Desconecta con un masaje

Recorremos los principales tipos de masajes. Una buena alternativa para liberar estrés.

Jessica Alba masaje

En la tradición tailandesa, los masajes formaban parte de un ritual de curación que se reservaba a los templos. Más de 2.500 años después, son una herramienta accesible y sin efectos secundarios contra la epidemia del estrés.

Un masaje te pone en contacto con el cuerpo. Algo que, para todas esas personas que viven principalmente en la cabeza, no es nada habitual”, señala Virginia Hernando, masajista Shiatsu desde 1992. Se trata de un contacto que a menudo produce un desbloqueo de tensiones que, a su vez, consigue que uno salga del masaje renovado, y con un estado de ánimo bien distinto al que tenía cuando lo comenzó.

¿Pero qué tipo de masaje elegir? La proliferación de estilos puede ser resultar mareante: masajes con chocolate, vino o con piedras de jade; balinés; anticelulítico…No están todos los que son, pero damos un repaso a los más populares:

1. Shiatsu

Literalmente significa –en japonés– presión (atsu) con los dedos (shi). El ministerio de Sanidad de Japón reconoce los beneficios de esta práctica, en la que se aplica presión con los dedos pulgares en determinadas partes del cuerpo para restablecer el equilibrio físico y psíquico. Se apoya en los principios de la medicina china y trabaja con los meridianos o canales energéticos.
En última instancia, su objetivo es “aumentar la capacidad de curación del organismo de forma natural”, señala Hernando, ex directora de la Escuela Japonesa de Shiatsu, en Madrid. Una capacidad, señala Hernando, que se va deteriorando poco a poco por culpa del estrés.

La terapeuta señala que el masaje “te hace ser más responsable del proceso de dolor o tensión que estás viviendo”. La otra opción, señala Hernando, es “ir a la farmacia y comprarte un relajante. Pero con el masaje tomas las riendas. Es una herramienta para que yo, que tengo capacidad para curarme, me cure”.

Un fuerte dolor de espalda le llevó a probar este tipo de masaje años atrás. “Había cambiado de colchón, hecho de todo, pero no funcionó. Me hablaron del shiatsu y lo probé. Y no he vuelto a tener dolor de espalda nunca más”, señala Hernando.

Además de un eficaz remedio contra el estrés y la ansiedad, el shiatsu es apropiado para dolores cervicales y lumbalgias y a lo largo de todo el embarazo. La paciente, en ese caso, se recuesta de lado.

Precio medio: 40 euros hora.

2. Masaje ayurvédico

El masaje tiene una larga historia en la India como parte vital de la medicina ayurvédica. El terapeuta aplica hierbas y aceites (habitualmente de sésamo) para equilibrar los elementos internos del cuerpo. Tiene tres objetivos: aumentar la circulación, estimular y fortalecer el sistema linfático y equilibrar la fuerza vital y mental, señala Violeta Arribas, directora del centro de yoga y terapias Padmasana.

“La mayoría de los sistemas de masaje se concentran en las distintas partes del cuerpo, una por una”, señala Arribas. “El masaje ayurvédico conecta un lugar físico con otro con movimientos rápidos profundos y vigorosos, que estimulan a la vez energías dormidas y ayudan a alcanzar las capas más profundas de la mente”.

Arribas tiene este recuerdo del primer masaje ayurvédico que recibió, hace diez años en India: “Dos muchachas nativas enfundadas en saris de algodón sincronizaban sus manos empapadas en aceite cálido, recorriendo mi cuerpo sin levantar las palmas, como si grabaran unos nuevos surcos en el disco de mi ser, reconfortándolo, tranquilizándolo, haciéndole volver a su esencia, y todo en un profundo silencio”. Arribas señala que no se habla en un masaje ayurvédico porque “hay que viajar al interior y reconectar”.

Precio medio: entre 50 y 60 euros.

3. Tailandés

Es una de las técnicas de masaje más antiguas que se conocen. Su origen se sitúa en India, hace unos 2.500 años.

Según la Escuela Española de masaje tradicional tailandés esta técnica “demuestra un profundo conocimiento de la anatomía humana. Realiza un trabajo minucioso y muy efectivo de toda la musculatura”. Está especialmente indicado para la liberación de la tensión muscular y articular. Además mejora la circulación sanguínea y linfática, y colabora en la activación del metabolismo. Al igual que el shiatsu, trabaja sobre los meridianos o líneas energéticas que, cuando se bloquean, producen dolores y enfermedades.

El terapeuta usa sus manos, pies e incluso codos para aplicar presiones sobre puntos específicos a lo largo de estos canales, en combinación con suaves estiramientos y posturas de yoga. Se consigue un efecto a la vez energético y relajante. Esto libera la capacidad auto reguladora del cuerpo, y se restablece el equilibrio.

Precio medio: entre 25 y 40 euros.

4. Reflexología

Como el tailandés, la reflexología (traducción directa del inglés reflexology) tiene una larga historia. En esencia, consiste en realizar presiones en el pie del paciente con las que se llega a todo el organismo. Se utiliza para desbloquear tensiones en el cuerpo y enviar señales a los órganos bloqueados para que mejoren su funcionamiento. Aunque la ciencia cuestiona su validez, es importante recordar que se basa en la manipulación de la energía, un concepto ajeno a la ciencia occidental.

“La sensación es de bienestar, de sentirse acogida”, señala Raquel Saez, masajista en Altea (Alicante). “Es una parte del cuerpo que no se suele tocar. Así que cuando alguien te toca los pies es muy especial”. Sáez, formadora de reflexología para padres, recomienda este masaje para mantener un vínculo vivo con los hijos.

Precio medio: 30 euros la hora.

5. Metamórfico

Consiste en un toque suave e intuitivo en tres zonas del cuerpo: los pies, las manos y la cabeza. Está especialmente recomendado para personas con síndrome de Down, autismo y depresión; para embarazadas, bebés y, en general, como terapia para combatir el estrés, según Antonia Fajardo, terapeuta de Madrid.

La creación de la técnica se atribuye a Robert St. John, un naturópata y reflexólogo británico. Según John, los problemas físicos y de conducta están condicionados por las grabaciones que el feto realiza en el periodo prenatal. En su trabajo con niños autistas, John consiguió que mejorase su actitud y se relacionasen mejor con su entorno.

Precio medio: 40 euros la hora.

Natalia Martín Cantero es periodista. Si quieres ponerte en contacto con ella escribe a natalia@vidasencilla.es

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