Las pecas por fin encuentran su sitio

Tenerlas es un bien estético que muchos envidian. La exaltación de la belleza inclusiva las encumbra y abre un mercado específico para sus cuidados.

Las pecas por fin encuentran su sitio

No nacen, se hacen. Aunque dependen de un factor genético, no resurgen hasta que no se da exposición al sol. Foto: daniel scheel. Realización: Francesca Rinciari

Cuando el fotógrafo inglés Brock Elbank comenzó Freckles (Pecas) en 2012 –un proyecto en el que viajó por el mundo y capturó los rostros de 150 personas llenos de pecas, que acabó exponiendo entre 2015 y 2016–, los lienzos moteados no eran todavía considerados como dignos de presumir. «Me resulta interesante que la mayoría de las fotografiadas han mantenido una relación complicada con sus pecas desde la infancia, pasando del odio a la aceptación o incluso a encantarles», confesaba Elbank al portal Bored Panda. Al contrario que los lunares, que se habían erigido como característica atractiva (Marilyn Monroe ya coqueteaba con el suyo sobre el labio en los años sesenta), las pecas desaparecían ya fuese a brochazos o mediante la magia de Photoshop en pasarelas y revistas. El head booker de la división de mujeres de la agencia Traffic Models, Yanis Mouratidis, aseguraba a principios de 2016 que «las pecas pueden ser muy bellas, pero en la industria del modelling, muchas en la cara pueden suponer un problema». Ahora, el panorama parece haber dado un vuelco. «La moda en todos los aspectos ya se está haciendo más inclusiva, intentando abrirse y dar espacio a todo lo que antes se consideraba raro o fuera del canon», opina Mouratidis, que sitúa el punto de inflexión tres años atrás. Los rostros hiperpigmentados no son ya una excepción en el sector: Carissa Pinkston debutó en el desfile primavera-verano 2019 de Marc Jacobs; Maeva Giani Marshall (cuya hiperpigmentación se debe a complicaciones médicas que le sobrevinieron tres años atrás) ha modelado para Zadig & Voltaire, Jacquemus y Jil Sander; y Adwoa Aboah se alzó con el premio Modelo del año en los British Fashion Awards 2017. «Cada vez se valora más la individualidad y la naturalidad, forman parte de la aceptación y empoderamiento que desde hace unas temporadas se intenta transmitir», considera Gato, maquillador oficial de Maybelline. «En lugar de transformar, se pretende potenciar esos rasgos que nos hacen especiales y únicos».

En los últimos meses, esta nueva concepción respecto a las pecas ha llegado a la calle, y profesionales estéticos y editoras de moda apuntan a una responsable clara: Meghan Markle. Para los expertos, la naturalidad con la que la duquesa de Sussex luce las suyas, unida a la sobrexposición a la que se ha visto sometida tras su ingreso en la realeza (la antes actriz tampoco las ocultaba durante su carrera en la pantalla), no solo ha normalizado su presencia, sino que la ha transformado en tendencia. Celebridades como Kylie Jenner, Kesha o Emma Stone se han subido al carro y han compartido en redes sociales fotos en las que las muestran orgullosas; en Instagram, el hashtag #freckles aglutina 3,8 millones de publicaciones a fecha del cierre de esta edición. En esta aplicación y en otras como Snapchat han surgido filtros que permiten a sus usuarios mostrar a amigos y seguidores cómo sería su cara si contasen con pecas; y en la red existen millones de páginas (entre vídeos, blogs y entradas de revistas) que dan consejos sobre cómo cuidar, mantener en buen estado o maquillar pieles pecosas.

Bañador de Pull&Bear (c. p. v.). Foto: daniel scheel

Toques de cariño

Para saber cómo mimarlas, primero se debe conocer qué son exactamente. «Las pecas, también llamadas efélides (término médico), son manchas de color marrón claro o rojizo, de pequeño tamaño (menos de medio centímetro de diámetro) que se localizan en zonas expuestas a la luz del sol, como dorso de nariz, mejillas, frente, brazos y escote, en personas genéticamente predispuestas, la mayoría con la piel clara y que se queman con facilidad», explica la doctora Elia Roó, dermatóloga miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). «Comienzan en la niñez y su número aumenta con la edad; suelen desaparecer en invierno. Se deben a una mayor producción de melanina en zonas localizadas por los melanocitos, células productoras de pigmento». Leticia Carrera, directora del centro Felicidad Carrera, aclara por qué unas personas son propensas, mientras otras no. «La melanina de las pieles pecosas se llama feomelanina y protege menos de la radiación UV, haciendo que se broncee de forma irregular, al contrario que la eumelanina».

En resumen, se trata de una forma de hiperpigmentación. «Y por tanto, debemos cuidarlas y tratarlas como hacemos con las manchas», aconseja Hemely Varela, directora de formación de Darphin España. Las recomendaciones de las tres expertas consultadas coinciden: como todas las pieles, se deben hidratar a diario y utilizar pantallas solares con una protección SPF50 durante todo el año en las áreas expuestas para evitar la aparición de más pecas o que aumenten de tamaño. «Los cosméticos con ingredientes antioxidantes –como la vitamina C, la E o la coenzima Q10– funcionan como filtros biológicos frente a la luz solar», añade Carrera. Roó, además, sugiere que se elijan fotoprotectores de amplio espectro frente a las radiaciones ultravioletas A y B. «También se debe prevenir de cualquier lesión con ropa y gafas adecuadas, así como visitar al dermatólogo al menos una vez al año: la presencia de múltiples pecas en hombros y espalda se asocia con una mayor radiación y por ello se deben valorar las lesiones pigmentadas», incide.

A medida que pasa el tiempo, el número de pecas se puede reducir, siendo más abundantes en la infancia. Bañador de Etam (c. p. v.). E Foto: daniel scheel

Ahora bien, si el exceso de sol ya se ha producido y las pecas han aumentado en número o diámetro, productos y protocolos ofrecen soluciones para mitigar los estragos. Roó aclara que, al ser benignas, no necesitan tratamiento ni ser eliminadas. «En el caso de que se desee, se puede aplicar cremas despigmentantes o realizar peelings químicos, tratamientos con láser selectivo de pigmento o luz pulsada intensa». Carrera recomienda el último para «aclararlas o eliminar aquellas que han crecido y ya no favorecen tanto». En su clínica disponen de Ellipse, de origen danés. «Se trata de disparos de luz visible que destruyen los cúmulos de melanina y unifican el tono de la piel sin dañar los tejidos circundantes. Se necesitan entre tres y cinco sesiones, aunque con una, la mejoría ya es muy visible».

En cuanto al maquillaje, la clave para no esconder las motas de la piel está en los productos que se utilicen. «Se deben evitar texturas con una composición alta en polvo y pigmento, así como los productos de cobertura media o alta», apunta la maquilladora Lidia Yélamos. «Se puede optar por jugar con coberturas medias en zonas muy concretas a corregir y utilizar productos menos cubrientes en las áreas donde se encuentren las pecas», asegura. Luego, si se precisa, las remarca con diferentes tamaños de pinceles y maquillaje al alcohol, diluyendo la composición del pigmento. «Se eleva el tono de la propia peca y no se pierde; el trabajo es minucioso, pero el resultado merece la pena». Por su parte, Gato también se inclina por bases ligeras, «siempre con SPF: estas pieles son propensas a que salgan manchas». Para no renunciar a cubrir imperfecciones, el corrector es su aliado. «Lo aplico no solo en las ojeras, sino en cualquier rojez o marca para poder atenuarlas sin necesidad de bases pesadas que borrarían o darían un tono grisáceo apagado a las pecas». Baltasar González, national makeup artistry de MAC Cosmetics, confiesa que apenas usa base de maquillaje en este tipo de pieles, evitando por completo las áreas pecosas, que deja limpias. Si se va a exponer al sol, todos recomiendan usar un fotoprotector de alto espectro como primer paso, incluso alguno con color.

Bañador de Pull&Bear (c. p. v.). Foto: daniel scheel

A por el trampantojo

Con la nueva tendencia, y no conformes con imaginar sus caras salpicadas de pecas gracias a las herramientas digitales, muchas son las personas que buscan dibujarlas sobre su rostro. Una rápida búsqueda en Google sobre cómo falsearlas suma, en inglés, 13,8 millones de resultados, a la zaga de su opuesto, cómo ocultarlas, que roza los 17 millones. En su videoclip Fetish, de 2017, la cantante Selena Gomez presumía de pecas artificiales sobre su nariz. «Rejuvenecen, están asociadas culturalmente a una imagen infantil», cree Gato. «Por otro lado, sirven para devolver frescura a un rostro que precisa de mucho fondo de maquillaje para cubrir imperfecciones: al pintarlas, se consigue la ilusión óptica de que la piel está tan ligera de producto que se dejan entrever las pequitas naturales».

En cuanto al make up, existen muchas opciones para lograrlas. Lidia Yélamos se decanta por el maquillaje al alcohol isopropílico, un producto de uso frecuente en el color para efectos especiales. «Elijo pigmentos en tonos marrones, negros y verdes que solo se activan con el alcohol», explica. «Vaporizo el compuesto, mezclo las tonalidades con un cepillo de dientes y, con el mismo, coloco las pecas a ligeros toques. Tiene mayor durabilidad que otros cosméticos». Gato prefiere los tintes semipermanentes de cejas. «Intento que estén lo más desordenadas posibles, concentrando mayor cantidad en el caballete y la punta de la nariz y disminuyendo según me aproximo a las mejillas, y termino con alguna suelta en frente, mandíbula e, incluso, párpado. Además, su tamaño y forma deben variar, así como el color». Baltasar González suele recurrir a un corrector de larga duración oscuro. «Con un pincel fino para ojos punteo con diferentes presiones, prestando atención a que no tengan el mismo grosor. Una vez aplicadas, presiono con los dedos para desvanecer algunas y dejar otras más intensas, proporcionando mayor realismo. También se pueden usar lápices de cejas o de ojos en tonos marrones, pero siempre se debe procurar que las fórmulas sean de larga duración para no eliminarlas por accidente».

Fineliners de MARC JACOBS (22,55 €/c. u.), No Foundation Foundation Sérum de PERRICONE MD (c. p. v.), crema aceite de rosa de DARPHIN (50 €), Hydra Beauty Camellia Water Cream de CHANEL (54 €), stick solar de LA BIOSTHÉTIQUE (18 €) y FotoUltra Age Repair de ISDIN (27,55 €). En la pág. anterior, velo en polvo Blur Expert de SISLEY (74,50 €). Foto: daniel scheel

Además, la micropigmentación da respuesta a esta nueva demanda. Bajo el nombre de freckling, los centros ‘tatúan’ en los clientes estas motas, a gusto del consumidor. David Saiz, gerente del centro MicroStetic, lo explica: «Para llevarlo a cabo, nos servimos de pigmentos puros acordes con la tonalidad corporal que simulen la peca. Estos se implantan entre las capas de la epidermis, y su profundidad depende del objetivo: no es la misma para una peca que para unas cejas (microblading)». El proceso, que algunos dermatólogos se apresuraron a criticar cuando salió, no conllevaría, a priori, ningún riesgo si se deja en manos de profesionales. «Los problemas pueden venir por alergia a la tinta empleada, cubrir lesiones pigmentadas previas que no podrían desde entonces valorarse de forma correcta o un mal resultado estético», aclara Elia Roó, de la AEDV. «Antes de comenzar, se realiza una prueba de alergia», tranquiliza Saiz, y enumera en qué otros casos no se debería aplicar el tratamiento: «En personas con afecciones cutáneas (psoriasis, herpes, hematomas…) o con hepatitis, en pacientes de quimioterapia o en embarazadas, el proceso podría provocar efectos directos o secundarios sobre la piel». Para un resultado satisfactorio, el cliente debe tomar una serie de medidas antes y después del tratamiento, como no consumir vasodilatadores (café, alcohol, refrescos…) 24 horas antes, no utilizar cremas analgésicas para el proceso y no exponerse al sol o a aguas cloradas la primera semana después de la pigmentación, esto es, durante la cicatrización. «Si no se siguen estas recomendaciones, se asume el riesgo de que el pigmento no se fije correctamente», advierte Saiz. Aunque las primeras horas se marcan demasiado, el primer día baja la leve inflamación y con el paso del tiempo se confunden con las naturales. «Al final, parecen resultado del sol o la genética».

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