«Deberían llamarlas ‘satismanter'»: vuelve la manta eléctrica y la bolsa de agua caliente en el invierno más gélido que se recuerda

Ante la subida del precio de la luz y la proliferación de casas sin calefacción, se recurre a métodos de calor concentrado

Foto: Getty

En la última entrega del podcast Oye Polo, la humorista catalana Maria Rovira, conocida como Oye Sherman, lanzó un mensaje de amor al objeto que considera el “zafiro de sus entrañas”, su manta eléctrica. “He renovado el compromiso más firme y emocional que es el que tengo con ella. Tengo un compromiso ético y estético”, se explayaba.

No es la única que ha descubierto o redescubierto este humilde artilugio que ha salvado a más de uno de los rigores de Filomena. El guionista Enric Pardo, que ha firmado series como Mira lo que has hecho, está también rendido a su manta eléctrica. Él defiende que no son una cosa de ancianos y hasta quiere creer en el mito de que adelgazan. “Llegados a una edad, hay ciertas cosas que representan pequeñas pero inexorables renuncias, por ejemplo: los viajes a Turquía, las gafas progresivas o el orinal bajo la cama…lo que no es en absoluto una renuncia es tener una buena manta eléctrica que, puesta a la altura de la cintura, pueda moverse alrededor de tu cuerpo, calentando un poco la tripa, un poco el pecho  un poco el culo, un mucho las lumbares. La manta eléctrica hace ahorrar en calefacción, cosa nada menor en un país de puertas giratorias a la velocidad del rayo. Una buena manta eléctrica debe tener diversas intensidades a calibrar que permitan incrementar o reducir la fuerza del placer caliente; si las vendieran en Platanomelón las llamarían la “satismanter”. Por último, no está probado pero diría que mientras duermes el calor de la manta eléctrica te hace perder unas calorías de más”.

Pardo admite que esta teoría suya no tiene mucha base científica pero que tras una noche con manta eléctrica uno se levanta “con esa sensación de skinny morning”. Y añade: «La mala prensa dirá que, en el pasado, hubo personas mayores que murieron a causa de sus mantas eléctricas. Si bien es cierto que la causalidad nunca fue probada, mucha tente culpo del deceso a la manta eléctrica. Nada más lejos de la realidad. Aquellas personas mayores murieron más por ser mayores que por el calor de la manta eléctrica. Es más, muriendo sobre su manta eléctrica, consiguieron lo que  muchos ansiamos para el final de nuestros días: morir tranquilos y calientes, durmiendo en nuestra cama”.

Manta eléctrica de Solac.

Twitter también está lleno de odas: “Me compré una manta eléctrica y ha sido la mejor compra del año so far”, “me voy a acostar en el sofá con mi amiga, la manta eléctrica”, “me voy a acostar en el sofá con mi manta eléctrica. Qué a gustito se está”. Muchas están de rebajas y los precios oscilan entre los 30 euros de los modelos más sencillos a los más de 100 euros que cuestan las más sofisticadas.

Según un estudio de la consultora PriceWaterhouseCoopers de 2017, hasta el 66% de hogares españoles no disponen de un sistema de calefacción adecuado. Según el mismo informe, el gasto medio de calefacción en una vivienda de 90 metros cuadrado estaría entre 760 y 928 euros al año con gas natural y entre 1.960 y 2.168 con calefacción eléctrica. Y esos eran números muy anteriores a la escandalosa subida del precio de la luz de las últimas dos semanas, cuando los precios del mercado mayorista se han disparado en un 123%. En muchas casas ni siquiera se puede plantear ese dilema, encender o no la calefacción sabiendo lo mucho que gasta, puesto que no hay. Sobre todo en zonas de costa, en las que las casas no están preparadas para el invierno.

Ante ese panorama, y con unas predicciones que apuntan a que el frío aun arreciará durante semanas, se están redescubriendo los métodos de calor concentrado. No solo la manta eléctrica, también artilugios tan clásicos como la bolsa de agua caliente, buena amiga de muchas mujeres que recurren a ellas para paliar el dolor menstrual. Hay muchos modelos forrados con el clásico jersey de ochos, como si fueran Chris Evans en Cuchillos por la espalda, pero también las hay con fundas de forro polar, como ésta de Women’s Secret o variaciones kawaii, como ésta de Maisons du Monde con forma de zorrito de peluche.

Bolsa de agua caliente de terciopelo de la firma Amara. (98 euros)

Por supuesto, este mercado también ha sido objeto de disrupción. En Reino Unido, donde hay larga tradición de usar botellas de agua caliente, existe The Hot Water Bottle Shop, donde venden también muñecos que se puedne calentar al microondas, como éstos que representan a los adorables Wallace y Gromit, y prendas también aptas para microondas. No es casualidad que de los seis modelos de zapatillas eléctricas que hay en la web, en la segunda semana de enero y con el país confinado, cinco estén agotadas. Desde la marca explican cómo usar sus productos para combatir el insomnio, la ansiedad, el estrés y los dolores musculares.

Otra marca, YuYu, produce botellas de agua caliente de forma alargada en colores con nombres como “papaya” y “brisa del océano” y con coberturas de lino que cuestan hasta 65 euros. ¿Es posible gastarse aún más dinero en una botella de agua caliente? Por supuesto. La marca Amara comercializa una que cuesta 98 libras en terciopelo y seda que está ahora mismo agotada en su web. Lejos de estas versiones, por ocho o diez euros se puede encontrar una bolsa clásica, para rellenar con agua casi hirviendo o apta para microondas a la que abrazarse para pasar lo que queda del invierno tras el paso de Filomena.

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