¿Beber mucha agua adelgaza y mejora la piel? Los mitos y verdades del líquido elemento

Pese a la creencia popular, el consumo excesivo puede traer más desventajas que beneficios. Tres expertos nos cuentan las consecuencias de beber poca o demasiada agua.

¿Beber mucha agua adelgaza y mejora la piel? Los mitos y verdades del líquido elemento

El exceso de agua puede tener consecuencias negativas en la piel. Foto: getty

«El agua líquida sigue siendo la sustancia que verdaderamente posee la propiedad de crear la vida». Con esta frase que el científico Mark Miodownik escribe en su libro recién publicado Líquidos. Sustancias deliciosas y peligrosas que fluyen por nuestras vidas (Crítica) se podría resumir la importancia del H2O en su estado fluido. Esta relevancia incluye la necesidad de beber una cantidad adecuada cada día para mantener en buen estado el funcionamiento de nuestros órganos, lo que incluye la piel. Un requerimiento orgánico que ha dado pie a numerosas creencias establecidas en la sociedad (y que se comparten como dogmas).

Dos de las más conocidas establecen que beber mucha agua mejora la calidad de la piel y adelgaza. En época de memes, estos bulos se combaten en redes sociales a través del humor, adoctrinando de forma entretenida sobre las falacias que, a veces, se esconden en la ‘sabiduría popular’.

Los profesionales del sector, expertos en el tema, también opinan de forma similar. Pasarse con el agua podría traer consecuencias nefastas, claro que no tantas como su carencia. Esto es lo que dicen sobre el tema.

Beber mucha agua no mejora la piel…

De hecho, como explica la doctora Paloma Borregón, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), podría resultar contraproducente. «Lo primero que se debe entender es que en nuestra piel, como en todos los tejidos, se necesita un equilibrio entre el agua que hay dentro y fuera de las células. Al encontrar de más en el exterior, los microorganismos succionan la de fuera para equilibrar su cantidad entre la que las rodea y la que contienen».

Al encontrarse empapadas, su funcionamiento decae ligeramente. El cuerpo activa entonces mecanismos para advertir. «Se puede dar la aparición de un edema o notar la piel más hinchada de lo normal», advierte la doctora Borregón.

… pero su ausencia sí la empeora

Eso sí, la profesional de la AEDV señala: «Es peor beber de menos que de más». De nuevo, la explicación viene del equilibrio que persiguen los órganos. «Nuestro organismo tira de todo el agua disponible, incluida la que almacenan las células, por lo que estas pierden líquido y no realizan correctamente sus funciones». La pérdida de uniones entre ellas debilita la barrera cutánea, que se presenta menos firme, menos elástica y más arrugada. «En consulta, lo comprobamos sobre todo en gente mayor, que bebe menos o pierde más agua, pellizcando la piel. Si se arruga mucho, salta la alarma de una posible falta de hidratación».

A esta carencia contribuye también el contacto del órgano más grande con el agua que, al contrario de lo que se pueda pensar, no mejora su calidad. «Sobre la piel, irrita y reseca al llevarse la capa de lípidos protectora. Por eso los expertos insistimos en no lavarla de más», dice la doctora Borregón. Y recomienda la mejor forma de reducir su impacto: «La temperatura adecuada es templada tirando a fresca, pues la caliente dilata los capilares y fomenta rojeces y varices, mientras la fría los cierra y limita la llegada de oxígeno a la piel. Eso sí, terminar la ducha con un chorro de agua fría, no muy prolongado, activa la circulación».

¿La forma de mejorar la hidratación cuando la ingesta de agua deja de funcionar? La cosmética. Borregón aclara: «Debemos entender la piel como una barrera formada por agua y lípidos. Estos son los que realmente la hidratan, y cuidarlos con cremas mejorará el cutis».

Consumir mucha agua no ayuda a adelgazar

Ni consumirla templada, o con limón. «El agua se elimina por el riñón y se orina, por lo que no adelgaza», afirma rotunda la doctora Enriqueta Alomar Serrallach, de la Dirección Médica, Consultas de Hematología y Medicina General de la Policlínica Sagasta. ¿Y por qué se recomienda en algunas dietas? La doctora Alomar responde: «Al llenar el estómago, quita la sensación de hambre». Sin embargo, su exceso puede conllevar consecuencias no deseadas. Las desgrana la doctora Alomar: «Se pierden elementos como el sodio de forma excesiva, lo que puede dar lugar a mareos, náuseas o temblores en personas sanas». En personas con enfermedades cardiacas o renales, las adversidades empeoran. «No eliminan bien el agua que sobra y pueden engordar o tener las extremidades embotadas. Por eso la tienen muy restringida».

Que el líquido en grandes cantidades esté muy frío aumenta las posibilidades de sufrir un cuadro vagal, que puede llegar a la pérdida de conocimiento.»Sucede por dilatación del estómago y cambio brusco de temperatura», explica la experta en hematología. El hecho de acudir más al baño también puede acabar en problemas mecánicos, pues la vejiga trabaja de más.

Indicios de un problema de hidratación

Precisamente la orina es uno de los principales indicadores sobre si se está consumiendo poca o demasiada agua. «Si sale muy oscura, quiere decir que los elementos están muy concentrados y poco disueltos, nos falta agua. Si, por el contrario, se transparenta demasiado, el organismo está echando el agua que le sobra», dice la doctora Alomar. La frecuencia normal, desvela, es de acudir entre 5 y 7 veces al día. «Un número muy inferior o muy superior a esta frecuencia debería preocuparnos.

La falta de agua provoca, en una persona sana, síntomas similares a su exceso: dolores de cabeza, náuseas, sequedad… La doctora Alomar relaja: «Por suerte, el cuerpo dispone de un signo muy importante de alarma: la sed».

Una hidratación no adecuada afecta de igual modo al sueño. El doctor Raúl Quevedo-Blasco, profesor de la Facultad de Psicología e investigador del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada, aporta las claves para darnos cuenta. «Si hay déficit y la persona se acuesta con sensación de sed, se tendrá que levantar entre una y dos veces para beber agua. Por el contrario, si se bebe mucho antes de dormir, se deberá levantar para ir al baño». De nada sirve la hormona antidiurética que el cuerpo segrega por la noche para no interrumpir el sueño. «Se reduce el efecto al contar con un exceso que el cuerpo apremia eliminar».

La recomendación: ingesta suficiente y homogénea

Sobre las cifras y momentos para hidratarse, los expertos consultados coinciden. «Se deben consumir en torno a dos litros de agua, siempre en función del sexo y la actividad que realice la persona, pues si se realiza mucho ejercicio puede sudar hasta dos litros y pedir más», explica la doctora Alomar. Este consumo incluye los alimentos, que también contienen agua. «Los caldos, la leche, la fruta o los yogures son agua disimulada». Y añade. «Los doctores pedimos que se aumente la ingesta cuando hay una piedra en el riñón para que aumente la diuresis y se elimine por la orina sin necesidad de operar. También en caso de infección de orina, porque ayuda al medicamento».

Para que no afecte al sueño, si se llega al final del día con una sensación alta de sed, el doctor Quevedo prefiere que se tome al menos dos horas antes de irse a la cama. «Así se expulsa antes de dormir. Aunque se puede beber un poco antes de echarse». Lo ideal, incide, es hidratarse de forma homogénea. «Así se mantendrán unas condiciones óptimas durante todo el día».

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