que tengan. “Yo siempre pienso que hasta que uno se muere pueden arreglarse las cosas”, asegura Llamazares. Nunca es tarde para conseguir esa sonrisa quizá no perfecta, pero sí más bonita y, sobre todo, más sana.

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