La leyenda del autobronceador que dejaba naranja

Claves para conseguir una piel dorada sin sol y no parecer la prima veraneante de Naranjito.

En una galaxia no tan lejana hubo tiempos en los que aplicarse autobronceador era un billete seguro a convertirse en la prima humana de Naranjito. Los horrores fueron tan espantosos que hasta en Facebook hay un grupo llamado “Ah! ¿Es bronceado? Creí que te habían atacado un montón de subrayadores naranjas” con 75.555 seguidores, que vaya usted a saber cuántos no habrán sido víctimas de anaranjamiento voluntario. Esta verdad incuestionable se agravaba encima porque entre los 90 y los primeros años de esta década lo que molaba era el moreno intenso. Llámenlo moreno marbellí al estilo de Gunilla Von Bismark, rollito Donatella Versace o, sí, hagan memoria, la mismísima Victoria Beckham en sus albores como estrella creadora de tendencias que nunca sonrió, pero sí alumbró al mundo con su bronceado impertérrito a base de ducha de DHA. Aquello era estar morena o no estar. Y entre eso y que los autobronceadores como quien dice andaban en su versión beta el mundo occidental se llenó de ciudadanos anaranjados. De ahí la leyenda…

Afortunadamente los gustos han cambiado. Ahora mola el 'pale fashion tan' también conocido como 'au-tan' (autumn tan, o sea, bronceado de otoño). En román paladino: un sutil bronceado como de haber salido a dar un paseo una soleada mañana de octubre. Porque ponerse como un tizón, bajo el sol o embadurnada en autobronceador, ya no se lleva. Hasta las marcas comerciales han cambiado su discurso. “Un tratamiento autobronceador para el rostro que ofrece el bronceado característico de varios días al aire libre, de los paseos al sol por la orilla del mar o la montaña”, prometen desde Chanel con Soleil Identité. Solo Lindsay Lohan parece no haberse enterado y aún se pasea pasearse por saraos y juzgados subida de bronceado y hasta con desconchones en las pantorrillas. Por su parte los laboratorios cosméticos se han puesto la pila para que el bronceado, aunque sea de palo, resulte tostadito y no color aquel horrible color zanahoria que dejaban los productos elaborados solo a base de DHA (la sustancia que anima a los aminoácidos de la piel a cambiar de color y que los deja naranjas). “Ahora los autobronceadores son progresivos y van cogiendo el tono poco a poco. Al DHA se añade eritrulosa para brindar ese color de un primer tono bronceado natural perfecto”, confiesa María José Rioja, formadora de Clarins. Ahí está la clave: el DHA es de acción rápida pero deja un tono amarillo-anaranjado mientras que la eritrulosa tarda en 24 horas en colorear la piel, pero, a cambio, deja un tono más homogéneo, duradero, que se diluye también gradualmente y no a desconchones y, afortunadamente, de un marrón-rojizo.

Pero aún hay más. A la hora de elegir un autobronceador hay que valorar cuánta paciencia tenemos para esperar a que suba el color. Están los de toda la vida, los que tardan unas ocho horas en mostrar el color definitivo. Suelen llevar la coletilla “express” o “quick” (como el Brilliant Bronze Quick Self-Tanning Gel de Shiseido) Si se ha utilizado uno de tono intenso y todo va bien estaremos morenazas en unas horas. Si se aplica mal la catástrofe estará servida: piel con demarcaciones que durará entre dos y ocho días, según la velocidad a la que renovemos la piel.

En casos de desastre calamitoso exfoliar como si no hubiera un mañana puede mitigar el efecto piel de plum-cake de vainilla y chocolate. Aunque es verdad que las formulaciones cada vez más afinan para evitar las temidas demarcaciones por falta de maña. “El ph ideal para que un autobronceador quede luminoso, natural y sin marcas es en torno al 5.5. Los autobronceadores como Huile Somptueuse de Dior ajustan el ph de la piel a ese valor para evitar el tono anaranjado y las demarcaciones”, señala Sara Ruiz, directora de Formación de Dior España.

Dentro autobronceador

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Cordon Press

Los autobronceadores progresivos actúan poco a poco. Vienen a ser cremas de tratamiento – hidratante, antiarrugas, aftersun… – con algo de autobronceador. Golden Perfection Self-Tanning Milk for Body de Estée Lauder o el Autobronceador Hidratante de Skin Minerals de Giorgio Armani para hombre son algunos de estos productos. El tono va subiendo a medida que aumentan las aplicaciones, igual que si cada día pasáramos un rato en el solarium. Y si mantener el falso moreno depende de cuánto tarden nuestras células bronceadas en caerse y ceder paso a otras inmaculadas solo falta que, como es el caso de Système Corps – Hâle Progressif Hydratant de Decléor, con extracto de bulbo de narciso, se ralentice el proceso de renovación celular. O, como pretende la Loción Aftersun con Autobronceador de Les Cosmetiques, se potencie el tono real de un bronceado de sol con otro de postín para evitar un exceso de exposición al sol.

Para quienes recelan de las sorpresas y van a lo seguro, quedan las cremas con color, autobronceadoras o no. Vienen a ser como maquillaje pero valen para todo el cuerpo. Sin sobresaltos: el color que queda al aplicarlos, es el definitivo y duran hasta que nos duchamos. “Es un bronceado natural instantáneo sin sol”, comentan desde Lancaster. En esta línea sus laboratorios han desarrollado dos productos: “Bronzing Beauty, que aporta un color gradual natural e Infinite Bronze, que da un color más intenso y con suaves pigmentos dorados”. Morenas en un periquete, sin arrugas, sin sudar, sin pisar la playa ni la piscina. Un engaño o un beauty tip, según se mire. Porque, no nos hagamos cruces: este tipo de productos son los responsables del saludable bronceado de la mayoría de las modelos que aparecen en los editoriales de moda. Se aplican en un pispás y sin suspense acerca del color final.

Bastante nos engañaron con que el bronceado de Gisèle Bündchen era por jugar al voley en las playas de Brasil. Claro, que igual que nos la colaron con bronceados playeros que no lo eran también nosotras podemos jugar a aparentar que hemos pasado el fin de semana en la montaña y no limpiando el trastero. ¿Un ligero moreno en las mejillas y en la punta de la nariz? “Sonríe, aplícatelo en la parte superior de los pómulos y extiéndelo hacia las sienes para conseguir un brillo natural”, reza un truco del Infinite Bronze.

Sea cual sea la textura elegida y la velocidad de aparición del bronceado exfoliar e hidratar bien antes nos prepara la piel para estar más receptiva y evita que a los dos días se nos cuartee el bronceado. Un tratamiento de choque a base de manteca de karité, ácido hialurónico y hasta polifenoles de uva tinta como Vid Divine de Esdor en los días previos puede evitar el efecto “piel de lagarto”, sobre todo, en las piernas. Y atención a los codos y rodillas, con una piel habitualmente más seca y donde el autobronceador tiende a atrincherarse dejando zonas muy oscuras. En el mercado existen productos específicos para esas zonas de conflicto como Xpert Régénérateur de Singuladerm para pieles muy secas. Merecen la pena y nos ahorran disgutos.

En la lista de deseos casi todas las usuarias – y usuarios – de autobronceadores piden que no apesten a autobronceador a cien metros, petición que parece cumplida. También se ha mejorado mucho en cuanto a la absorción. En las épocas del autobronceador naranja te podías tirar un cuarto de hora en cueros esperando a que la piel lo absorbiera, sin rozarte con nada no fuera que quedara ronchón. Ahora se absorben en cuestión de minutos o, incluso, “al instante, con lo que te puedes vestir inmediatamente”, sentencia María José Rioja con respecto al Eau Lactée de Clarins. Sesenta segundos es lo que se recomienda esperar para el Self Tan Classic Bronzing Mousse de Saint-Tropez. Falta que no manchen. Ya manchan menos que hace años, pero manchan. Mejor evitar la ropa blanca, sobre todo, nada más aplicarlo. O, al menos, dárselo por la noche y vestirse después de una ducha matutina. Y, por supuesto, nada de sábanas blancas.
 

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