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Mucho más que reciclaje: ¿Pueden tener nuestros cosméticos un ciclo de vida más sostenible? 

Desde la obtención de las materias primas a la reutilización del envase: la investigadora de National Geographic, Lillygol Sedaghat, analiza junto a Garnier las seis etapas de vida de los cosméticos y cómo las marcas deben actuar para minimizar su impacto medioambiental.

Gel, champú, agua micelar, hidratante… Según datos de Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética), tan solo en España, cada persona utiliza entre 7 y 9 cosméticos a diario. Somos conscientes de sus propiedades y, sobre todo, de sus beneficios; pero a menudo olvidamos que nuestras rutinas de belleza también tienen un impacto en el Planeta.

 

“Los productos que compramos tienen una vida propia. Se fabrican, cumplen su función y, cuando los terminamos, los desechamos. Con suerte, para ser reutilizados o reaprovechados. Se llama ciclo de vida y cada etapa de ese ciclo, podría afectar potencialmente nuestro medio ambiente”, advierte Lillygol Sedaghat. La storyteller y exploradora de National Geographic se ha embarcado en una investigación junto a Garnier, la primera marca de belleza natural y cuarta marca de belleza del mundo, para definir las diferentes etapas vitales de un cosmético y la importancia de minimizar la huella ecológica en cada una de ellas.

Este objetivo tan ambicioso forma parte de la iniciativa Green Beauty de Garnier, un compromiso de marca centrado por completo en la sostenibilidad con el que ha transformado cada etapa de su cadena de valor, reduciendo (y mejorando) considerablemente su impacto en el medio ambiente. Desde el origen de las materias primas, con programas de abastecimiento responsable y fórmulas green —el 99% de sus ingredientes son de origen vegano y todos sus cosméticos cuentan con la aprobación de Cruelty Free International, garantía de que no han sido testados en animales—, a envases que reducirán poco a poco la presencia de plásticos en nuestro baño —como discos reutilizables, mascarillas de tejido compostable o champús sólidos—, y cambiarán nuestra forma de entender la belleza.

Porque la cosmética ética y responsable no está solo en manos de los consumidores. Que firmas de belleza reconozcan su responsabilidad medioambiental e inviertan en estos análisis del ciclo de vida —a menudo largos y caros—, es el primer paso para que en el mercado existan opciones más sostenibles. E informar sobre todas las implicaciones que hay tras un cosmético y, en definitiva, su impacto medioambiental y social, es la forma de ayudar a los consumidores a realizar decisiones conscientes e informadas. En concreto, en este camino compartido hacia la green beauty, hay seis etapas que debemos tener en cuenta.

Ingredientes que respeten la biodiversidad

La base de nuestros cosméticos, desde el producto al envase, son las materias primas. ¿Sabemos de dónde proceden o cómo se obtienen? Garnier ha sido una de las firmas cosméticas en analizar exhaustivamente toda su cadena de suministro, estrechando su relación con los proveedores, para conseguir un abastecimiento responsable y garantizar que se utilizan prácticas respetuosas con los trabajadores, los animales y los ecosistemas locales. En México, por ejemplo, trabaja junto a los agricultores de aceite de aloe para impulsar métodos orgánicos que favorezcan la salud del suelo o sistemas de riego, como la irrigación por goteo, para reducir el estrés hídrico. Para paliar la desforestación producida por las explotaciones de cultivos, también colabora con esas comunidades para concienciar sobre la importancia de los bosques y frenar las amenazas a las que se enfrentan.

Porque dar forma a un futuro más green y ético es cosa de todos, en Garnier luchan junto a proveedores, socios, ONGs, consumidores y comunidades para conseguirlo. Uno de esos ejemplos lo encontramos en el programa Abastecimiento Responsable, con el que muchas personas —a menudo en situación de exclusión laboral—, han conseguido acceso a formación y trabajos con salarios y condiciones justas. La firma ha superado con creces su objetivo: si en un principio se habían propuesto apoyar a 1.000 comunidades en 2025, a día de hoy, más de 1.214 se han empoderado a través de este iniciativa. ¿Su nueva marca? Que sean 1.500 comunidades las que reciban ayuda como parte de sus programas de cara a 2025. 

La gestión de las materias primas

La fabricación de un cosmético es compleja, se emplean numerosas materias primas y recursos y, unilateralmente, se producen residuos o emisiones que impactan en el entorno y el cambio climático. Para evitarlo, las marcas internacionales responsables están implementando procedimientos estrictos para minimizar o incluso eliminar la contaminación, incluido el filtrado, la extracción y, en la medida de lo posible, el reciclaje de productos de desecho. Tampoco es necesario crear materias primas desde cero. Tan solo para fabricar un plástico virgen se necesita el 4% de la producción mundial de petróleo y, aproximadamente, otro 4% para el procesamiento de energía. Garnier ha comenzado a reinventar y optimizar sus envases, sustituyendo los plásticos vírgenes. En 2021, el 51 % de sus envases de plástico ya eran reciclables y, de cara a 2025,  la firma se ha comprometido a que el 100 % de sus envases serán reciclables, reciclados o compostables. 

Hacia una fabricación sostenible y neutra

Es el objetivo de las grandes compañías: fabricar de forma eficiente, reduciendo el consumo de energía, agua y, por supuesto, su huella medioambiental. Mucho antes de que la urgencia climática demandara cambios estructurales, Garnier empezó a mejorar el diseño de sus fábricas y a apostar por energías renovables, logrando reducir las emisiones de CO2 un 69 %. Su objetivo es alcanzar la neutralidad en carbono en 2025, aprovechando las tecnologías que mejor se adapten a cada lugar, como la biometanización, los paneles solares, la biomasa o la energía eólica… También el consumo de agua se ha reducido desde 2005 en un 53 %, gracias a fábricas Waterloop, en las que se trata y reciclan cada gota de agua. 

Los kilómetros de un cosmético

“Los champús sólidos son excelentes porque suelen ser pequeños y ligeros, lo que los hace más fáciles de transportar”, señala Lillygol Sedaghat en el reportaje de Garnier, introduciéndonos en el siguiente punto: el viaje que realiza un cosmético desde que sale de la fábrica hasta que llega a nuestro neceser. Casi todos los cargamentos transfronterizos del mundo suelen hacerse en enormes barcos de carga, quemando un combustible que contiene 2000 veces más azufre que el diésel normal; y en EE. UU., aunque los camiones pesados y los autobuses representan solo un 1 % de los vehículos, producen más del 20 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero del país.

En los últimos años, por suerte, la distribución se está volviendo más ecológica, con la combinación de trenes de carga de bajo consumo de combustible y vehículos híbridos para las entregas de último kilómetro. Por su parte, Garnier se ha comprometido a reducir el peso y tamaño de sus envases rediseñando los tapones y botellas, reduciendo el tamaño de los sachets y eliminando capas en ellos. Con estos pequeños cambios –como demuestran sus champús sólidos, mucho más ligeros y compactos– no solo reduce radicalmente el uso de plástico, sino que también mejora su eficiencia a la hora de transportarlos y su huella medioambiental. 

Fórmulas más eficientes

Un coche utiliza aceite y combustible durante toda su vida útil, pero con un diseño eficiente puede reducir tanto el consumo de combustible como la contaminación. Con los cosméticos ocurre lo mismo: no es lo mismo el tiempo y el agua que usamos en una ducha rápida que cuando nos lavamos el pelo, por no hablar de las mascarillas y acondicionadores. Muchas marcas están logrando minimizar este impacto cotidiano con fórmulas más eficientes. Así, los productos de Garnier no solo están formulados para ser más biodegradables y mejores para el medioambiente, sino que han desarrollado una tecnología de rápido aclarado que reduce el tiempo bajo la ducha. En la línea Original Remedies, incluso cuentan con acondicionadores sin aclarado, lo que supone un ahorro de 100 litros de agua caliente por producto. 

En este compromiso de sostenibilidad, Garnier ha analizado cada gesto de nuestro ritual de belleza para encontrar la forma de cuidar nuestra piel sin agredir al medioambiente. ¿Sabíais que cada persona gasta de media 730 algodones al año por retirar el maquillaje con un disco de limpieza de un solo uso? Para ponerle freno a uno de los pasos más contaminantes que realizamos en nuestro día a día, la firma ha lanzado sus primeros Eco-Pads reutilizables: tres discos desmaquillantes de tamaño XL, que permiten hasta 1.000 usos, capaces de atrapar las impurezas en una pasada.

Reducir, reutilizar y reciclar

El reciclaje de un envase, como podemos observar llegados a este punto, es tan solo una pequeña parte de la vida sostenible de un producto. «Y todavía no lo estamos haciendo bien», nos advierte Lillygol Sedaghat, «muy pocas personas están reciclando y la infraestructura para hacerlo es muy reducida». Por eso, en los últimos años, Garnier ha ido lanzando formatos más innovadores y fáciles de reciclar, como los champús sólidos Original Remedies, con un envoltorio «cero plástico», fabricado con 100% cartón certificado FSC; o una nueva generación de tubos de cartón –es el caso de las cremas en gel de Garnier BIO o los nuevos acondicionadores sin aclarado–, que reducen el uso de plástico en un 75 %. Otro ejemplo son sus eco-packs recargables –con un 71% menos de plástico–, con los que podemos rellenar nuestras botellas de champú y seguir alargando su vida útil.

Porque Garnier también ha buscado la forma de convivir con el plástico, apostando por su economía circular, en colaboración con diferentes organismos. La firma lleva varios años uniendo fuerzas con la ONG Ocean Conservancy en la lucha contra el plástico oceánico y la preservación de los ecosistemas marinos; concienciando a consumidores y empleados de todo el mundo de la importancia de proteger la costa y animándolos a recoger los residuos de la playa. Incluso han lanzado las primeras Leches Ecodiseñadas SPF30 y SPF50 con una formulación más respetuosa con la vida marina. Garnier también se ha asociado con Plastics for Change para ayudar a crear un impacto social positivo mientras tratan de combatir la contaminación por plástico. De este modo, han logrado reciclar toneladas de plástico, permitiendo que cerca de 2.473 recolectores de basura, pequeñas empresas de residuos y sus familias recibieran ingresos estables y pudiesen acceder a servicios sociales. Pequeños gestos que no solo reducen su impacto medioambiental, también lo mejoran. ¿Te unes también a la Green Beauty de Garnier?

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