Cinco formas de hacer deporte cuando NO te gusta hacer deporte

No sufras, planificarse según el ciclo menstrual e, incluso, apuntarse a carreras que acaban de cañas, también ayuda.

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Foto: Cordon Press

Con el frenesí del año que empieza te has propuesto que de este año no pasa. Vas a hacer deporte. Incluso, te vas a apuntar a un gimnasio. O, mejor aún. Has visto la marea roja de 40.000 runners en la San Silvestre Vallecana y has tomado la determinación de aficionarte a lo de correr. No estás sola: cada enero miles de ciudadanos de todo el mundo se hacen el firme propósito de afanarse a la vida sana, declararle la guerra al colesterol y al michelín y hacer algo de ejercicio. Buena parte de ellos, se quedarán en el camino antes de que acabe el año. En EEUU, el 12% de los que se inscriben en un gimnasio lo hacen después de Navidad. Pero según Fitness Industry Association, 24 semanas después, la mayoría se han desinflado. Eso sí, antes de tirar la toalla, habrán estado varios meses pagando religiosamente la cuota del gimnasio sin haberlo pisado. Un fenómeno tan habitual que hasta El Mundo Today le dedicaba uno de sus desternillantes artículos: “Abre el primer gimnasio para personas que luego no irán”. De hecho, los gestores de gimnasios lo saben: de ahí que pongan tantas facilidades y descuentos si pagas un año por adelantado. Aunque desertes antes de tiempo, ellos ya habrán cobrado la pasta. También es verdad que el hecho de tenerlo ya pagado, obliga moralmente a algunos a sudar la camiseta. Pero cada vez, con menos afán.

 

1. Mejor, poco a poco

 

Esta es la disyuntiva: o sumarse al tan de moda modelo “machaca”, más conocido como H.I.T. (siglas de high intensity training o entrenamiento de alta intensidad) o buscar un esquema flexible que nos permita adaptar el deporte a nuestra vida sin descoyuntarnos en los primeros meses. Para quienes no anden familiarizados con el término H.I.T. basta decir que se trata de sesiones frenéticas, de una media hora de duración, donde se ejercitan los músculos a tope, casi sin dejarlo recuperar. Visto desde fuera da la impresión de un entrenamiento militar. Si te pilla en un buen estado físico, sus resultados son demoledores: excelente ejercicio cardiovascular, máxima tonificación y pérdida de peso. A este tipo de rutinas pertenece el Crossfit: subir por una cuerda, saltos pliométricos, abdominales con bolas gigantes, levantar pesas rusas, usar un saltador… De todo y a toda pastilla. Pero si vas de nuevas, acabarás con agujetas hasta en las pestañas. Además, el ritmo enardecido de la clase y la fatiga muscular (se satura el músculo y apenas hay tiempo para recuperar) favorece las lesiones. A las dos semanas de caminar como Chiquito de la Calzada y sentirte la más torpe del pelotón, incapaz de seguir el ritmo de la clase, es muy probable de te des de baja.

 

2. Comprensión, que esto no es Rocky

 

Algunos preparadores físicos empiezan a desmarcarse de esta tendencia y apuestan por un entrenamiento personalizado donde el maestro ejerce más de psicólogo que de preparador físico. Ya no se trata de mandarte a hacer abdominales hasta que eches tu primer potito, sino de enseñarte paulatinamente a usar tu faja abdominal, insistirte en la importancia de fortalecer esa zona y, sobre todo, animarte mientras sudas la gota gorda. Antonio López, entrenador personal de Saludando, con sedes en el Hotel Hilton Madrid Airport y el Hotel de Las Letras, lo tiene claro: “Trabajamos con clientes que preparan triatlones. Pero también con otros que se están recuperando de lesiones. Y con muchas personas normales, en especial, mujeres de entre 30 y 50, que saben que tienen que hacer algo de ejercicio pero que ni quieren ganar maratones ni acabar con un cuerpo de top model. Que llevan todo el día en la oficina, tal vez hayan discutido con el jefe, o hayan dormido mal porque el niño está echando los dientes, o tal vez tienen problemas con su pareja”. La vida real no es Rocky y el coach debe estar a la altura. “Te toca casi un 60% ejercer de psicólogo y el resto, de entrenador. Personalmente, si veo a un cliente machacado, veo más sensato mandarle a casa que rematarlo con un entrenamiento. Mañana siempre será otro día”. Esto no significa abandonar el entrenamiento, sino apoyar a esa persona para que no le pille tirria al deporte. Se trata de que vea poco a poco sus progresos, de que introduzca la actividad física en su vida como algo agradable, no como un suplicio. “Ojo: también trabajamos mucho lo de las excusas. Siempre hay una buena excusa para no ir al gimnasio. Que si estás cansado, que si no tienes tiempo porque hay que hacer la compra, limpiar la casa, hacer un informe… Una sesión no es más que una hora. Es cuestión de organizarse y sacar tiempo”, insiste López.

Jane Fonda

Vamos chicas, seguid el ejemplo de Jane Fonda, esa mujer que no se toma el deporte como un sacrificio.

3. Entrenar según tu ciclo menstrual

 

Por mucho que entrenes, hay días en los que el cuerpo se empeña en no rendir. Les pasa hasta a corredores experimentados, como el maratoniano Chema Martínez, que sufrió lo indecible en la reciente Maratón de Nueva York. Mucho más si eres mujer, por aquello de los cambios hormonales. En Running Company, donde el 65% de sus clientas son mujeres, ya estructuran planes de entrenamiento con arreglo a los ciclos menstruales de cada corredora.

 

4. Sudar, sudar.. y luego.. ¡cañas y tapas!

 

Porque sí, porque no hay nada más mediterráneo que hacer algo de deporte al aire libre y luego celebrarlo levantando unas cervezas. Esa es la base de Beer Runners. Una iniciativa de Cerveceros de España que organiza carreras por todo el territorio nacional. Solo hace falta ser mayor de edad y querer correr. Primero, se suda durante 5 ó 10 kilómetros, y luego, cañas para celebrarlo. Lo de mezclar cerveza y deporte tiene una explicación dietética: “Se ha analizado la recuperación del metabolismo de los deportistas en relación con el consumo de cerveza y se ha concluido que, por ejemplo, las maltodextrinas (carbohidratos presentes en la cerveza) corrigen la posibilidad de hipoglucemia, que el consumo moderado de cerveza permite recuperar las pérdidas hídricas, o que contribuye a evitar dolores musculares como las populares “agujetas”, apuntan en su web. Sin contar con que algo de juerga después del esfuerzo sienta de maravilla.

 

 5. Hacerlo en grupo

 

Quedar con amigos para ir al gimnasio o para salir a correr, hace más difícil lo de encontrar excusas. Eso sí, una vez en el recinto deportivo, hay que darlo todo. Y cuidado con el tapeo de después. Si solo has quemado 200 calorías en yoga pero te atizas unas bravas con croquetas cada vez que sales de clase, los michelines tomarán posiciones en tu anatomía. Le pillarás manía al ejercicio y abandonarás antes de lo previsto pensando que “no sirve de nada”. 

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