Cómo saber cuándo un cosmético está caducado

Es hora de hacer limpieza y deshacernos de todo lo que no está en buen estado. El cambio de color, el olor o cuando los diferentes elementos del preparado se separan son señales inequívocas de que el producto está alterado.

cosmeticos caducados

La cosmética también caduca, aunque a veces es difícil saber cuándo. Foto: Getty

Es muy sencillo saber la fecha de caducidad de un yogurt o de una bolsa de pan de molde, ya que la alimentación está muy regulada en este aspecto. Las consecuencias pueden ser graves si ingerimos productos en mal estado; sin embargo, la cosmética no está sujeta a leyes tan estrictas en cuanto al etiquetado, y a menudo desconocemos si una crema de cara, un bronceador o una base de maquillaje, inquilinos ya veteranos en la estantería del cuarto de baño, son todavía susceptibles de uso sin temor a efectos secundarios indeseados.

Según Paola Gugliotta, cosmetóloga, cofundadora y directora de la firma cosmética Sepai, “en España y en Europa, la ley dice que cuando un producto cosmético tiene una duración mayor a 30 meses no hace falta poner la fecha de caducidad en la etiqueta. Lo que si hay que incluir es el PAO (Period After Opening), que te dice el tiempo de vida de ese producto desde que ha sido abierto. Esta es la norma que rige para la mayor parte de los países europeos, aunque algunos, como Rumanía, son más estrictos y exigen que se incluya en el etiquetado la fecha de caducidad.»

A muchos puede asombrarle la larga durabilidad de los productos cosméticos, algo que nos ponemos en el cuerpo y que la piel también absorbe, en comparación a la corta existencia de los alimentos. Sin embargo, la explicación es sencilla, porque como apunta Gugliotta, “la cosmética no lleva prácticamente bacterias, que son las encargadas de la descomposición de las sustancias».

Pero sí que contiene agua, y al estar en contacto con el oxígeno y con las personas que la usan o manipulan pueden desarrollar bacterias, hongos o levaduras; razón por la que necesita también de conservantes. «La alimentación y el mundo de la belleza comparten muchos de estos productos ideados para alagar la vida. Por ejemplo, los temidos parabenos están presentes también en la comida y en los productos farmacéuticos, solo que pasan más desapercibidos para el gran público porque se nombran con letra E seguida de un número”, señala esta experta.

El problema con el PAO es que casi nadie apunta la fecha en la que abrió un bote de crema, un contorno de ojos o un solar y, si no lo consume continuadamente, puede que llegue un momento en el que sospeche sobre su fecha de caducidad. Según Pedro Catalá, doctor en farmacia, cosmetólogo y creador de la firma de productos de belleza Twelve Beauty, libre de parabenos, sulfatos, siliconas, derivados del petróleo y extractos glicólicos, “la media de duración de un PAO es de unos 6 meses. Los bronceadores deben cambiarse cada año, ya que los filtros solares son muy inestables y los cambios de temperatura o el excesivo calor a que están sometidos pueden hacer que éste pierda efectividad. Los aceites, que se han puesto tan de moda y que nos gustan tanto, son muy difíciles de contaminar, ya que las bacterias no proliferan en medios oleosos, pero sí que pueden oxidarse o enranciarse (algo que se detecta enseguida por el olor). En este proceso, pierden sus propiedades y crean radicales peróxidos, que son poco aconsejables para la piel. En caso de aceites, yo recomiendo usarlos en un periodo de tres meses tras su apertura”.

Una señal de que el producto no está en muy buen estado puede ser el cambio de color, el olor o cuando los diferentes elementos del preparado se separan; como por ejemplo en los solares, en los que el aceite parece que se haya enfadado con la crema y prefiera permanecer al margen.

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No conviene guardar nuestros productos solares de un año para otro. En la imagen, protector solar para rostro de Bella Aurora. Foto: Cortesía de Bella Aurora

Qué hacer para no precipitar la muerte de un cosmético

Hay también medidas que podemos tomar para evitar que los productos se contaminen antes de tiempo, y que las marcas tienen muy en cuenta a la hora de diseñar sus packaging.

Como apunta Paola Gugliotta, “los grandes tarros de crema que usaban nuestras madres, expuestos al aire y a las manos (a veces de diversas personas) que los abrían para abastecerse, no son muy recomendables. La mayoría de las firmas venden sus cremas en tubo, de modo que solo tocas la cantidad que vas a utilizar, o en envases airless (sin aire), e incluso algunas las comercializan en monodosis. Los productos que pueden estar en contacto con mucosas, como los contornos de ojos, suelen tener un PAO menor, ya que su proximidad a esta parte del cuerpo, llena de microorganismos, los hace más vulnerables a la contaminación”.

Pedro Cedeño, peluquero y maquillador de la agencia Talents, aconseja evitar tocar las cremas o bases de maquillaje, “incluso las de cierto nivel vienen con una cucharita para que te sirvas solo la dosis que vayas a utilizar”. Nada partidario de usar esponjillas para aplicar el fond de teint, él prefiere echarlo en la mano para que se caliente en contacto con la piel y aplicarlo con un pincel especial para esta tarea, que habría que lavar cada vez que se utilice, “porque sino va acumulando producto y el resultado final no será el mismo, llevarás más maquillaje del deseado”, señala este experto. Lavar las brochas de polvos o de colorete es otra tarea que hacemos mucho menos de lo que sería aconsejable, y que acarrea gérmenes e influye en el acabado final.

Cedeño aconseja también no compartir con otras personas la máscara de pestañas o la barra de labios. “En el primer caso puede contagiar una conjuntivitis o cualquier infección del ojo y en el segundo, si se presta a una amiga, siempre se debe limpiar luego con un pañuelo de papel. En Nueva York las tiendas de cosmética tienen muchos productos para probar y lo que hacen con las barras de labios es cortarle una pequeña rodaja después de que alguien las haya usado; así se aseguran de que no haya contagios y de que el cosmético no se contamine”.

Los coloretes en polvo y sombras de ojos son los productos más longevos de la cosmética. Los años pueden encogerlos o cuartearlos, pero su efectividad es la misma.

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Los coloretes en polvo y sombras de ojos son los productos más longevos de la cosmética. En la imagen, sombras de Shiseido.

La cosmética natural y su menor durabilidad

 Gloria Pavía, directora de comunicación para España y Portugal de la firma Lush, define su marca no como cosmética natural sino como cosmética fresca y hecha a mano. “El 65% de nuestros productos no tienen conservantes sintéticos pero también los utilizamos, aunque tratamos de que sean los menos dañinos y en una proporción menor, la mitad de lo legalmente permitido”.

La innovación de esta firma consiste en su afán por eliminar, en la medida de lo posible, los conservantes no naturales. “Una de las maneras”, apunta Pavía, “es prescindir del agua en las fórmulas, creando una gama de productos sólidos, como los champús en pastilla, las burbujas de baño; las barritas de masaje, que actúan como un hidratante corporal una vez frotadas sobre la piel, o los dentífricos sólidos. Para proliferar, las bacterias necesitan agua, quitando este elemento obtenemos productos que se autoconservan solos”.

En el caso de que sea imposible prescindir del agua, la firma ha desarrollado en los últimos años una gama de productos con conservantes naturales, muy útiles para mantener a raya a las bacterias. “Utilizamos arcilla, calamina, talco y caolín para absorber el exceso de agua; también añadimos sal, que es alcalina, para reducir el crecimiento de los microorganismos, que normalmente se desarrollan en condiciones ácidas. Como la manteca de cacao es sólida a temperatura ambiente, también reduce la cantidad de agua en un producto, lo que dificulta el crecimiento de los microorganismos. La miel cuenta con propiedades antimicrobianas, antisépticas y antifúngicas, así como un contenido de agua muy bajo, y todo eso la convierte en un excelente conservante natural. De manera similar, la glicerina crea un entorno desfavorable para el crecimiento microbiano, lo que nos permite usar menos agua”, apunta Pavía.

En general, los productos sólidos de esta marca duran 31 meses y el resto 14; salvo las mascarillas frescas (28 días) y las limpiadoras frescas (3 meses). “En todos nuestros productos aparece la fecha de creación, quién lo ha hecho y la durabilidad”, apunta esta representante de la firma.

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