Para ser deportista de élite no se puede parir

Numerosas voces del mundo del deporte piden una ley que acabe con las clausulas de maternidad y otros problemas que afectan a las atletas de élite cuando se embarcan a tener hijos.

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España es el país con menor tasa de natalidad de Europa. Foto: Getty

Cláusulas antiembarazos y problemas para conciliar. La realidad de muchas deportistas en España, el país con la menor tasa de natalidad en Europa, es esa. “Se necesita una Ley del deporte que trate estos temas y no de pie al hecho que ocurre en España”, explica la abogada María José López, especialista en Responsabilidad Social Empresarial y Derecho Deportivo.

Cuando en los Juegos de Río, 2016, Maialen Chourraut salió de su canoa, aguas bravas, prueba de K-1, lo primero que hizo fue buscar a Ane. Cuatro años antes, en los de Londres, ella no estaba. Fue después de aquellos Juegos, los de 2012, cuando Maialen, con 29 años, se planteó tener un hijo. “Y empezaron las dudas sobre cómo conseguir compatibilizar el deporte de élite y esto de ser madre”, confesaba la piragüista el 28 de octubre, en el VII Congreso Internacional de Entrenadores de Aguas Tranquilas y I de Eslalon.

En 2013, sólo un año después de haberse subido al podio de Londres, donde fue bronce, remó embarazada “hasta dos días antes de tener a Ane”. Treinta meses después es Río, y cuando sale de su canoa busca a su hija antes de caminar al podio. Esta vez también lo pisa. Esta vez para escuchar el himno de España. Es campeona olímpica. Y madre también. No es la norma. Casi podría escribirse que es excepción. Lo explica María José López y suena categórica: “El marco normativo del deporte como actividad en el ámbito competitivo no tiene solventado ni la conciliación ni la maternidad”.

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Maialen Chourraut celebrando el oro en los Juegos Olímpicos de Río. Foto: Getty

España es el país con menor tasa de natalidad de Europa, según datos de Eurostat (oficina europea de estadística): 1,34 por mujer. La media es de 1,6. Los picos, Francia, Suecia o Irlanda, 1,8. Eurostat también dibuja en sus números cómo es la mujer madre en España: un 60% de ellas tiene entre 30 y 39 años. En deporte casi es la norma si se decide ser madre. María José López se ha topado con muchas cláusulas antiembarazo. “Yo, como abogada, me las he encontrado en varios contratos de jugadoras de baloncesto”. “Son nulas de pleno derecho”, añade. Por tanto, “ningún club podría utilizarlas como cláusula de rescisión de contrato sin derecho a indemnización”. Sin embargo, pueden surtir efecto del miedo.

Y eso que ejemplos de lo contrario hay. Deportistas que fueron madres, volvieron y siguieron ganando. Kim Clijsters, tenista, se retiró en 2007 (24 años) para intentarlo y volvió en 2009 ganando tres Grand Slam. Jessica Ennis-Hill, campeona olímpica de heptatlón en Londres, había regresado a la competición un año antes, trece meses después de ser madre.

En España, Gemma Mengual, referente de la natación sincronizada, se retiró en 2012 (35 años) y regresó en 2015, madre de dos hijos, para participar en los Juegos de Río. Teresa Perales, nadadora paralímpica, fue madre en 2010 y en Londres, dos años después, se colgaba seis medallas, cuatro en Río. “Pero los miedos no son infundados, son reales”, dice Isabel Macías, atleta, subcampeona de Europa en 1.500 metros de pista cubierta, al altavoz del teléfono mientras prepara el baño a su hijo. Ella fue madre en noviembre de 2017. “Nosotras no tenemos la libertad de serlo cuando queremos”, esgrime. “Nosotras miramos el calendario si este año hay Europeo, el próximo Mundial e intentas que te trastoque lo menos posible, que no coincida con Juegos Olímpicos”. Su trabajo depende de su físico. “Y siempre sientes la incertidumbre”. La deportista se siente sola. Es fácil pensar en abandonar.

Hay que proteger a las mujeres madres del deporte en nuestro país. Y hacerlo desde el compromiso y el respeto hacia su derecho a ser madres y garantizar su derecho al embarazo”, aduce María José López. Para Isabel fueron muy duros los meses después. A la recuperación tras el parto y la conciliación le sumó una operación quirúrgica, una endofibrosis en la arteria ilíaca. “Me dieron el diagnóstico cuando estaba embarazada de muy poco, tres meses”. Dio a luz, después se operó, a una recuperación le siguió otra. “El médico, cuando me abrió vio que el recto anterior no estaba en sitio”. Ella se sentía bien, lo estaba, el reflejo en el espejo se lo decía. “Pero el médico me lo dijo, aún tenía diástasis… aunque yo no lo viera”. La semana pasada se le ha denegado una ayuda (7.500 euros) para deportistas cuando se quedan embarazadas. “No cumplí el requisito porque cuando la solicité ya no era DAN (Deportista de Alto Nivel) a pesar de que estuve pagando mi cuota todo ese tiempo”. El Consejo Superior de Deportes (CSD), presidido por María José Rienda desde el pasado agosto, aseveró el 11 de octubre que este organismo trabaja para dar mayor seguridad a las deportistas que se quedan embarazadas. “Vamos a intentar recogerlo a través del anteproyecto de Ley u otra norma. En el caso de Isabel Macías, vamos a retocar el Real Decreto de Alto Nivel para que pueda mantener la condición de deportista de élite”, añadió.

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Isabel Macías. Foto: Getty

“Se necesita una Ley del deporte que trate estos temas y no de pie al hecho que ocurre en España, que ser madre deportista y pedir conciliación es un problema“, insiste María José López. En estos momentos, el CSD da 3.500 euros a las deportistas por tener hijos. “Estamos en pleno siglo XXI y resulta lamentable que la Ley de Igualdad siga sin vincular al deporte desde su ámbito privado y en relación al derecho de las ciudadanas deportistas a ser madres”, puntualiza. Y expone algo concreto. “En nuestro país resulta extraño y contradictorio cuando un deportista hombre es padre. Todo son parabienes, como es lógico”. Pero todo cambia si se modifica el género, el hombre por mujer. “Si es la deportista la que es madre, además de cuestionar nuestro sistema deportivo ante la falta de apoyos, produce una situación de descoloque de club y Federación”.

Diana Martín, atleta, bronce en los campeonatos de Europa de Zúrich (2014) en 300 metros obstáculos y semifinalista en los Juegos de Londres, fue madre cuando quiso. “Tuve a mi hijo cuando a mí me apetecía”. 2017 decía el calendario cuando dio a luz. Un año después de Río. “Un año de Juegos Olímpicos es prioritario, preferente”. Se suelen aprovechar lesiones para intentarlo. Ser madre no sólo ha cambiado sus “prioridades” también le vino “muy bien” para desconectar. “Ahora he vuelto a la competición tomándomela de otra forma”. Intentando “disfrutarlo”. Y eso que ahora requiere más sacrificio. “Ser madre, trabajar, entrenar”. Habían pasado 15 meses cuando empezó lo último. “Y lo haces encontrándote un cuerpo que no es el tuyo. Tienes menos fuerza, más cadera. Físicamente estás diferente”. “Sientes más molestias, por los cambios que ha habido”, esgrime Isabel Macías.

“No es volver a empezar como cuando vuelves de vacaciones”, apostilla Diana: “Es muy, muy difícil, bastante complicado, volver a la élite”. Pasa un año “hasta que vuelves a entrar en tu vida”. Y tus pantalones. Lindsay Davenport, tenista regresó a la competición un mes después de dar a luz (y ganó dos Grand Slam). Volver cuanto antes se impone, como si urgiera el demostrar que se sigue siendo la misma. “En mi caso, he tenido suerte en mi carrera por rodearme de patrocionadores que son como familia. Han confiado en mí. Ahora tengo de plazo un año más”. Ahora sobre su cabeza, la lactancia, los entrenamientos, la necesidad de descansar sobrevuela una presión añadida: “Si en este año no corro no me van a apoyar más”. Ahora le queda rematar la faena, lograr las marcas, “demostrar que se puede”. Ser madre y no sólo deportista a la vez: seguir en la élite. Esa es la lucha de la ciclista Leire Olaberria.

Bronce en los Juegos de Pekín 2008, campeona de Europa y ganadora de la Copa del Mundo de Omnium (prueba de ciclismo en pista) en junio llevó a los tribunales a la Federación Española de Ciclismo “por discriminación tras ser madre”. “Después de recuperar rápidamente la forma, recibe la primera llamada de la selección. Olaberria solicita al entrenador poder conciliar su condición de ser madre para acudir a una concentración nacional cuando todavía estaba amamantando a su hijo. La propuesta de la Federación fue que ella misma se costease los gastos del vuelo, la estancia de su hijo y persona de apoyo. Pese a la evidente desigualdad, aceptó”, enumeraba en un comunicado la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP). Condiciones que se repitieron para el Europeo de Berlín, inviable económicamente para la ciclista. Renunció y el seleccionador la excluyó alegando “mal comportamiento”. No fue convocada para la Copa del Mundo en Chile. Ella denunció. El Comité de Disciplina de la Federación, integrado por tres abogados y una instructora independientes a la Federación, abrió una investigación, recababó datos y dictaminó que “no hay discriminación por maternidad”. “El Comité resolvió que no había ningún caso de acuerdo a lo estipulado. Para nosotros siempre ha sido un caso deportivo”, insiste el presidente de la Federación, José Luis López Cerrón. Leire denunció ante el Consejo Superior de Deportes, que ha vuelto a fallar a favor de la Federación. María José López, su abogada, seguirá luchando, lo elevará a instancias internacionales.

Y, mientras, si las mujeres españolas son madres ya generalmente tarde, las deportistas lo son aún más. “Si llego a saber todo el proceso, hubiera sido madre antes”, de nuevo la voz de Isabel Macías. “Si lo hubiera sido con 28 años mi recuperación hubiese sido mejor, si alguien me lo hubiese explicado antes”. Que se cambia el chip. Que es un soplo de aire fresco. Aunque cueste volver, entrar un año en tus pantalones. “Y no te plantas a los 36 para tener tu primer hijo. Y vuelves y no sientes que el tiempo apremia, que lo que hay por delante es retirarse si no logras la forma, las marcas, que es la carta que le queda a la baraja, eres más joven, esa baraja es más grande, tienes más tiempo”, dice y su hijo suena de fondo. Su mejor medalla, a pesar de todo. Como la de Diana. La de Leire. La de Maialen.

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