El corte de pelo de las valientes

Últimamente, muchas famosas han realizado el ritual de cortar sus cabelleras. Un gesto nada trivial que encierra toda una simbología.

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Si alguien piensa que el hecho de que una mujer acabe con su melena es hoy en día un acto banal se equivoca. La entrega al ritual de las tijeras que llevó a cabo Miley Cyrus fue todo un acontecimiento en Twitter. Algunos de sus admiradores defendían su valentía por cambiar de imagen, mientras otros tuiteros buscaban parecidos y la comparaban con el malvado Draco Malfoy, de la saga de Harry Potter. “Mi papá, Billy Ray Cyrus, me dijo: las opiniones son como los agujeros del culo, todo el mundo tiene uno. Amo mi cabello, me siento feliz, bonita y libre”, escribió Miley en la red social, después de que su estilista, Chris McMillan, documentara todo el proceso del corte y cambio.

Semejante acontecimiento recuerda al también mediático rapado al que se sometió Mia Farrow en 1967 –poco antes de que protagonizara La semilla del diablo–, a manos del entones maestro de las tijeras Vidal Sassoon, y por el que la leyenda cuenta que Roman Polanski, el director de la legendaria cinta, pagó la friolera de 5.000 dólares. El corte fue todo un acontecimiento al que acudieron fotógrafos y periodistas, que narraron el suceso en la prensa, la imprescindible revista Life y los noticieros que se pasaban en el cine antes de la proyección de la película. Muchas mujeres aplaudieron el acto y corrieron a copiar el estilo de Mia, mientras gran parte de los hombres, empezando por el entonces marido de la actriz, Frank Sinatra, manifestaron su disgusto hacia el nuevo estilismo.

Pero daba igual lo que ellos pensaran, a finales de los 60, las mujeres habían entrado de lleno en un proceso en el que lo de menos era estar guapa, –o lo que la sociedad entendía por eso– y lo de más era ser moderna, independiente, librepensadora y hasta radical, si la situación lo requería. Y en ese afán, el pelo corto jugaba un papel nada desdeñable. Tal como sentenció su colega, el peluquero francés Fréderic Kekkai, “Vidal Sassoon hizo del cabello el vestir moderno, elegante… Trajo una nueva actitud para la mujer”. Pero el elogio más grande al creador de muchos míticos cortes de pelo, como el Bob o el Wash and go –que liberó a las mujeres de su cita semanal con el salón de belleza y el tormento del secador–, salió de boca de otro estilista del cabello, Nicky Clarke, que apuntó: “Sassoon podría ser uno de los primeros iconos de la cultura pop de los años 60 en Gran Bretaña, junto con los Beatles, Carnaby Street, Mary Quant y la bandera británica”.

Cortarse la melena puede tener muchos significados si partimos de la idea de que el pelo es una parte de la anatomía con un elevado simbolismo. En el hombre ha significado poder, mientras que en la mujer se relaciona con la sexualidad. Todavía es bastante inusual ver gestos como casarse y cortarse el pelo –como ocurría antes– o el hecho de que ser mayor y llevar el cabello largo. “En el primer caso la sexualidad de la mujer queda circunscrita al contacto con su cónyuge, en el segundo se viene a reconocer la exclusión de la persona madura o de la tercera edad al disfrute sexual”, apunta Miguel Salmerón, profesor de estética de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

corte de pelo chica

Coco Rocha y Anne Hathaway.

Getty

Aunque todo esto destile ideas anticuadas, el cabello no ha perdido su significado, en palabras de Salmerón: “Todo objeto es potencialmente un significante y el pelo sin duda lo es, mucho más en un tiempo en el que la sobreexposición del individuo y la fuerza de los medios –sobre todo Internet– crea un flujo semiótico imparable y desbordante. El hombre y la mujer no sólo se cortan el pelo, sino que se lo rapan. En el caso de él suele ser por igualar los efectos de la alopecia en todo su cuero cabelludo. En el de la mujer hay un componente de crítica de un orden establecido con el que no se quiere comulgar”.

En los años 70, se registró un cambio de roles a nivel capilar, ellas se cortaban el pelo, mientras ellos se lo dejaba largo. Un gesto que en el género femenino puede tener varias interpretaciones: querer igualarse al varón, rediseñar un nuevo modelo estético –la mujer sexy no tiene por qué llevar necesariamente melena, y en esto Emmanuelle llevó a cabo una gran labor– o esconder más su sexualidad y dejar de ser considerada un mero referente erótico para resaltar otros valores: inteligencia, compromiso, rebeldía. En palabras del profesor de estética: “Además de todas esas connotaciones, que son más bien demostrativas y sociológicas, hay otra lectura más interna y psicoanalítica: la androginia implícita del ser humano. Nuestro auténtico ser caracterizado por una bisexualidad originaria, que esos gestos pretenden a tientas e inconscientemente recuperar”.

La mujer que se corta el pelo propone otra estética que no solo tropieza con la larga tradición del cabello largo y su fijación en el inconsciente sino que, en muchos casos, con el primero que topa es con su compañero. Pocas veces el hombre impondrá su criterio en la ropa que lleve su pareja, pero sus gustos todavía cuentan en el tratamiento del pelo y el vello corporal. Según Yolanda Aberasturi, con varias peluquerías en Bilbao, “vivimos en un país conservador y con una fuerte influencia de la cultura árabe en la que el cabello es un símbolo de provocación y sexualidad, hasta el límite de cubrirlo con un velo. Nuestras parejas todavía pueden ejercer un papel algo machista en ese caso. Por otro lado, España es el país de Europa donde menos nos cortamos el pelo porque la melena es considerada todavía como un gesto muy sensual para una gran mayoría de los hombres. También representa juventud. Por eso ahora muchas mujeres de más de 40 se resisten a cortarla, porque les envejece. Un cabello largo y abundante representa plenitud, sensualidad y belleza dentro de la cultura mediterránea”.

Individualmente, cualquier cambio en el rumbo de la vida, decisión rotunda, luto, separación o reinterpretación de nuestro papel en el mundo, lleva implícito un rediseño capilar, como los budistas que se afeitan el cráneo al entrar en el monasterio. La decisión de la princesa Anna (Audrey Hepburn) de Vacaciones en Roma, de olvidar sus obligaciones y el protocolo de la vida real y coger la vida por los cuernos, empieza con un iniciático corte de pelo. Lo primero que hizo Orson Wells para desprender a Rita Hayworth del fantasma de Gilda fue cortarle su cabellera pelirroja y teñirla de rubio platino para que interpretase La dama de Shanghái. La cantante Alanis Morisette recurre también a las tijeras y reduce sus cabellos como símbolo de liberación en el vídeo Everything, lo mismo que Sidnead O’Connor, que se rapó al cero en una especie de crucifixión pública al tiempo que rompió una foto del papa en un concierto, antes de retirarse del mundo. Britney Spears, en uno de sus peores momentos vitales, cortó también sus cabellos (un caso más reciente en esta línea podría ser el de Allison Pill en The Newsroom), lo mismo que Victoria Beckham para cerrar su etapa hortera y demostrar a todos que todavía le quedaba algo de materia gris y sentido del gusto.

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Miley Cyrus y Ginnifer Goodwin.

Getty

Para muchas mujeres la peluquería sustituye, no pocas veces, al diván del psicoanalista. “Completamente”, reconoce Yolanda Aberasturi, “en el salón se ejerce mucho la psicología y la empatía. Un corte radical puede significar un cambio en la vida, romper y empezar de nuevo: depresión, separación… En esos momentos se necesita una transformación en todos los sentidos, y el cabello manifiesta mucho el estado de ánimo. El pelo es un recurso para manifestar nuestra identidad”.

Beyoncé, Rihanna, Cocó Rocha, Pixie Geldof, Anne Hathaway, Ginnifer Goodwin o Sandra Bullock son algunas de las celebrities que han cumplido con el ritual del corto y cambio en toda su extensión. Claro que ahora estos actos no son ya tan decisivos ni irreversibles, gracias a las extensiones. De hecho, Beyoncé ya ha corrido a alargar sus cabellos y ha trasformado el corte a lo garçon en una melena corta, en tan solo una semana, mientras Miley Cyrus se gasta auténticas fortunas en peluquería. Otro signo más de los tiempos caóticos, bipolares y descafeinados en los que vivimos, pero eso sería materia para otro reportaje.

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La última portada de Vogue USA con Sandra Bullock con el pelo corto.

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Michelle Williams hace años que se resiste a llevar melena.

Getty

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Katy Perry ha sido la última en unirse a este corte de pelo. Foto: Getty

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