¿Nos hace falta un Ministerio de la Soledad en España?

Si no la elegimos y se impone, a largo plazo puede suponer problemas psicológicos y afectar a nuestra salud. Reino Unido acaba de nombrar a su primera secretaria de Estado en este ámbito.

soledad

La soledad es un problema que preocupa también a los gobiernos. Foto: Getty

Cada vez hay más personas que viven solas en España. Según datos del INE de 2016, 4.638.300 personas habitan sin compañía y este es el tipo de hogar que más aumenta, suponiendo ya el 25,2% del total de hogares.

Algunos gobiernos han empezado a preocuparse por este incremento de  personas que viven en soledad. Es el caso de Reino Unido, donde la cifra alcanza los 9 millones y se ha decidido nombrar a una secretaria de Estado en este ámbito. Tracey Couch luchará contra lo que el gobierno considera una “epidemia social”.

El problema de fondo no son solo las personas jóvenes que lo deciden por voluntad propia y viven hiperconectadas en las redes sociales, sino especialmente ancianos sin apoyo externo. Solo en los primeros cuatro meses del año 2010 en Madrid, más de un centenar de personas murieron en soledad. Sin que nadie se enterase.

Por todas estas razones, ONGs como Cruz Roja Española, Médicos del Mundo o el Teléfono de la Esperanza, han mostrado su preocupación por el incremento de personas que viven solas, y han pedido medidas para disminuir su incidencia. ¿Hasta qué punto la soledad se ha vuelto un problema social?

¿Qué es la soledad?

Tal y como matiza el psicólogo Miguel Ángel Rizaldos, “habría que diferenciar entre la soledad referida a estar solo sin nadie, y el sentimiento de soledad”. Esta última idea es esa sensación de estar solo, aunque se esté rodeado de gente. “También puede ser la combinación de ambas cosas, estás solo y te sientes solo, consideras que no le importas a nadie”.

No se trata solo de una percepción subjetiva, sino que existe una forma real de medir la soledad, gracias a la llamada “Escala de soledad de UCLA”. Se trata de una batería de preguntas que miden hasta qué punto esa persona está sola. Algunas son del estilo de  “¿con qué frecuencia te sientes excluido por los demás?” o “¿con qué frecuencia sientes que no tienes con quién hablar?”.

Como matiza la también psicóloga Tamara de la Rosa, antes de hablar de sus efectos, habría que distinguir la soledad positiva, de la soledad negativa. La primera sirve para “aislarnos voluntaria y ocasionalmente para reflexionar”, ya que todos “deberíamos reservar ciertos momentos de intimidad para uno mismo”, considerando que esa “soledad buscada” no tiene por qué resultar dañina.

Diferente es “una soledad que no elijes intencionadamente, sino que llega por circunstancias de la vida”. Apunta a señales para identificarla como que “nunca te suene el teléfono, que no te entre un whatsapp, un correo o cualquier contacto de un ser querido mostrando interés por ti, o no tener con quién hablar o contar en un momento determinado”. Algo que en su opinión “puede resultar demoledor”.

Efectos de la soledad en la salud

El verdadero problema, como apunta Rizaldos, es que “la soledad y el aislamiento nos conducen con mayor facilidad hacia la falta de salud tanto física, como emocional”. A nivel psicológico, comenta que “la falta de socialización nos puede producir tristeza, angustia, ansiedad, falta de autoestima, desmotivación, apatía y conducirnos hacia la depresión”.

Lo que no todo el mundo sabe es que también existen consecuencias físicas. Como cita el experto, “sabemos que la personas que están y/o se sienten solas pueden tener más bajo el sistema inmunológico, lo que producirá el desarrollo de enfermedades físicas”. En este sentido cita que “un estudio, presentado en 2013 en la Universidad de Ohio, demostró que las personas solitarias producen una mayor cantidad de proteínas vinculadas a la inflamación, que desempeñan un papel significativo en la aparición de enfermedades como la diabetes, la artritis y el Alzheimer”.

Steve Cole, investigador de genómica de la UCLA, explicaba en su momento que el sistema inmunológico de las personas solitarias funciona de manera diferente, produciendo glóbulos blancos más activos , lo que provoca una mayor inflamación, y esto deriva en “mayor riesgo de cáncer, enfermedades neurodegenerativas e infecciones virales”.

No es el único efecto reconocido. Un estudio publicado en Psychosomatic Medicine sobre salud y soledad, también demostraba que las personas solas tenían peor calidad del sueño. Y es que, aunque parezca que es mucho más incómodo dormir dos personas en una misma cama, vivir solo también suponía dormir menos horas, y tardar más en coger el sueño. Y esa falta de sueño también puede asociarse a problemas cardiovasculares o más riesgo de infecciones, entre otras patologías.

¿Por qué estamos más solos?

Al respecto de este aumento de personas que viven en soledad, Tamara de la Rosa aporta que es posible que se deba  “más a un cambio de mentalidad y las circunstancias de cada uno. Muchas veces el ritmo de vida, obligaciones y responsabilidades dan poco margen para tener la vida social que realmente nos gustaría”. Algo que no entiende de géneros, ni de edad, sino del entorno de cada uno. Por ejemplo, “una persona soltera tendrá mayor facilidad para evitar lo que conocemos como ‘soledad negativa’, si el círculo con quien se relaciona, (o parte de él), está en su misma situación”. Algo similar ocurre con las personas mayores, que a veces también pueden crear nuevas dinámicas sociales con semejantes, aunque no siempre cuenten con el apoyo familiar.

Sobre esta misma idea, Miguel Ángel Rizaldos argumenta que también se dan casos de personas que “llegan a la soledad por el miedo al qué dirán, a ser valorados negativamente por los otros”. Es decir, que  paradójicamente podemos llegar a aislarnos “por miedo a que me rechacen y me quede solo, por lo que hay personas que optan por no relacionarse, y acaban solas”.

Finalmente, queda por saber si realmente en nuestro país, donde los lazos sociales y familiares aún son más fuertes e importantes de lo que lo son en otros países, como en el norte de Europa, es necesario realmente tomar medidas como la creación de un Ministerio de la Soledad, o simplemente, hacer por estar un poco más pendientes de los demás. Y es que como apunta Rizaldos, “el problema no es la soledad en sí, si no la dosis de soledad que tienes”.

Así, Tamara de la Rosa concluye que aunque vivamos solos por las diferentes circunstancias de la vida,  es importante recordar que  “relacionarnos y compartir momentos con otras personas, mejora nuestro estado de ánimo, nuestro bienestar personal y ayuda nuestro crecimiento personal”. Así, insiste en que “da igual que seamos personas autónomas e independientes. Las relaciones sociales saludables ayudan a mantener un buen equilibrio emocional”.

No siempre será posible contar con el apoyo familiar, o de una pareja sentimental, pero puede tenerse un círculo social que suponga ese apoyo necesario. “No se trata de tener un millón de amigos. Pero si es importante tenerlos”. Aunque eso sí, en las relaciones, como en todo, “es mejor la calidad que la cantidad”.

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