Pagar más de 1.000 euros por un cosmético, ¿sale rentable?

Hay productos de belleza más costosos que la letra de la hipoteca, pero… ¿qué es lo que realmente justifica su alto precio? ¿El estado de la piel mejora exponencialmente tras su uso? Aviso: el caché de la marca o los costes de publicidad, no cuentan.

Foto: Amazon

Son rara avis, no superan los 30 o 40 ml., se encierran en envases lujosos y casi, casi se exponen en vitrinas. Sus etiquetas arrojan cifras de cuatro dígitos con la misma soltura que una pluma se posa sobre el suelo, pero aun así, se venden… Antaño, justificar su contenido en oro de 24 kilates o caviar iraní del mejor pedigrí, era argumento más que suficiente para engrosar la cifra sin el menor pudor, pero hoy el cuento cambia: que si se ha utilizado una tecnología inteligente ultra sofisticada pendiente de 10 patentes que deposita los activos justo donde la piel los necesita, que contiene el ingrediente más escaso y nutritivo del planeta Tierra proveniente de un lugar al que solo se puede acceder con paracaídas (puede que hasta lleguemos a conseguir activos de la Luna, ahora que los chinos están cultivando), o que su aroma ha sido creado por maestros perfumistas nativos de Grasse… Quien diga que no es atractivo, miente.

La cuestión es que antes de lanzarnos a la nada desdeñable tarea de adquirir un cosmético de más de 1.000 euros, deberíamos sopesar algunos detalles que podrían verificar lo acertado de la acción.

¿Qué justifica su precio?

“Ingredientes difíciles de conseguir o el alto coste en investigación”, asegura José Luis Martínez, Director General de Kosé en España, refiriéndose a AQ Meliority Intensive Cream de Decorté (990 €, 45 ml.), la marca premium del gigante japonés. Los culpables de su elevado precio: una exclusiva combinación de 30 ingredientes entre los que destacan los di-péptidos (ayudan a estimular el fibroblasto para producir más colágeno y elastina, además de promover la cicatrización de heridas y minimizar pequeñas anomalías de la piel), el tofu, el guisante, la calabaza o el extracto de semilla de soja negra de la región de Tamba, prefectura de Hyogo (Japón) -un valle situado a 300 metros de altura de suelos arcillosos, con una temperatura extrema entre el día y la noche, clima cálido en verano y frío en invierno, que lo hace muy valioso para el cultivo de soja negra de altísima calidad-. ¡Oh, sí!, aquí está la gallina de los huevos de oro, el santo grial, el motivo por el cual hasta Ponce de León resucitaría…

Los investigadores de Decorté -más de 200 en sus cuatro centros de Investigación en Japón y uno en Francia, es por eso líder y ha sido premiado en varias ocasiones- han llegado a la conclusión (¡bling, bling!, esas investigaciones añaden ceros a la factura) de que el extracto de semilla de soja negra contiene el mayor porcentaje de fitoestrógenos, las moléculas vegetales que imitan a las hormonas femeninas, ergo combaten la deshidratación, minimizan la pérdida de densidad y tersura, regulan la secreción sebácea y aumentan el grosor de la piel, por lo que las arrugas y la flacidez disminuyen. Por si fuera poco, promueve la producción de ácido hialurónico y activa la renovación celular, y ese color negro tan intenso tiene un valor añadido: su alto porcentaje en antioxidantes, concretamente antoniacinas (reducen la inflamación cutánea y protegen frente a la pérdida de agua). Pero los beneficios de su fórmula no terminan aquí: el extracto de camomila actúa sobre la hormona del crecimiento y promueve un sueño reparador, a lo que se añade el extracto de hoja de menta que actúa sobre las endorfinas y favorece la activación celular. ¿Quién da más?

En el caso de Prestige La Cure de Dior (1.220 euros, 3 viales de 15 ml.), 10 años y siete generaciones de cruces de flores fueron necesarios para gestar una rosa única en el mundo con fines cosméticos: la rosa de Granville, la variedad más resistente, con gran vitalidad y una composición molecular única (tiene 8 moléculas que no posee ningún otro tipo de rosa en el mundo) y cuya principal virtud es su alto poder antiinflamatorio. Esta rosa tan mimada requiere cuidados manuales a lo largo de todo el año y las flores se han de cosechar a mano por personal ultra cualificado en un momento muy determinado y muy rápidamente, hay que transformarlas de inmediato para que conserven toda su pureza bajo los principios de la cosmética fresca. “Recoger las rosas en el momento adecuado es una verdadera carrera contra el tiempo. En cuanto la naturaleza da la señal, hay que recoger cada flor a mano con un gesto preciso», cuenta Jérôme Rateau, responsable de Creación Varietal.

¿Más justificaciones? La escasez de la materia prima: solo se disponen de unos 800 rosales en todo el mundo. Luego hay que transformar la rosa en aceite, y esto tampoco es pecata minuta… Se hace de manera artesanal con tecnologías de vanguardia para obtener la máxima cantidad de moléculas activas a partir de un número mínimo de flores. Otro aliciente que infla el precio es el manipulado artesanal que requiere el packaging. Este precioso oil-in-serum se encierra en tres ojivas de vidrio (cada ánfora contiene la cantidad exacta para una semana de cura), selladas con hilo de oro, precintadas con cera blanca por las petit-mains de las mujeres de los talleres Saint-Jean de Braye (Francia), que luego depositan a mano cada ánfora en su estuche e incluyen un certificado de trazabilidad que garantiza la pureza, frescor y potencia del maravilloso elixir.

Al igual que la soja negra de Tamba y la rosa de Grenville, el platino es otro de esos ingredientes raros, escasos y muy costosos cuyas propiedades lo hacen único. “El platino es un metal precioso extremadamente raro, solo hay alrededor de cinco partes por billón en peso en la corteza terrestre. Se cree que originalmente llegó a la Tierra desde una estrella distante. Los recursos de Platino que se pueden encontrar hoy cayeron sobre la Tierra hace más de cuatro mil millones de años durante una lluvia de meteoritos que duró más de 200 millones de años”, aseguran desde La Prairie para ensalzar las virtudes de su joya rejuvenecedora: Platinum Rare Cellular Night Elixir, tan solo 20 ml. al módico precio de 1.044 euros. Y es que el polvo de Meteorito se cotiza alto… Según investigaciones científicas, al parecer el origen de ciertos metales pesados y muy valiosos como el oro y el platino, se remonta al origen de los tiempos. Años y años intentando averiguarlo y terminó relacionándose con una pequeña galaxia a tan solo 98.000 años luz de la Tierra llamada Retículum II.

La fórmula de este portentoso elixir contiene péptidos de Platino (Platinum Peptide Complex, un complejo patentado) que actúan estimulando la producción de colágeno mediante un sistema de liberación único creando, además, un film invisible que mantiene la hidratación de la piel a niveles inauditos: se ajusta a la humedad cambiante y la temperatura de la piel para alcanzar una hidratación continua. Pero esto no es todo -a 50 euros el mililitro la receta tiene que ser más cañera-. A la pócima se le ha añadido el mayor nivel de concentración de su exclusivo Complejo Celular, desarrollado por científicos de La Prairie en tres laboratorios diferentes para asegurar así el secreto de la fórmula (que la confidencialidad también se monetiza).

Pero si hablamos de ingredientes caros, de vanguardia, cuyo valor en el mercado es directamente proporcional a la tendencia que cada vez lo mitifica más, ese es el cannabis… La cannabinoidemanía actual en cosmética no es más que la punta del iceberg de una tendencia que se está empezando a cobrar las primeras víctimas que han sucumbido a la adicción, porque quien bien conoce esta sustancia, asegura que habrá más cannabinoide-dependientes según se vayan descubriendo las maravillosas virtudes no solo cosméticas, sino terapéuticas de este ingrediente. “El CDB (cannabinoide) es el ingrediente más caro de nuestra formulación. Esto es debido a la explosión de la demanda que la industria está experimentando actualmente. A medida que la gente aprenda más acerca de sus propiedades curativas, la demanda no hará más que crecer, y con ella el precio”, explica Dennis Dannel, CEO y Co-Fundadora de TresMonet. En palabras de su creadora: “el único suero en el mercado capaz de transformar la piel en tan solo una semana”.

Stem + Hemp Serum de TresMonet tiene un precio de 1.100 euros por 30 mililitros, ¿qué lo justifica? “Para crear este suero se ha utilizado por primera vez una tecnología patentada, molecular, nuestros formuladores producen un cannabinoide de 20 a 800 veces más potente y biodisponible que el cannabionide estándar. Esta innovadora tecnología también permite que se pueda combinar con células madre activas de caracol por primera vez en la historia. Esto es importante porque el cannabinoide enfría las dendritas (los receptores del dolor) y ello permite que las células madre trabajen mejor, ya que sin CDB, las células madre podrían quemar la piel. Dicho de forma sucinta, los clientes están pagando por nuestra tecnología punta además de que este suero proporciona 1.000 mg. de CDB por porción, mientras que la mayoría de productos infundidos con cannabionides aportan unos 20-50 mg”.

Sinergias únicas gracias a los últimos avances en tecnología molecular, complejos patentados y de uso exclusivo que elevan la cifra final, o una mayor concentración de principio activo en comparación a otros ejemplares del mercado, son razones más que suficientes para ir agregando dígitos al montante final. Hay incluso quienes dicen que el secreto no está en el tipo de ingredientes sino en la receta, es decir, la fórmula. Sea como fuere, las promesas que ofrece una crema de lujo resultan irresistibles.

Pero… ¿transforman exponencialmente la piel?

“Ningún otro producto en el mercado es tan eficaz como nuestro suero y no hay nada a nivel cosmético que funcione más rápido. Ayuda en la curación de cicatrices y quemaduras y reduce la aparición de líneas finas y arrugas en tan sólo cinco días”, asegura la CEO de TresMonet. Y su argumento no es otro que la alta capacidad exfoliante tanto de las células madre como los cannabinoides, por tanto se logran los mismos efectos regenerantes de una exfoliación química pero 100% natural y sin sus efectos secundarios.

El resultado que suelen arrojar la mayoría de mediciones clínicas, es un aumento incontestable del nivel de hidratación y luminosidad de la piel, algo más que lógico y esperado en cualquier cosmético, independientemente del valor que arroje su etiqueta. No en vano, esa es su función primordial, definida como «sustancia destinada a ser aplicada al cuerpo humano para limpiar, embellecer o alterar la apariencia sin afectar la estructura del cuerpo o funciones», según la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA); o “toda sustancia o mezcla destinada a ser puesta en contacto con las partes superficiales del cuerpo humano (epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos) o con los dientes y las mucosas bucales, con el fin exclusivo o principal de limpiarlos, perfumarlos, modificar su aspecto, protegerlos, mantenerlos en buen estado o corregir los olores corporales”, según el Reglamento Europeo 1223/2009. Pero modificar su aspecto no va más allá de afinar el grano de la piel o uniformizar su tono, si no, no nos engañemos, no sería un cosmético, sino un medicamento.

La verdad sobre si estos ejemplares onerosos son capaces de potenciar el colágeno, dar más vida a las células para revertir el proceso de envejecimiento o transformar radicalmente la textura de la piel, queda en manos de los científicos…, pero si esos 1.000 euros sirven para verse y sentirse mejor, fomentar el hedonismo y elevar el nivel de autoestima, ¿quién lo puede juzgar…?

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