La gran duda de internet: ¿si tonteas con alguien eres infiel?

Una de las dudas más buscadas en Google. Aunque algunos lo ven como ‘traición mental’, muchos opinan que es una sana manera de ejercitar el músculo del deseo. Todo depende de cómo, dónde y cuándo.

tontear por internet

Una de las búsquedas más frecuentes de Google es saber si el 'tonteo' se considera engaño. Foto: Cordon Press

De acuerdo con Google Trends, una cuestión que preocupa a la humanidad, dada la cantidad de preguntas al respecto, es la duda existencial de si flirtear es engañar o no a la pareja. A veces me sorprende el nivel de inocencia de muchos, sobre todo en cuestión de relaciones sentimentales, cuando los cuchillos vuelan en otros ámbitos de la vida como el político, económico o laboral. Es como si en medio de un bombardeo alguien preguntara si está permitido eructar.

Pero puesto que esta cuestión quita el sueño a muchos, hay ya expertos en la materia que teorizan sobre esta afición que, a veces, es difícil diferenciar de la tendencia a querer agradar a todo el mundo. Desde pequeños nos inculcan que sonreír y ser amables es nuestra mejor tarjeta de presentación. Luego, muchos descubren que esta regla lleva una excepción: siempre y cuando tu pareja no esté delante.

David Dryden Henningsen, profesor de la Northen Illinois University, en EEUU, sostiene que flirtear no siempre tiene una motivación sexual y distingue cuatro razones, a parte de la erótica, para llevar a cabo este comportamiento. Como divertimento, cuando las dos partes entran en el juego pero saben que éste no tiene ningún fin más allá de pasar el rato. Como forma de elogio o de masajear el ego de nuestro interlocutor, al mismo tiempo que nos hacen lo mismo con el propio, “los hombres y las mujeres se enzarzan en el flirteo porque es agradable y les hace sentirse atractivos. Es también una forma de hacer que los demás se sientan mejor”, comentaba Dryden al Huffington Post. Practicar este deporte puede ser también, según este experto, utilizado para conseguir cosas o persuadir a alguien, como quien tontea con el camarero para obtener más rápido las bebidas. Lo que no se traduce, necesariamente, en que quiera irse a casa con él. Este arte es también usado para explorar el posible interés romántico u erótico que suscitamos en los demás. Algo así como un simulador de vuelo para cuando queramos, realmente, lanzarnos al vacío.

¿Deben abandonarse estas tácticas, aprendidas y desarrolladas a lo largo de la vida, en el momento en que tenemos compañía? Según Iván Rotella, sexólogo, terapeuta de pareja; director de Astursex, centro de atención sexológica en Avilés, y miembro de La Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), “el tema es un clásico y uno de los puntos que causa más peleas porque la pareja es una de las pocas sociedades que se forman sin negociar antes las bases o los estatutos que van a regularla. Algunas personas se enamoran del Ché y luego, cuando llevan meses conviviendo con él, le reprochan que vista siempre con el mismo uniforme y lleve barba. Las parejas deben ser lo que ellas elijan y llegar a acuerdos, en los que ambos tendrán que ceder. Aceptar el flirteo es uno de esos puntos a negociar si a alguno de los miembros le molesta y, si se admite, debe tener también sus reglas”, apunta Rotella.

A veces, lo que más molesta al otro no es el propio tonteo en sí, sino toda la filosofía que encierra detrás, que lo hace aún más evidente. Maite, 37 años, Palma de Mallorca, es todo menos sospechosa de padecer del terrible mal de los celos, ya que tuvo una relación abierta de varios años. El flirteo para ella es como un rasguño para Freddy Krueger, pero lo que le irritaba de su última pareja es que cambiara de personalidad cada vez que hablaba con una chica atractiva. “Existía el hombre serio y hasta, si me apuras, un poco aburrido que salía conmigo y el tipo ingenioso, irónico y encantador que brotaba en cuanto una mujer guapa hacía acto de presencia. Al principio yo misma me reprochaba mi actitud y mis ¿celos? Luego me di cuenta que no se trataba de eso. Lo que me molestaba es que reservase para mí su lado oscuro y guardase para el mundo su cara más brillante”, recuerda Maite.

Hablar con los otros con –como se escenifica en los comics- un bocadillo lleno de flores y pajaritos, y con la familia o la pareja con otro repleto de rayos, espirales, calaveras o cuchillos, es algo que molesta bastante a los afectados. Como lo es también el hecho de que se ejerza el flirteo con una sola persona –lo que resulta altamente sospechoso– o que se haga en superioridad de condiciones respecto al otro al que va dirigido. El tonteo debe ser democrático y en igualdad de condiciones, para que si al que lo recibe no le gusta pueda mandar al primero a freír espárragos sin consecuencias de ningún tipo, porque entonces ya no sería flirteo sino acoso. Y también es deseable que no cree falsas expectativas o esperanzas a terceras personas, porque entonces el calificativo que lo designa es aún más fuerte. Y sobre todo, no hay que extrapolar lo que hemos visto en el panorama político español recientemente a este ámbito. Desistan de hacerlo en sus casas porque podrían resultar gravemente heridos.

Una forma de canalizar el deseo erótico

 Queremos tener pareja y, al mismo tiempo, mantener el deseo centrado en una sola dirección durante el mayor tiempo posible. Algo realmente complicado porque las flores que desprenden perfume lo hacen para todos, no solo para los que las cultivan. Pero si aspiramos a conseguir la cuadratura del círculo, debemos tener formas de canalizar ese deseo que sean compatibles con la pareja. Según Iván Rotella, “flirtear es, junto con las fantasías sexuales, una de las maneras en las que poder gestionar el deseo erótico que cualquier persona sana debe tener. Si la pareja llega a acuerdos y pone los límites, esta actividad puede ser muy saludable porque fomenta la autoestima y es una forma de entrenar la libido, que luego podemos utilizar con nuestra media naranja. Algunas personas pueden sentirse también halagadas al ver que su partenaire, siendo atractivo/a a mucha gente, los ha elegido a ellos. Y esto puede resultar muy excitante”.

No hay que olvidar tampoco que muchas personas son seductoras por naturaleza y pueden tener una actitud de flirteo sin ser muy conscientes de ella. Aunque, en opinión de Rotella, “esto puede ser también una estrategia para ocultar la inseguridad, Muchos seductores son, en el fondo, grandes tímidos o personas necesitadas de afecto que buscan su cuota de atención. Flirtear es casi siempre una actividad sin muchas consecuencias porque, la mayoría de las veces, el placer está en la caza y no en la pieza”.

Si tras todos estos argumentos, algún miembro de la pareja persiste en la idea de prohibir el flirteo por decreto ley es que, en mi modesta opinión, no tiene demasiados problemas. Rotella aconseja burlar la ley cuando no hay policías delante. Es decir, hacerlo cuando estemos solos para evitar molestar a terceros; ya que imponer el criterio de uno cuando el otro no está de acuerdo no hace sino crear víctimas, verdugos y sembrar así la semilla del rencor. “Siempre digo que una cosa es la sinceridad, fundamental en las relaciones afectivas, y otra el sincericidio. No hay que decirlo todo a la pareja, no estamos obligados a contarle nuestras fantasías o cosas sin trascendencia que puedan generar susceptibilidades. Hay cosas que pertenecen, única y exclusivamente, a nuestro jardín privado”.

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