De dermocosmética o cosmecéutica: diccionario para no perderse entre tanto término ‘de belleza’

La cosmética evoluciona a pasos agigantados y encuentra nuevos terrenos que requieren nuevos nombres. ¿Qué tienen de especial los neurocosméticos o los nutricosméticos? ¿Son aptos para todos?

dermocosmetica

La usuaria encuentra un catálogo cada vez mayor de productos para cuidar su piel, acompañados de nombres nuevos de los que, generalmente, desconoce su significado. Foto: getty images

Durante los últimos años, han comenzado a proliferar los sobrenombres entre las firmas que persiguen el cuidado de la piel. El término cosmética se enfrenta ahora a otros que acompañan los nombres de las marcas y que prometen una eficacia mayor, ya sea para cubrir todo tipo de pieles, sin alergias de por medio, o para solucionar un problema concreto en profundidad. Pero ¿qué significan todos estos términos? ¿Quién debe optar por ellos y por qué? Hemos recurrido a una serie de expertos para aclararnos entre tanta terminología.

Dermocosmética

¿Qué es? «Una mezcla entre la dermatología y la cosmética, con efecto en las capas profundas de la piel, pero sin ser considerados medicamentos», explica el doctor Manuel Rozalen, director de Bionike en España. «Habitualmente están prescritos por dermatólogos o farmacéuticos y han demostrado mayor efectividad frente a los cosméticos que únicamente tratan la piel por fuera».

¿Qué requisitos deben cumplir los productos? «Los dermocosméticos contienen principios activos eficaces y en concentraciones lo suficientemente elevadas como para conseguir un efecto realmente visible en la piel», cuenta Marta Barrero, farmacéutica experta en dermocosmética y cofundadora de The Secret Lab. «Entre los ingredientes con actividad probada, demostrada y cuya composición es segura y eficaz, se encuentran la vitamina C, el retinol, el ácido hialurónico o los alfa y betahidroxiácidos». Además, pasan por exhaustivas pruebas clínicas con un objetivo claro: que puedan ser utilizadas por cualquier tipo de piel. «Se realizan casi el mismo número de ensayos que sobre un medicamento. Su composición está perfectamente definida y los pueden utilizar hasta las pieles más sensibles».

¿A quién se le recomienda usarlos? «Este tipo de productos centra sus esfuerzos en solucionar problemas con desequilibrios en la piel como el acné, las discromías, dermatitis…», desgrana el dr. Rozalen. «Es especialmente eficiente para las personas que tienen la piel sensible. Es aconsejable utilizarlos si al emplear los cosméticos de siempre notamos alergia o irritaciones en alguna zona del cuerpo». Barrero añade: «También está indicada para personas que buscan mayores resultados y con un efecto más prolongado y duradero que los que ofrece la cosmética tradicional».

¿Se pueden aplicar de forma continuada? Los dos expertos coinciden: sí, pero adaptando su uso a los cambios de nuestro órgano. «Es fundamental ir modificando los principios activos que utilizamos en nuestra rutina, para cubrir las necesidades de la piel en cada momento», afirma Barrero.

Cosmecéutica

¿Qué es? «La palabra proviene de la unión de dos términos, cosmética y farmacéutica. Hace referencia a una cosmética de calidad farmacéutica, lo que implica altos estándares en formulación, producción, calidad, autorregulación y eficacia», dice Arantza Azparren, formadora internacional de mesoestetic. «Están enfocados a tratar una necesidad determinada de la piel, habitualmente relacionada con retrasar algún signo de la edad y luchar contra el paso del tiempo y sus efectos sobre la piel», apunta Cristina Rovira, brand manager de Skin Generics.

¿Qué requisitos deben cumplir los productos? «El cosmecéutico, al contrario que el cosmético, penetra hasta la epidermis, y lo que hace es mantener, proteger, limpiar y mejorar la salud de la piel, pero tampoco cura o previene dolencias específicas como los fármacos, que reparan, corrigen o modifican las funciones fisiológicas mediante una acción farmacológica», aclara Raúl Pérez, director científico de Sibari Republic. «Entre sus ingredientes, se encuentran el ácido hialurónico; los extractos de plantas como el aloe vera o el árbol de té, que son antibacterianos, antiinflamatorios y antioxidantes; las vitaminas A, B y C; los AHAs; y otros como péptidos o factores de crecimiento».

¿A quién se le recomienda usarlos? «Tratan diversas osteopatías, como las manifestaciones del envejecimiento cutáneo, hiperpigmentaciones o la remodelación corporal general», narra Azparren. «Algunos deben ser prescritos por profesionales. El profesional realiza un diagnóstico personalizado para ofrecer estrategia terapéutica específica que combine tratamientos en clínica y domiciliarios». Rovira puntualiza: «Es determinante saber qué tipo de piel es la que vamos a tratar y cuáles son sus necesidades o qué buscamos ‘atacar’ en ese momento para darle a la piel aquello que realmente pide».

¿Se pueden aplicar de forma continuada? «Desde Skin Generics recomendamos siempre ser prudentes. Para quienes comienzan con sus primeras experiencias con cosmecéuticos, lo ideal sería empezar a usar productos con concentraciones no muy elevadas. En caso de que las concentraciones sean un tanto elevadas, su frecuencia de aplicación semanal debería irse incrementando paulatinamente para que la piel vaya aceptando las fórmulas y evitar así reacciones o efectos adversos».

Neurocosmética

¿Qué es? «Sustentada en la neurociencia, es el tipo de cosmética que interactúa con el sistema nervioso cutáneo, implicándose directamente en la homeostasis de la piel y sus posibles trastornos», cuenta Eva Raya, CEO de Alice in Beautyland. «Las células de la piel disponen de receptores y sintetizadores de neurotransmisores que conectan con el cerebro, respondiendo visiblemente a distintos estímulos físicos y emocionales».

¿Qué requisitos deben cumplir los productos? «Su objetivo es mantener la comunicación idónea entre las neuronas y las células de la piel y pueden ayudar de igual modo a proteger los neurotransmisores de la dermis», explica la directora de comunicación científica de Shiseido EMEA, Nathalie Broussard. «Deben tener un efecto sobre la piel a través del sistema nervioso, ya sea por estimulación de los sentidos (olfato, tacto, vista) o mediante acción directa en las estructuras nerviosas de la piel (células, fibras y neurotransmisores)». Entre los ingredientes que deberían contener este tipo de productos, Broussard lista: «Microesferas que estimulan mecánicamente los receptores sensoriales del tacto, ingredientes térmicos como el mentol que proporcionan un efecto refrescante, extractos de plantas que estimulan y protegen las fibras nerviosas, moléculas precursoras de neurotransmisores como los aminoácidos e ingredientes olfativos».

¿A quién se le recomienda usarlos? «Como un círculo vicioso, la psique puede fomentar las enfermadades somáticas y éstas pueden tener un impacto psicológico. Se ha demostrado que el uso de aromas relajantes o la realización de un masaje diario al aplicar producto reduce los síntomas visibles y mejora la apariencia de la piel gracias a la reducción del estrés», desvela Broussard. Por tanto, para Raya «un neurocosmético está recomendado a todas aquellas personas que busquen un resultado más profundo e integral en el equilibrio cutáneo».

¿Se pueden aplicar de forma continuada? La respuesta para ambas es afirmativa, puesto que cuanto más se utilicen, mayor efecto tendrán.

Nutricosmética

¿Qué es? «Se entiende los complementos nutricionales (o nutracéuticos) que, actuando desde el interior del organismo, ayudan a mantener el equilibrio fisiológico de la piel, cabello y uñas, protegiéndolos y manteniéndolos en buen estado, mejorando así su aspecto», asegura Maialen Elizari, del departamento científico de Consumer Healthcare de los laboratorios Cinfa, responsables de Be+. «Actúan a través de la vía digestiva, absorbiéndose por la sangre y redistribuyéndose en el organismo e influenciando acciones positivas sobre la piel», añade el doctor Moisés Amselem.

¿Qué requisitos deben cumplir los productos? «Aunque cada vez suena más el término, realmente no se tiene claro en qué consiste. Para que un producto sea nutricosmético debe contener ingredientes con una efectividad demostrada. Es decir, si decimos que mejora la firmeza de la piel es necesario que exista un estudio clínico que lo avale y lo demuestre», dice Mari Cruz Arcas, directora científica de Beauty & Go. Entre los componentes, como destaca la psicóloga y nutricionista especializada en Mindful Eating Itziar Digon, se suelen emplear aquellos que en cosmética han mostrado su eficacia para mejorar la piel. «Las vitaminas A, C y D, el calcio, el zinc, el magnesio, la coenzima Q10, aminoácidos, ácido hialurónico, oligoelementos como los presentes en el agua de mar…».

¿A quién se le recomienda usarlos? Los cuatro expertos coinciden en verlo como un complemento, nunca como una solución única. «A partir de la mediana edad se recomienda combinar los cosméticos habituales con nutricosméticos para potenciar sus efectos. También sería ideal complementar estas acciones aportando estos nutrientes a través de la alimentación», opina Digon. Arcas además advierte de que «en estados fisiológicos especiales, como embarazo, lactancia o sufrir alguna enfermedad, siempre se debe consultar al médico la ingesta de nuevos alimentos».

¿Se pueden aplicar de forma continuada? Depende del nutricosmético. Elizari, de Cinfa, diferencia entre dos tipos de nutricosméticos: «Algunos productos se podrán utilizar de manera puntual, como puede ser el caso de los nutricosméticos que preparan la piel antes de la exposición solar o en casos de caída capilar ocasional por dietas, postparto, etc., y otros podrán ser empleados de manera más continua, como ocurre con algunos suplementos vitamínicos, antioxidantes o ácidos grasos». Sobre los últimos, y centrados en la piel y el cartílago, el doctor Amselem recomienda un uso diario a partir de los 45 a 50 años y periodos de tres meses de consumo y tres de descanso antes de esa edad. Digon advierte que, al final, lo importante es seguir las recomendaciones de un especialista, pues algunos podrían conllevar un alto riesgo de toxicidad por un consumo excesivo.

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