No caer en ‘monólogos rumiantes’ y otras 7 claves para ser más optimista

Aún en los momentos difíciles, es posible entrenarnos mentalmente para que lo desagradable no nos impida también ver la parte agradable de la vida

Foto: Ami Morales (Mimo)

Solemos catalogar a las personas de pesimistas o de optimistas. Como si naciéramos por definición con una forma de afrontar la vida y ya no hubiera manera de cambiarla. No solo eso, también solemos pensar que ser pesimista es algo así como quedarse siempre con todo lo negativo, mientras que el optimista niega todo lo malo que realmente puede pasar.

La realidad es un poco más compleja que todo eso. “Hay multitud de factores que influyen en la forma que tenemos de ver el mundo. Desde nuestra herencia genética, hasta cada una de las vivencias que hemos tenido en nuestra vida, ejercen una influencia en la percepción de las circunstancias”, explica el psicólogo Jesús Matos.

Teniendo en cuenta esto, ¿es posible cambiar nuestra forma de ver el mundo y ser más optimistas? «Ser positivo es un hábito, igual que lo es ser feliz», afirma por su parte el también psicólogo Xavier Savin. Es decir, que igual que nuestros músculos pueden no estar fortalecidos hasta que decidimos apuntarnos al gimnasio, nuestra mente también puede aprender a ser más positiva si trabajamos en ello.

La siguiente pregunta sería, ¿esto es algo que se puede hacer en cualquier circunstancia? ¿También en las actuales? «Estar siempre positivos nos pondría en riesgo, ya que seríamos incapaces de ver las amenazas», aporta Savin. Sin embargo, la clave está en que «lo desagradable no me impida ver lo agradable».

Estas son algunas de las claves para conseguir ese paso, el de afrontar la realidad, pero sin derrumbarnos al pensar en ella.

Centrarse en el presente y en las pequeñas cosas:

«Ser capaces de atender al aquí y al ahora nos puede ayudar a salir de bucles de pensamientos y preocupaciones que nos generan mucho malestar», aporta Jesús Matos. No obstante, los pensamientos negativos muchas veces se relacionan más con analizar todas nuestras acciones pasadas o con todas las posibilidades negativas que nos puede ofrecer el futuro. Ni las primeras puedan cambiarse, ni las segundas tienen por qué cumplirse.

«Prestar atención al futuro de manera consciente nos permite hacer planes y evitar amenazas, pero hacerlo sin prestar atención suele llevarnos a exagerar todo lo malo que podría ocurrir. Del mismo modo, recordar mirando fotos o hablando acerca del pasado nos permite acceder a recuerdos también con emociones agradables, mientras que, si la imaginación vuela al pasado sin control, se suele instalar en la melancolía», reflexiona por su parte Xavier Savin. Centrarnos en lo que podemos hacer y controlar ahora, siempre parece la mejor opción.

No dejarnos llevar por monólogos rumiantes

Hay psicólogos que hablan de rumiaciones, otros de ese runrún de la cabeza. Se trata de esa idea repetitiva que nos obsesiona, y con la que, sin darnos cuenta, dialogamos todo el rato. Cuanto más dejamos hablar a esa voz en nuestra cabeza, más espacio ocupa. “Para que la voz interior que todos tenemos pierda fuerza hay que tratarla como lo que es. Un producto de nuestra mente”, apunta Matos. Por eso no hay que darle el valor que se da a la voz de la razón, sino a una posibilidad dentro de nuestra imaginación. «Tratamos a esa voz interior como si fuese la verdad absoluta, pese a que la realidad nos confirma día a día lo equivocados que estamos muchas veces con nuestra forma de interpretar el mundo», aclara de nuevo el experto.

Ser más comprensivos con nosotros mismos

Otra de los orígenes de nuestra negatividad es la facilidad que tenemos para juzgarnos. Nos decimos cosas que nunca le diríamos a alguien que apreciamos. Así, sin filtros. Nos pedimos más y nos perdonamos menos. «A menudo somos más exigentes con nosotros mismos de lo que lo seríamos con los demás. En estos casos, plantearnos qué pensaríamos de haber sido otro quien hubiera hecho, nos sirve para racionalizar el pensamiento», aporta Savin.

Esta forma de pensar, al final también nos lleva a caer en el victimismo de «es que yo soy así» en vez de a potenciar nuestra capacidad por aceptar los errores, para mejorarnos. «De nada sirve permanecer anclados en la culpa», remarca el psicólogo, recordando que eso tampoco va a solucionar los errores. “En el caso de actuar mal, hago lo posible por disculparme y reparar el daño cuando esto es posible”.

Hacer algo por los demás para sentir que somos útiles

Tenemos la idea de que para sentirnos bien hay que centrarse en uno mismo, cuando la clave a veces está en cómo enfocamos a los demás. «Realizar actos de amabilidad está relacionado estrechamente con niveles más altos de bienestar», relata Matos a este respecto. «Se trata de algo que podemos incorporar a nuestra vida de una forma sencilla y que tiene efectos muy positivos para nuestra salud mental».

No intoxicarse ni infoxicarse

Hay personas que estos días han decidido reducir las horas que consumen información sobre la situación actual para no intoxicarse de información negativa, o infoxicarse como ahora se dice. Lógicamente, cuando se vive una situación compleja, las noticias suelen ser más negativas que nunca, y eso no ayuda a intentar salir de ese circulo vicioso de pensamientos negativos. Pero claro, de poco sirve no ver los informativos, si pasamos el día conversando con personas que nos recuerdan todo lo malo, todo el rato. Al final los mensajes que nos llegan desde fuera influyen tanto como los que nos lanzamos desde dentro.

Por eso, según Xavier Savin es importante “rodearte de personas con tendencia a no despreciar lo positivo”. Es decir, no se trata de que todos seamos unos happy flowers o de colgar a tu madre si te cuenta que algo malo le ha pasado al vecino, sino de no saturarse y contrarrestrar con personas que también nos recuerden las cosas buenas o nos hagan sentir bien con su compañía, aunque sea al otro lado del teléfono.

Centrarse en lo que sí sabemos pese a la incertidumbre

“Una de las claves para mantener niveles altos de bienestar es centrarnos en cambiar aquello que podemos cambiar. Es decir, controlar aquello que está en nuestra mano.” Continúa aconsejando Jesús Matos. Podemos hacer algo para intentar mantenernos más sanos y activos durante el confinamiento, pero no cambiar nuestra situación laboral. “Este estilo de afrontamiento, nos llevará a experimentar emociones relacionadas con el bienestar y probablemente nos ayudará a mantener una autoestima equilibrada y sana”.

No imponernos ser siempre positivos

Ser optimista no puede traducirse por ser un kamikaze. No es posible pensar que todo saldrá siempre bien, porque entonces nunca preveríamos las posibles consecuencias negativas de nuestros actos, que existir, existen. Nadie tendría seguros de vida, ni se pondría el cinturón de seguridad. Ser positivo significa buscar el lado bueno de las cosas, pero sabiendo que hay cosas que no lo tienen, y que no debemos caer en la desgracia por ello. «Aceptar aquello que no depende de mí y comprometerme con lo que sí, me ayudará a sentir unas emociones mucho más coherentes con la situación actual. Tan malo es exagerar nuestros temores, como lo es descuidar los riesgos», reflexiona Savin.

Mantener una rutina que fomente el bienestar

«Aunque el confinamiento hace difícil mantener diferentes actividades de ocio, tenemos que hacer un esfuerzo por intentar mantener o planificar actividades agradables», apunta el último lugar Jesús Matos. Hay que recordar que realmente existe «una relación casi directa entre el número de actividades agradables que realiza una persona y su nivel de estado de ánimo». Al final, los pensamientos negativos nos desbordan precisamente cuando más tiempo libre tenemos para pensar. Si estamos centrados en algo agradable como hacer deporte, leer, cocinar o ver nuestra serie favorita, es más fácil sentirse mejor.

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