«El Vaticano se quedó mudo»: la batalla por el ombligo y los bailes de Rafaella Carrà, que consiguió ganar la italiana

La diva, justo cuando empezaba su carrera como cantante y presentadora a principios de los setenta, tuvo que hacer frente a las críticas de aquellos que la tildaban de provocadora. Por supuesto, ella ganó la batalla.

Las coreografías de Raffaella Carrà escandalizaron a la parte más conservadora de Italia. Foto: Getty

Actualmente, acostumbrados a la hipersexualiación del pop, nadie se llevaría las manos a la cabeza al ver la coreografía de aquel Tuca Tuca que Raffaella Carrà popularizó en Italia. Y, por supuesto, tampoco sería motivo de controversia que alguien como ella enseñara el ombligo en la televisión pública. Pero a principios de los setenta la situación era muy diferente. Por aquel entonces, después de abandonar por voluntad propia su carrera de actriz (hasta tuvo las agallas de dar la espalda a Hollywood porque no se sentía cómoda trabajando a miles de kilómetros de la tierra que la vio nacer), decidió reinventarse en la Carrà que todos conocemos: un icono todoterreno y multigeneracional.

Su metamorfosis, como cantante y presentadora, empezó a fraguarse en 1970. Concretamente, en el Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma, donde se apuntó a un curso de educación vocal. “Tuve un gran profesor que un día me examinó la garganta y me dijo que podría cantar tranquilamente. Yo le dije que no, que no lo había hecho nunca y no era mi aspiración, pero él insistió en que tenía la predisposición física necesaria para hacerlo. Luego, en una reunión de personal en televisión, un director que había visto el musical Hair se dio cuenta de que la televisión italiana, en aquellos momentos, era muy antigua y había que modernizarla. Fue entonces cuando me dieron cuatro programas de prueba en los que tuve que cantar. Tomé clases y lo hice. Funcionó, y en unos meses me pusieron como presentadora del programa más importante de entretenimiento de la televisión pública italiana, Canzonissima. Mi primer disco llevaba la sintonía del programa. Así empezó todo, por casualidad”, rememoró hace diez años en Efe Eme.

Sin duda, ella fue la primera asombrada del éxito que cosecharon temas como Ma Che Musica Maestro o Chissà Se Va. “Nunca me he sentido una cantante pura, siempre he sido una actriz que cantaba. Sé perfectamente que no soy Dionne Warwick ni Barbra Streisand. El baile y la palabra son lo mío; el canto es sólo un aderezo. Pero como vendimos tantos discos, no hacía más que entrar en el estudio y grabé más de veinte álbumes. Fue una sorpresa. Yo no cantaba desde niña. Tengo una prima con una voz estupenda a la que sus padres no permitieron estudiar canto y, sin embargo, yo me he convertido en cantante. La vida es rara”, apostilló en la misma entrevista.

Quien fuera su pareja en aquellos años, el letrista y productor Gianni Boncompagni, obviamente tiene buena parte de culpa de su meteórico triunfo musical. Pero a estas alturas no habría que obviar que, más allá de sus bailes y sus imposibles e imitados movimientos de cuello, asimismo, fue un icono de la moda adelantado a su tiempo. “Llevaba trajes impensables, con sentido del humor diría yo. Y además cómodos, para poder bailar. A lo largo de mi carrera me han acompañado tres diseñadores. Uno fue Corrado Colabucci, que hizo los vestidos de Mina y míos cuando presentábamos Milleluci; el otro, el elegante Luca Sabatelli. Yo le dejaba hacer y luego le decía: ‘¿Qué te parece si a este mono le alargamos la espalda descubierta hasta que se me vea el principio del culito?’. Y él me contestaba sorprendido: ‘Es demasiado, Raffaella’. El tercero es el sastre Gabriele Mayer. Ellos me han arropado toda la vida”, contó en S Moda en 2017 cuando tuvimos la oportunidad de charlar con ella.

Raffaella Carrà  actuando en ‘Canzonissima’ en 1974  (Getty Images)

En realidad, que enseñara “el principio del culito” en aquel Canzonissima que se emitía las noches de los sábados en la RAI no fue un problema. Lo que verdaderamente impactó a los telespectadores es que en 1970 se atreviera a interpretar su sintonía, la ya mencionada Ma Che Musica Maestro, vistiendo un top que dejaba al descubierto su ombligo. De hecho, la apodaron “el ombligo de Italia” porque fue la primera mujer que se atrevió a enseñar esa parte de la anatomía en la televisión pública. Como es lógico, décadas después, se sigue tomando a broma el estupor que aquello causó. “No hubiera imaginado nunca que mi ombligo hiciese tanto ruido. Para mí era natural vestirme con la moda de esos tiempos que, por otro lado, sigue de moda todavía. Es muy pequeño mi ombligo porque mi mamá me contó que, mientras estaba naciendo en una clínica boloñesa, pidió al cirujano que cortara el cordón umbilical con mucho cuidado para hacerme el ombligo pequeño como un tortellini”, afirmó al respecto en La Vanguardia.

Pero la polémica que hizo peligrar su imparable carrera en la televisión y en la industria musical aconteció el 13 de noviembre de 1971. Aquella noche, también en Canzonissima, presentó su nuevo tema, Tuca Tuca. Y lo que incomodó a algunos ejecutivos de la RAI no fue la canción en sí, sino su coreografía. Raffaella únicamente se limitó a toquetear, de una forma muy inocente e infantil, al bailarín Enzo Paolo Turchi. No obstante, los más conservadores de la época interpretaron aquellos castos movimientos como algo soez y extremadamente sexual. Sin ir más lejos, el Vaticano, tras tacharla de “demasiado provocadora”, inició una campaña de desprestigio. “A través de su periódico, L’Osservatore Romano, censuró el Tuca Tuca. Según ellos, era muy atrevido y transgresor porque el bailarín que estaba frente a mí me tocaba diversas partes del cuerpo. Tuca Tuca entró directamente al número cuatro de las listas de ventas de singles. Entonces, cuando se leía el hit parade, se daban los primeros cinco puestos, pero ellos saltaban del tres al cinco para no tener que nombrarlo. Los movimientos del baile subliman la relación entre hombre y mujer. El baile es algo erótico en sí, pero sin caer en la vulgaridad, esto es muy importante. Lo que me encantaba es que yo hacía el Tuca Tuca tocando caderas, rodillas, espalda, cara… Y los niños lo repetían, se divertían porque era algo muy natural. Ese es el secreto”, explicó sobre ello también en Efe Eme.

A pesar de tener en su contra al mismísimo papa Pablo VI y a parte de los mandamases de la RAI, Raffaella no se vino abajo. Todo lo contrario. Pocas semanas después, Alberto Sordi acudió como invitado al programa. Y, para sorpresa de los ahí presentes, el popular actor no dudó en pedirle a nuestra protagonista que quería bailar el Tuca Tuca. El momento, que aún hoy puede verse en Youtube, fue todo un hito televisivo en Italia y, además, enterró de inmediato la polémica. “El Vaticano se quedó mudo”, le dijo a Gemma Nierga en Hoy por Hoy en 2014. Desde entonces, nada ni nadie pudo con ella.

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