“Hola, me llamo María y estoy gorda”: el auge de la terapia grupal para adelgazar

La importancia de compartir experiencias y frustraciones es la clave del éxito de estas terapias. Son la mejor opción cuando ya lo has probado todo.

“Hola, me llamo María y estoy gorda”: el auge de la terapia grupal para adelgazar

Hacer terapia en grupo puede ser crucial para conseguir la motivación necesaria. Foto: Corbis

“Miro con detenimiento al resto de asistentes. Hay muchos que se parecen a mí, otras, en cambio, me hacen ver mi problema con más perspectiva. Sé que ahora va a ser mi turno, que me toca hablar, y no puedo evitar ponerme nerviosa al sentirme observada. Pero pese a la vergüenza me levanto y alzo la voz: Soy María y estoy gorda. La sala rompe en aplausos”. Lo que podría ser una parodia, tiene mucho de realidad. Y es que hacer dieta ya no es un acto en solitario, porque enfrentarse a la báscula con el apoyo de un grupo, parece que no, pero hace mucho. Por eso cada vez están más en auge las terapias de grupo para perder peso.

Sandra, de 38 años, explica que lo que más destacaría de estos métodos es que “puedes compartir tus frustraciones, porque te das cuenta de que al final todo el mundo tiene las mismas”. Poder hablar de tus dudas, de qué puedes comer y qué no, de qué productos has encontrado que encajan con la dieta y están muy ricos, de no agobiarte el día que te la has saltado si sabes que alguien está pendiente de que no lo vuelvas a hacer, o mandarte mensajes de ánimo por las mañanas en el grupo de Whatsapp  y no caer en la tentación del bollo de chocolate de los niños, que mira amenazante desde el armario. “Cuando te desanimas, no te sientes tan sola, tienes con quién hablarlo, y la gente en general se vuelca mucho, porque al fin y al cabo, también pasan por lo mismo”.

Según la psicóloga Yolanda Cuevas “sentirse identificado con el problema fomenta la pertenencia,  no sentirse solo, ya que juntos se pueden encontrar soluciones que solos no hallaríamos, y ciertas dificultades parecen encogerse al ver que otras personas también las tienen”.

De hecho, la falta de motivación parece ser uno de los principales problemas a la hora de seguir una dieta. Como explica la psicóloga “las variables que influyen en el proceso de pérdida de peso  son variables  muy psicológicas, es decir,  el no sentirse capaz, no saber cómo empezar, qué hacer ante momentos de bajón, la autocrítica despiadada o sentirse solo ante el reto, así como  falsas creencias que interfieren en los esfuerzos o  la ansiedad en diferentes momentos. Por todo ello  el apoyo psicológico se convierte en un factor importante en el proceso”.

Reafirma esta idea Icíar Martín, endocrina del hospital Vithas Nuestra Señora de América. “La falta de motivación no es solo uno de los motivos, sino la causa más frecuente por la que las dietas fracasan, tanto para alcanzar el objetivo fijado, como para el mantenimiento del mismo. Por ello, actualmente el manejo de la obesidad se hace en equipos multidisciplinares integrados por endocrino, dietista y psicólogo/psiquiatra”.

La endocrina destaca que “hay que tener en cuenta que en la actualidad problemas tan frecuentes como la ansiedad o la depresión conllevan esa falta de motivación y este abordaje permite controlarlo”. Sin embargo, ante la creciente tendencia de grupos de apoyo para la pérdida de peso, recuerda que a la hora de perder peso es muy importante ponerse en manos de un especialista en salud. “Solo un experto puede transmitir la importancia en términos de salud que tiene la realización de la dieta, y además, poder hacer un control simultáneo de los factores de riesgo cardiovascular asociados a la obesidad, como la hipertensión, la diabetes mellitus o la hipercolesterolemia entre otros”.

En cuanto a la búsqueda de esa motivación, Yolanda Cuevas recomienda marcarse un objetivo realista y  “hacer una planificación que nos dé estructura y con ello seguridad y confianza”, ya que al final las clave son “tener fuerza de voluntad, capacidad de sacrificio, esfuerzo, y perseverancia”.  Igualmente señala la importancia de “no pretender perder muchos kilos en poco tiempo,  y fijar una fecha de inicio  y de fin, que ayudará a empezar de mejor forma y a no dilatar la dieta”.

En cuanto a cómo funcionan este tipo de terapias, Cuevas comenta que, por norma general,  se trata de reuniones semanales en las que los asistentes controlan su peso y reciben motivación, seguimiento y apoyo por parte del profesional y del resto del grupo.  El objetivo, por tanto, también pasa por “reeducar los hábitos de alimentación con mayor optimismo,  fomentar el ejercicio, el descanso… Es decir cambiar las costumbres en relación a la actividad física y la nutrición, con apoyo psicológico y técnicas de motivación”. La idea es que las que al principio aprendían, luego sean las que enseñen, no tanto sobre nutrición, sino sobre el control de emociones como la tristeza, los enfados, el aburrimiento, etc., “y  en este punto la intervención del grupo es fundamental, por el apoyo  emocional que se dan los unos a otros”.

Concretamente, a este apoyo del igual se le denomina peer support, y consiste en que los componentes del grupo se conviertan en referencias ante la adversidad y  ejemplos de superación en muchos casos.  “Las investigaciones en grupos de hospitales ya avanzan que el 75% de las personas pertenecientes a estos grupos reducen su peso un 10%, y es que el vínculo que se crea en estas terapias aumenta el compromiso aumentando la adherencia y los resultados”, aporta Yolanda Cueva. Estos programas, además, suelen incluir talleres de dietética, psicología y actividades físicas. “Los resultados, además,  refuerzan la idea y eso permite que más especialistas se unan para formar estos talleres en grupo”.

Un perfil muy común

En cuanto a qué tipo de persona puede beneficiarse más de estas dietas, siempre teniendo en cuenta que cuenten con el aval de verdaderos profesionales, son sobre todo aquellas que ya han fracasado en otros intentos por perder peso. Evidentemente estarían quienes quieren perder peso por estética, quienes realmente lo hacen por salud, o simplemente personas que tengan poca fuerza de voluntad, o vivan solos y necesiten el refuerzo de un grupo para compartir la experiencia y no vivirla de forma aislada. “El único cuidado sería con aquellas personas con baja autoestima, que vieran que no avanzan como las demás, provocando que las comparaciones no se centren en sí misma, sino en el resto del grupo, frustrando más de lo deseado, y llevando al abandono. El papel del psicólogo en estas situaciones es fundamental para que detecte los perfiles de los participantes”.

Por último, la endocrina Icíar Martín concluye que  la verdadera clave para perder peso es “que el paciente esté concienciado con que realmente su obesidad es un problema de salud y que para su tratamiento precisa, no de una pastilla o de una dieta milagrosa, sino de la modificación de los hábitos, tanto de dieta como de ejercicio, que hasta ahora tenía. Si consigue eso, mantendrá unos hábitos saludables, que no solo le llevaran a alcanzar su objetivo, sino también a mantenerlo”.

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