Júlia Carreras. Foto: Hector P. Varela

“Las brujas no tenían tiempo de empoderarse, bastante tenían con no morirse de hambre”

Hablamos con Julia Carreras, la investigadora y especialista en etnobotánica que vive en el pueblo catalán donde se dictó la primera ley europea contra la brujería en 1424, donde prepara un libro sobre la brujas en el Pirineo.

Las cruces que marcaba su abuela en el pan antes de partirlo, la vela que encendía cuando había tormenta o el uso que hacía de las plantas de su zona, despertaron de pequeña el interés de Júlia Carreras por ese mundo. Después de estudiar filología germánica en Barcelona, se especializó en etnobotánica, disciplina que estudia la relación del ser humano con las plantas, y hace tres años se instaló con su pareja en un pueblo del Pirineo leridano para poder investigar sobre plantas y brujería en el propio terreno. Desde entonces, ha hablado más veces en Estados Unidos sobre las plantas del Pirineo que en España. Tiene una web donde expone sus investigaciones, vende recetas que elabora junto a su pareja e imparte cursos ‘online’ mientras trabaja en el Ecomuseu de les Valls d’Àneu (Lleida). En este museo realiza talleres y diferentes recorridos por el campo sobre brujas y plantas protectoras del Pirineo, remedios populares o mágicos que ha rescatado gracias a sus investigaciones y conversaciones con personas mayores que todavía pueblan las montañas. Además, en los próximos meses una editorial británica publicará en inglés su libro sobre brujería del Pirineo Catalán.

 Se fue de Barcelona para vivir en Esterri d’Àneu, el primer lugar de Europa donde se hace una ley contra la brujería en 1424. ¿Fue una casualidad?

No. Vine porque después de estudiar filología germánica y muchos cursos de etnobotánica, me faltaba el contacto con las generaciones que lo habían vivido. Nada más llegar fui al museo (Ecomuseu de les Valls d’Àneu) y les dije que me dedicaba a recuperar tradiciones etnobotánicas e investigar brujería. Justo empezaban con la exposición «Se’n parlave i n’hi havie» (se hablaba [sobre brujas] y las había) sobre brujería en el Pirineo y tierras de Lleida y me propusieron hacer las actividades. Desde entonces, realizo paseos sobre plantas y brujas para que los visitantes lleguen a la conclusión de que las brujas no usaban plantas sino que la gente usaba las plantas para protegerse de ellas. En esta exposición se habla de la caza de brujas y se explica cuándo comienza la idea de que el diablo está detrás de las brujas.

¿Y eso sucede en 1424 cuando se dicta la ley?

No, ahí se cristalizan las ideas de que la bruja ataca por la noche, trae mal tiempo o adora al diablo. Pero la primera mención de brujería satánica no se hace por las brujas sino por las sectas heréticas medievales, de los que se decían que cogían escobas y volaban para adorar al diablo. Luego metieron en ese saco a las mujeres. Es un crimen acumulativo. Por eso la brujería es un constructo y cada pueblo y cada persona tiene una idea diferente de ellas. Pero me interesa que la gente sepa por qué cree lo que cree, decirle el origen de su creencia y luego que decida comulgar con ello o no. Que no te engañen y pienses que tienes un discurso súper feminista cuando tienes el de los perseguidores que iban a por las mujeres.

Vamos, que eso de que las brujas eran mujeres empoderadas, nada.

Claro, en un mundo donde el empoderamiento era lo último que se te podía pasar por la cabeza y lo primero era no morirte de hambre, que no se fastidiara la cosecha o que no se te muriera un hijo, si tenías que acusar a tu vecina de bruja pues lo hacías sin pararte a pensar que estabas llevando a cabo un feminicidio. No puedes analizar el mundo pasado con los parámetros del actual. No puedes hablar de feminismo en un lugar donde no se planteaba. Hay que juzgarlo en su momento y sin hacer un juicio de valor. Y no lo estoy justificando, ni muchísimo menos.

¿Por qué se dicta la ley en esa fecha?

Ya existían sermones religiosos que alertaban de las brujas, pero la ley de Ordinacions i privilegis de les Valls d’Àneu (1424) es la primera civil y dice que hay hombres y mujeres que van con brujas, seres sin cuerpo que causan todos los males de una comunidad. He mantenido muchas conversaciones con historiadores como Pau Castell y esta ley parece coincidir con el fin del mundo feudal, un mundo que se quería conservar a toda costa. La ley también dice que cualquier persona que sea encontrada culpable perderá el cuerpo y sus bienes pasarán a ser propiedad del conde. Hay que tener en cuenta que los juicios comienzan cuando los señores ven peligrar sus posesiones. Aquí no llega la Inquisición, aquí te juzgaban tus vecinos y se repartían tus tierras cuando te ejecutaban.

¿Y cuando se deja de perseguir aquí la brujería?

A partir del Renacimiento. Con pensamiento científico, el racionalismo y la Ilustración, el pensamiento mágico que hace posible la brujería muere rápidamente. Pero en el Pirineo Catalán siempre se queda porque la última acusación la tenemos en 1945, donde un hombre fue a la Guardia Civil a decir que su vecino le había embrujado a una vaca. Por esa misma acusación, hace 500 años hubieran matado a toda su familia.

Habrá leído muchos juicios por brujería. ¿Qué encuentra?

Hay que saber leer entre líneas. Pero encuentras cosas increíbles como, por ejemplo, que lo que hoy hacemos de poner comida a los reyes magos, hay juicios donde se acusaba de brujería a gente que lo hacía culpándoles de dar comida a las brujas. Es una superstición que viene de dejar comida como ofrenda para apaciguar a espíritus nocturnos, tener buena fortuna y hoy la hemos asumido en nuestro folklore.

¿A cuántas brujas se encausó en juicios de brujería?

A ninguna. Porque las brujas son los seres sobrenaturales que pueblan el imaginario nocturno y generan una creencia. Juzgaban a gente que tenía mala reputación en la comunidad. La palabra bruja viene del vocablo bruxar, que significa chafar el pecho de los que duermen. Y eso es una pesadilla, un peso que sientes por la noche que te oprime, que al día siguiente te deja machacado. Los primeros juicios de brujería son los menos contaminados porque después hicieron mucho corta y pega. Los juicios no me interesan para ver si una persona es culpable o no. Me sirven para leer entre líneas y ver el imaginario cultural que tenían o qué plantas estaban mal vistas.

Y por qué cree se ha despertado de nuevo el interés por las brujas. ¿Tiene algo que ver el auge del feminismo?

Creo que hemos aceptado el discurso del perseguidor y con él damos la razón a las élites religiosas y políticas que pretendían perseguir a las mujeres. Hay textos religiosos que decían que las brujas eran mujeres porque estaban naturalmente inclinadas al pecado. Las brujas no son humanos pero como ya no estamos en contacto con el mundo rural hemos perdido la visión originaria. Y cuesta mucho que la gente mayor hable porque tienen miedo al que dirán y por superstición.

Por eso es necesario que viva allí, para poder generar confianza en las personas mayores que habitan la montaña.

Claro. Ellos explican el mundo de una forma muy distinta a como lo entendemos ahora. Hoy en día, si no está demostrado por un estudio cuando se habla, por ejemplo, de males de ojo, se dice que son supersticiones o creencias de gente ignorante. El mundo racional en el que vivimos les hace sentirse mal dentro de su pensamiento mágico. Es muy difícil juzgarlos con los mismos parámetros que hoy juzgamos la sociedad.

 ¿Siguen creyendo en las brujas?

Claro y siguen llevando a cabo acciones mágicas para prevenirlas, pero en su discurso de cara a la galería no lo admiten. Es un tabú autoimpuesto. Cuando les quieres tirar de la lengua tiran balones fuera aunque al final, con confianza, te lo acaban contando. Mi abuela si ve truenos pone una vela blanca a santa Bárbara y le da tranquilidad. Luego ella es la más católica del pueblo pero lo que está haciendo había sido perseguido por la iglesia siglos atrás, aunque la superstición no es brujería, sino creencias y rituales populares que están instalados en la mente de los pueblos.

 ¿Cómo han sobrevivido estos rituales?

Porque la iglesia los ha acogido y enmascarado. ¿Que ponen una vela cuando tormenta? Pues que sea a una virgen. Otro ejemplo es en San Juan. Aquí bajamos unas antorchas por la montaña haciendo una serpiente de fuego espectacular. Durante los primeros siglos de la iglesia estaba mal visto cualquier ritual del solsticio hasta que los consagraron a San Juan para adaptarlo al catolicismo.

 ¿Cuál ha sido la mayor revelación que ha tenido hablando con las personas de allí?

El vivir de una manera muy adaptada a su entorno. Una señora me decía que antes hacía muchas cosas y nunca iba estresada y ahora no hacemos nada y estamos estresados por querer hacer o por no poder hacer.

Jùlia Carreras rodeada de acónito, la planta más tóxica de Europa. Foto: Héctor P. Varela

En 2013 crea junto a Héctor, su pareja, el proyecto digital Occvlta. ¿Con qué idea?

Para explotar la parte más centrada en la etnobotánica y recuperar recetas antiguas. Hacemos reconstrucciones históricas de inciensos y aceites de los que encontramos algún testimonio. Las llevamos a cabo con los mejores ingredientes posibles y les damos herramientas de calidad a quienes practican curanderismo, brujería, magia, o hechicería popular.

¿Y por qué está en inglés?

Porque somos consciente de que aquí vamos a un ritmo diferente. He ido más veces a Estados Unidos a hablar de plantas del Pirineo que aquí. Nuestra intención era afianzarnos fuera y demostrar nuestra valía, mientras picamos piedra aquí a nivel muy local porque es donde hay que hacerlo. Pero el 90% de la gente que compra nuestros productos es angloparlante: estadounidenses, alemanes y británicos. La gente de correos aquí nos conoce bien. Ja, ja, ja.

¿Y también plantáis?

No, no tenemos huerto. Recolectamos plantas autóctonas de máxima proximidad posible y que están en textos antiguos. No usamos, por ejemplo, Palo Santo porque se está deforestando el Amazonas y, debido a su exportación, las tribus que originariamente lo usaban se están quedando sin él. Utilizamos tomillo que es lo que se ha usado siempre aquí para limpiar espacios tanto de energías como de enfermedades porque es antiséptico. La investigación es también reivindicar lo que tenemos.

¿Qué plantas deberíamos conocer todos?

Creo que es muy interesante entender el propio entorno, la flora más olvidada, las malas hierbas, desde la ortiga o el diente de león hasta plantas demonizadas como el estramonio o el beleño, plantas que se relacionaron con procesos de brujería y que por su potencial toxicidad y difícil dosificación, hoy en día hemos olvidado cómo usar en curanderismo popular.

 ¿Y por qué las hemos ido dejando de lado?

Porque se ha mercantilizado mucho el mundo de las plantas medicinales. Y, a no ser que sean fáciles de cultivar o con usos muy destacables, no se ha estimulado la su didáctica. Pongamos por ejemplo la ortiga, una planta a menudo categorizada como mala hierba que tiene muchísimas propiedades, además de ser nutritiva. En el mundo rural se comía y se sigue comiendo para fortalecer la sangre por su alto contenido en hierro. Quizás al mercado no le interesa tener que trabajar con ella, pero nos estamos perdiendo un tesoro que tenemos al alcance de nuestras manos.

¿Qué consejo le puede dar a alguien que quiera empezar a investigar en su territorio?

Que busque en su entorno inmediato, que empiece por su casa. Hablar con tus abuelos o con los mayores es un camino que te puede reportar algo espiritual. Ahí es donde acaba y empieza todo. Siempre nos tira lo exótico porque es muy atrayente pero lo que tenemos al lado de casa abandonado en el geriátrico son tesoros y me duele el alma decirlo. Igual no te dan ninguna información valiosísima del uso de tal planta, pero importa que su palabra y su forma de ver el mundo no caigan en el olvido.

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