¿Pasas horas decidiendo qué serie ver por si hay una opción mejor? Probablemente tengas FOBO

El día a día está lleno de momentos en los que tomar pequeñas decisiones: elegir ir en metro o en bus o algo tan simple como decantarse por un plato del menú. La multitud de opciones que tenemos para todo genera en algunas personas una ansiedad que les impide avanzar.

ansiedad

Las personas con FOBO sienten una gran ansiedad ante decisiones tan sencillas como elegir si ir en metro o en bus o qué plato tomar de un menú. Foto: Getty

Tomar decisiones puede parecer algo complejo para momentos clave en la vida, como elegir entre dos posibles carreras universitarias, seguir o no con una pareja o aceptar un trabajo en el extranjero. Sabemos que esa resolución puede marcar nuestro futuro y, por tanto, es lógico que cueste tiempo llegar a una conclusión. Sin embargo, la gran mayoría no son tan trascendentes. El día a día está lleno de momentos en los que tomar pequeñas decisiones: comprar una fruta u otra, elegir ir en metro o en autobús, decantarse por una serie entre las múltiples opciones de Netflix o algo tan simple como elegir un plato del menú de un restaurante. Sin embargo, por sencillas que parezcan hay personas que se atascan y no son capaces de avanzar.

Patrick McGinnis, un economista estadounidense especialista en capital de riesgo, ha bautizado a este tipo de micro indecisiones como Fobo (Fear of better options) algo así como el miedo a no tomar la mejor decisión.

McGinnis ya era famoso por crear otro término que dio mucho que hablar: el Fomo. Es decir, el miedo a estar perdiéndonos algo y estar siempre obsesionados por vivir más y más experiencias. En este caso, el Fobo está relacionado con lo abrumador que puede ser elegir entre dos experiencias diferentes, y ser incapaces de elegir ninguna.

El psicólogo Xavier Savín expone que “el Fomo es el término fear of missing out o miedo a perderse algo, normalmente utilizado para describir a aquellas personas que necesitan estar permanentemente conectadas a las redes sociales por miedo a no enterarse de algo que consideran importante. El Fobo, sin embargo, sería algo más generalizado. “Se trataría más de una clase de ansiedad social que de una fobia, aunque quien lo sufra lo vivirá como el miedo a la toma de decisiones, detrás estará el malestar que le provoca anticipar que podría equivocarse con la misma”.

¿Por qué cada vez tenemos más Fobo?

La otra idea que caracteriza a estos conceptos es que son sin duda problemas del primer mundo. “Tanto Fobo como Fomo son conceptos modernos y propios de personas con una vida resuelta, lo que les permite preocuparse por decisiones y situaciones que en ambientes más exigentes no lo harían”.

También podría decirse que se trata de un problema generacional. Nuestros padres acudían a una tienda en busca de un aspirador y había unos pocos modelos para elegir. Las nuevas generaciones se meten en Amazon y pueden pasar días leyendo reseñas y haciendo comparativas entre modelos, características y precios. Sí, tenemos más dónde elegir, pero no siempre tenemos más capacidad para hacerlo.

Según Mónica García, coach de liderazgo personal y profesional, “la toma de decisiones se complica, según aumenta el número de opciones. Tener posibilidades nos hace sentir libres, pero cuando el número de opciones es muy grande, puede llevar a paralizarnos si no tenemos muy claro qué es lo que queremos, nuestras preferencias o gustos”.

Algo así como aquel anuncio en el que un niño se quedaba paralizado ante un enorme stand de dulces. De hecho, la madurez tiene que ver con este proceso, y es que no siempre se nos enseña a tomar decisiones, sino que aprendemos a base de la experiencia. Quizás por eso cuando la experiencia nos dice que no solemos acertar, es más fácil caer en esa espiral de ansiedad. “Esto nos lleva a despertar el Fobo y corremos el peligro de no tomar una decisión esperando siempre que aparezca una mejor. Esta situación también se ha descrito como ‘parálisis por análisis’ que se ha observado al apoyarse exclusivamente en datos para tomar decisiones dejando de lado o no dando importancia a la intuición”, insiste Mónica García.

El proceso de toma de decisión

Según el psicólogo Nacho Coller, sorprende “la cantidad de gente a la que le cuesta tomar decisiones en el día a día, pero abordan mucho mejor las cosas importantes y los retos vitales. Ves a personas que se ahogan en un vaso de agua y que cuando la vida les pone a prueba con un problema difícil, sorprenden a propios y a extraños por lo bien que abordan esos problemas”. Así, según Coller “hay varios factores que hacen que a unas personas les cueste más o menos tomar decisiones; unos van asociados al estilo de personalidad, a la capacidad intelectual, a la situación del tema a abordar o al área vital”.

También influyen ciertos falsos mitos, como que cuanto más meditemos una idea, mejor será nuestra respuesta a la misma. “Hay personas que le dan mucho valor a pensar y tienen que dar vueltas y vueltas al tema en cuestión, porque han aprendido a funcionar así, por educación, por miedo al error, por perfeccionismo, o por alta autoexigencia, entre otras cuestiones”.

Sin embargo, el experto recuerda la importancia de nuestro inconsciente, que cuando más relajado está, es cuando por fin cae en esa idea que se nos llevaba tiempo resistiendo. “Pensar demasiado en un problema es, en cierto modo, tan malo como tomar una decisión al instante”. Es por ello que desterrar este falso mito ayuda a dar valor al impulso y a ciertas corazonadas, que nos dan una primera buena opción, que puede verse emborronada si la analizamos demasiado, perdiendo realmente el enfoque.  “La mente inconsciente procesa la información sobre las decisiones incluso cuando tu mente consciente está ocupada en otra cosa”, recuerda Coller.

Salir de la ansiedad

Si bien esta idea puede ser clave, lo cierto es que cuando se ha entrado en el círculo vicioso del Fobo la ansiedad puede ser tal que nos cueste salir del mismo. De esta forma, Xavier Sabin opina que “la solución no tiene por qué ser perfecta, basta con que mejore la situación inicial”. Es decir, puede que también pudiera ser buena opción ir en bus, pero hemos llegado bien en el metro al fin y al cabo. Y quizás había un postre mejor para preparar ese cumpleaños, pero el que hemos hecho ha gustado igualmente a todo el mundo.

En esta misma línea, Mónica García añade que a la hora de tomar decisiones no debemos pensar que “solo existe una opción correcta o que sin duda es la mejor”, sino que “hay muchas formas o caminos de obtener lo mismo”. Con este concepto, la coach apuesta por trabajar esa ansiedad “centrándonos en lo que ganamos, tanto si elegimos una opción como otra”, y no solo en lo que podríamos perder. Igualmente insiste en que hay que trabajar para “dar más importancia a avanzar que a acertar”.

Por último, no olvida que en el Fobo hay una parte de hostigamiento personal, a caer siempre en echar por tierra todo lo que hacemos, pensar en nuestras decisiones de forma negativa, no darnos valor, etc. Por eso mismo, muchas veces preferimos que sea otra persona la que decida por nosotros qué plato tomar de la carta o a qué lugar iremos de vacaciones. De forma que más allá de aprender a relajar la mente, y cambiar el chip, a la hora de tomar la propia decisión, el siguiente paso será también el de aprender a no torturarnos pase lo que pase después de tomar la misma.

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