Melenas de caramelo

Se acabaron las medias tintas. La última tendencia es pasar de los reflejos, mechones o puntas empapadas de colores fuertes al tono monoblock en todo el pelo. ¿Una opción solo para las más lanzadas?

Katy Perry

Japón, pionero. Lleva años apuntando maneras. El teñido estrafalario quiere erigirse en tendencia desde hace casi un década. Concretamente, desde que Scarlett Johansson se asomó a la pantalla con su peluca rosa en Lost in Translation (2003). Y mucho antes. Amantes del manga y visitantes habituales de las calles de Tokio lo atestiguan. En Japón ya era lo más antes de que siquiera lo soñara Tavi Gevinson en los suburbios de Chicago.

PELO DE COLORES: SIGUIENTE NIVEL

En los últimos meses ha explotado en las pasarelas, en los barrios más cool de Manhattan y en las alfombras rojas. Y no en postizos, sino en tintes reales. En forma de mechones, de puntas empapadas en pigmentos, de melenas con auténticos arcoíris de neón… Ya no son excéntricas como Lady Gaga, Rihanna o Katy Perry las que se atreven con el cabello de colores. Hasta a (¿las discretas?) Kate Bosworth y Rachel McAdams se les han visto mechas rosas. Pero a la tendencia le toca hacerse adulta. Es el momento de cruzar la línea que separa el azul teleñeco del pastel sólido y refinado; del cabello engrosado por el pigmento extremo a la soltura de un rosa suave con el brillo y la textura de un rubio cuidado.

INELUDIBLE: EL LIENZO EN BLANCO

Lograr estos tonos no es sencillo. La dificultad está en las fórmulas, apunta Juan Belmonte, del salón de peluquería Juan, por Dios! Él las elabora personalizadas a partir de los tintes normales que usa habitualmente. Pero también hay complicación en el proceso. Porque es imposible pasar del castaño medio típico español al azul bebé sin comprometerse con la decoloración. «Es obligatorio despigmentar completamente el cabello. Antes de teñirlo en estos tonos se tiene que llegar al blanco platino porque se necesita una base plana; si no, el color no aparece al teñir», apunta Jana Vecina, colorista de Camille Albane. Y, en función del color del que se parta inicialmente, para llegar a este blanco, pueden hacer falta hasta cuatro decoloraciones. David Lorente, propietario del salón madrileño del mismo nombre, lo compara con una pared: «Si antes estaba pintada de negro, no queda más remedio que dar muchas capas de blanco para borrarlo».

¿Y QUÉ OPINA EL PELO DE TODO ESTO?

La mala noticia es que la decoloración tiene un precio, y no solo pecuniario –«si hay que repetirla muchas veces, puede llegar a los 500 euros», señala Lorente–. El cabello sufre un daño considerable. Eliminar el color natural del pelo supone una agresión química que abre la cutícula y vuelve la fibra más porosa. Ese camino se recorre, precisamente, para que el cabello coja adecuadamente el pigmento que se va a aplicar después, cuando se haga el teñido pastel. «Pero también lo vuelve más quebradizo», coinciden Lorente, Vecina y Belmonte. Esa porosidad extra también es la culpable de que este tipo de coloraciones apenas duren tres semanas. «El cabello no retiene bien el pigmento y los lavados lo arrastran enseguida», explica Jana Vecina. Para retenerlo, lo ideal es hacer la limpieza con productos específicos porque, como explica Belén Nieto, experta en Formación de L’Oréal Professionnel, «están formulados para crear una película que cierra la cutícula y evita que el agua se lleve el color». Lo curioso es que cuando el tinte en tonos pastel se aplica por segunda vez, unas semanas después, la duración se multiplica. «Es por la acumulación de pigmento», explica Juan Belmonte.
 
EL DAÑO TIENE VUELTA ATRÁS

En realidad, la intensidad del deterioro depende del color del que se parta. Si el origen es un castaño oscuro o un negro, el proceso es inevitablemente agresivo porque hay que rebajar hasta 10 tonos el color del cabello. David Lorente lo desaconseja, «sobre todo si se trata de un capricho pasajero». A las morenas les recomienda paciencia. «Se puede hacer una reducción de tonalidades a lo largo de varios meses». Si se parte de un rubio, solo hay que rebajar tres o cuatro tonos y a veces basta con un superaclarado, que es ligeramente menos dañino», añade Belén Nieto. ¿Y después? «Un tratamiento reestructurante y sellador», recomiendan Belmonte, Vecina y Lorente.

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