La alucinante historia de la laca Nelly: de cardar cabezas en los sesenta a impresión 3D en este siglo

De las peluquerías de barrio a los talleres de impresión 3D, la laca Nelly, la 'Elnett' valenciana, cumple 50 años

Desde que se creó en 1972, ha dado forma a los peinados que desafían la fuerza de la gravedad, pero medio siglo después de su nacimiento esta laca de origen valenciano se ha convertido en un producto superventas en un sector insólito, el de las impresoras 3D.

En la ceremonia de los Oscar de 1972, Jane Fonda recogió su estatuilla a mejor actriz por su actuación en la película Klute. Ya no llevaba su melena rubia de Barbarella, sino un corte de pelo a la altura de los hombros, con flequillo y mucho, mucho volumen. La intérprete contó que buscaba proyectar una nueva imagen para su faceta de activista (ese mismo año tuvo lugar su polémico viaje a Hanoi en plena guerra de Vietnam). Por supuesto, el corte de pelo se puso de moda en todo el mundo. Para conseguir ese volumen, no solo hacían falta unas manos habilidosas, también mucha laca. Ya en los sesenta, el famoso bouffant de Jackie Kennedy había acabado con las melenas lacias y democratizado los cardados que aún hoy son característicos de toda gran señora.  Por eso, cuando en ese mismo año 1972 se lanzó en España la laca Nelly, su éxito fue casi inmediato. Hoy en día, medio siglo después de su nacimiento, es para muchos una reliquia cosmética. Sin embargo, en los últimos tiempos ha sido redescubierta por un sector muy alejado del público objetivo de la marca: el de las impresoras 3D, que utilizan este producto fijador durante el proceso de impresión.

Una revolución de la estética capilar

La historia de la laca Nelly se remonta un par de décadas atrás antes de su creación. En 1951 Juan Ramón Belloch, un doctor en química afincado en Valencia fundaba los Laboratorios Belloch con el objetivo de adentrarse en la industria cosmética. Comenzó fabricando otros productos de belleza, pero su apuesta estrella llegó en 1972, cuando la empresa lanzó al mercado la laca Nelly, un producto fijador en formato spray. No existe una explicación oficial acerca de la elección de ese curioso nombre, aunque desde la marca se cree que así se llamaba la tipografía utilizada en el logo. La laca en aerosol como tal se había empezado a comercializar ya en los años 40 en Estados Unidos, de la mano de Chase Productos Company. En España existía también la famosa laca Elnett de L’Oréal Paris, nacida en los años 50 y responsable de mantener perfectos los peinados con los que las actrices de cine desafiaban la ley de la gravedad. Pero en el mercado había sitio de sobra para Nelly. Sin llegar a ser un producto del todo desconocido, el lanzamiento de la laca fue una revolución y muy pronto se convirtió en un imprescindible de las peluquerías y de las mujeres que habían sucumbido a la fiebre del cardado y la melena con volumen. Desde la compañía explican que el cosmético transformó “el concepto de fijación y estética capilar”, siendo un producto con un público fiel que pasó de generación en generación. De abuelas, a madres e hijas. “En los últimos años se ha incrementado su uso por parte del público masculino, quien ha visto en el producto un gran aliado”, puntualizan.

Igual que la vaselina rosa de Gal o el jabón de Heno de Pravia, la laca Nelly forma parte de esa categoría de cosméticos de toda la vida, avalados por décadas de historia y por los usos y costumbres de buena parte de la sociedad. Incluso si nunca hubiéramos oído hablar de Nelly, solo con observar su envase podríamos llegar a la conclusión de que se trata de un producto de dilatada trayectoria. Su exterior apenas se ha modificado a lo largo de los años. Mantiene su característico fondo azul eléctrico y el logo naranja encerrado en un óvalo blanco. Sin duda podría funcionar como atrezo en cualquier capítulo de la serie Cuéntame cómo pasó, da igual la década.

Paradójicamente, la laca, que deja rígido el pelo, fue en su día un símbolo de flexibilidad y libertad.

El liderazgo de la laca Nelly como producto más vendido dentro de su categoría en España fue un reclamo poderoso en sus campañas publicitarias. Nelly aterrizó en la convulsa década de los 70, con un país ávido de libertad que experimentaba un cambio de mentalidad palpable también a simple vista. La moda como herramienta de expresión empezó a perfilar su poder en España y la imagen proyectada hacia el exterior se convirtió en una forma de reforzar esa libertad individual. El público de Nelly era esencialmente femenino, pero ya en la década de los años ochenta se aludía a una mujer independiente. “Siempre tú. Siempre activa. Siempre Nelly”, rezaba un eslogan, donde una mujer vestida con traje de chaqueta y pantalón cargaba con un bolso y varias bolsas después de un día de compras (un pasatiempo convertido en cliché gracias al cine). El anuncio parecía más próximo a una campaña de moda que de belleza, ya que el pelo apenas era protagonista. De esta manera, Nelly evitaba limitarse a promocionar un producto de sobra conocido y apostaba por ensalzar un estilo de vida identificado con una mujer moderna, lista para afrontar el cercano cambio de milenio.

El problema de los aerosoles

A primera vista, la laca Nelly usada por nuestras abuelas es la misma que hoy podemos encontrar en un supermercado. Sin embargo, su formulación sí se ha modificado con el objetivo de acatar la legislación vigente en materia de aerosoles. Durante mucho tiempo, los aerosoles se utilizaron sin medir las consecuencias que podría tener para el medio ambiente el hecho de pulverizar laca, desodorante o cualquier otro producto cosmético en formato spray. “Antaño, los aerosoles estaban compuestos de unos ingredientes que dañaban la capa de ozono, los clorofluorocarbonos (CFCs)”, explica la activista medioambiental y creadora de contenido Carlota Bruna. Y añade: “Desde finales de los años 90, la producción de los CFCs se ha detenido casi por completo, gracias al Protocolo de Montreal, que fue impulsado por el premio Nobel Mario Molina. Alertaba que los CFCs eran un problema ambiental grave y que se tenían que dejar de producir. Casi todos los países del mundo firmaron el Protocolo, por lo que las latas de aerosol modernas son seguras para la capa de ozono. No obstante, no significa que no dañen el medio ambiente en otros aspectos”. Esta modificación en la formulación siempre “va acorde a los cambios de legislación, pero la esencia de la fórmula sigue siendo la misma de siempre”, confirman desde Nelly, marca que forma parte a día de hoy de la Asociación Española de Aerosoles.

Nuevos usos inesperados

Además de incluir a los hombres dentro de su público objetivo, la laca Nelly se ha convertido en un producto súperventas en otro sector muy alejado del mundo de las peluquerías. El de las impresiones en 3D. El taller 3D World especializado en impresiones en tres dimensiones, nos desvela el nuevo uso que se da a este fijador en su comunidad: “La laca Nelly básicamente se utiliza para mejorar la fijación de los proyectos a la plataforma de impresión, se popularizó por su bajo coste y sus buenos resultados de fijación”. En concreto, explican, se emplea en máquinas que usan tecnología FDM (Fabricación por Deposición de Material, es decir la que usan las impresoras 3D que construyen figuras por capas). “En este proceso, usan pegamento para que la primera capa se quede bien adherida para que la pieza no se mueva en la base o cama. La laca hace el efecto de adhesivo necesario y como no es muy cara, la comunidad de makers o aficionados a la impresión 3D corrió la voz de que con la laca Nelly se resolvía la adherencia de la primera capa y miles de usuarios lo emplean a diario”.

Medio siglo de laca Nelly

Este 2022 se cumplen 50 años desde el lanzamiento de Nelly. Medio siglo después continúa siendo el producto más emblemático de la marca, si bien en la actualidad su oferta está mucho más diversificada, con otros productos de styling, coloración y cuidado para el cabello. Incluso tienen una línea infantil de champús y cremas de manos. Como muchos otros laboratorios, durante la pandemia se lanzaron a la fabricación de geles hidroalcohólicos, un giro que les permitió sortear las pérdidas. Según el portal especializado en información de la Comunidad Valenciana, Valencia Plaza, en el primer semestre de 2020, la empresa solo descendió un 5% en sus ventas, respecto al mismo ejercicio del año anterior. No necesitaron realizar ningún ERTE. En la actualidad, la fábrica del laboratorio, situado en el municipio valenciano de Paterna, da trabajo a unas 80 personas. Fuera de nuestras fronteras, tienen presencia en cuarenta países. Cuando el doctor Belloch terminó de formular su famosa laca en 1972 seguro que soñaba con que fuera un éxito. Puede que fantaseara con hacer del producto un icono cosmético, pero lo que jamás pudo imaginar es que el sector de la impresión 3D, inexistente en aquellos años, engrosaría las cuentas de la compañía medio siglo después. Pasado y futuro conviven en un presente donde todavía hay sitio para Nelly.

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