Hacia una cósmetica con huella medioambiental cero

Factorías neutras en emisiones y guerra al plástico. Así es la nueva belleza verde.

Las botellas de plástico reciclado evitan verter entre 11 y 31 toneladas de este derivado del petróleo al año. Foto: Cordon Press

Justificar la sostenibilidad va más allá de depositar el bote de gel vacío en el contenedor de los reciclados. Implica a todo el proceso de vida de un cosmético, desde la cosecha de los ingredientes hasta la última gota del frasco. «Gastar porque puedes pagarlo está obsoleto. El gran cambio no lo lideran las grandes corporaciones, sino minorías creativas, pequeñas empresas con ingeniosas formas de producción respetuosas con el medio ambiente», apunta Carmen Bustos, directora de la consultora de mercado Soulsight.

En el horizonte, no solo está proteger al planeta. También engatusar a la generación Z, poco fieles a las marcas, con una alta conciencia verde y una forma de actuar más proactiva que reactiva. ‘Creemos que el jabón puede cambiarlo todo’, señala el lema de Soaper Dupper, una marca de productos de baño creada por Marcia Kilgore, la gurú de la belleza detrás de Bliss Spa y Beauty Pie. En su declaración de intenciones se presentan como ‘sin químicos sospechosos y orgullosamente empecinados en reducir los plásticos en nuestros envases (menos cantidad y más de procedencia reciclada y reciclable). Ser verde es fácil. No vamos a esperar a que otros lo hagan antes’.

La nueva cosmética declara la guerra al plástico. En 2014 los mares se asfixiaban bajo 311 toneladas de este material.En 2050 superará en peso al de los peces. Pero puede aliviarse sin salir del cuarto de baño: comprar envases reciclados o, al menos, de polipropileno (PP), el plástico más inerte del mercado. O recargarlos. L’Occitane lo hace con sus geles de ducha; Lancôme, con las cápsulas para Absolue L’Extrait. «El champú Source Essentielle, de L’Oréal Professionnel, se puede rellenar hasta tres veces en la peluquería. Más veces, no, porque las flores del interior se deterioran», explica Íñigo Larraya, director de RSC de L’Oréal España. La filial española de la compañía se enorgullece de ser neutra en emisiones de CO2, tanto en sus fábricas como en la sede de Madrid.

De izquierda a derecha: champú Source Essentielle recargable, de L’ORÉAL PROFESSIONNEL (19,95 €); champú sólido New, de LUSH (9,50 €); sérum facial Bio Advanced, de LANUBA COSMETICS (65 €); barra de labios recargable Hourglass, de SEPHORA (34 €), e hidratante capilar Repumpling Hair Filler, de DAVINES (32 €). Foto: SModa

«El 76% de los productos lanzados o renovados en 2017 mejoraron su perfil sostenible. Para 2020 serán el 100%». Las medidas no solo afectan al cosmético en sí. También, al distribuidor y al vendedor, «con envases más fáciles de apilar y expositores con hasta 721 kilos menos de plástico». El papel tiene los días contados. Una tonelada requiere 18 árboles. De ahí la progresiva desaparición del prospecto interior y los cartonajes. «Basta con una pequeña pegatina en el envase. El resto de la información está en la web», destaca Gloria Pavía, directora de comunicación de Lush.

El consumidor también asume su responsabilidad en su higiene diaria. «Cada año se tiran 552 millones de botellas de champú. Pasarse a la pastilla de champú sólido, sin envase, te da entre 80 y 100 lavados (como tres botellas de 250 g). Evitamos el envase de plástico y reducimos la huella de carbono del transporte: un camión de jabón sólido equivale a los mismos lavados que 15 camiones de producto líquido».

Lo siguiente es no despilfarrar agua en la ducha. Cada español gasta una media de 132 litros al día, según el INE. Y el 40% se va en el aseo diario. Se investiga en fórmulas menos espumosas y fáciles de aclarar. También en eliminar las siliconas o los tintes con excesivos químicos. «El consumidor está bien informado en cuanto a químicos nocivos o a pruebas en animales, pero le cuesta asumir el impacto de lo que se va por el desagüe», advierte Marie-Charlotte Mataut, responsable de comunicación de Davines. Esta marca lleva desde 2006 plantando árboles para compensar sus emisiones de CO2 y alecciona a sus peluqueros para economizar el agua.

El último eslabón es el mar. Eliminadas casi por completo las miniexfoliantes de plástico que acababan en el estómago de los peces, el siguiente paso es el coral. En Hawái se han prohibido los filtros solares con oxibenzona y octinoxato porque blanquean los arrecifes. En Europa son legales, pero el pasado verano cotizaban al alza los filtros minerales a base de óxido de zinc y dióxido de titanio.

Y todo esto, ¿repercute en el bolsillo? «Producir belleza verde es más caro, porque lo son los ingredientes. Se puede abaratar con la venta online», explica Mercedes Simarro, presidenta de Lanuba .

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