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Bienvenidos a la era del la hermandad contra el acné

Celebrities como Daisy Ridley, Paris Jackson o Kendall Jenner naturalizan los granos en las redes sociales en la lección de #skinpositivity más importante que hemos visto en los últimos meses.

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Kendall Jenner en una imagen de 2017. Foto: Getty

Durante años el acné era el siniestro premio de una lotería de la naturaleza que parecía tener debilidad por las feas. Las guapas, las populares, las que tenían éxito, siempre se libraban de esos terribles granos que suelen marcar la puerta de entrada a la adolescencia. Ni la Kylie Minogue de Locomotion, ni la Elizabeth Taylor de Mujercitas parecían en su día tener problemas con el acné. Y si los tenían, para eso estaban un ejército de maquilladores listos para taparlos con lo que el maquillador Gato denomina “una gruesa capa de Titanlux que oculta toda imperfección”. Sin ir más lejos, la angelical Keira Knightley confiesa tener una piel horrible y que su impoluto aspecto en la gran pantalla es fruto de horas de maquillaje.

Entonces llegó Instagram y la moda del #NoMakeUp, con Alicia Keys a la cabeza. “Me ha costado la vida tener la piel como la tengo. Sé lo que se siente cuando tienes la cara llena de espinillas”, confesaba a corazón abierto a Elle UK. De paso, dejaba caer que lo que peor llevaba era “el juicio constante de las mujeres”. Abierta la veda, muchas estrellas juveniles, hartas de la servidumbre de las fotos oficiales, empezaron subir selfies sin el beneplácito de sus managers. Recién levantadas, en el gimnasio o antes de que las maquillaran. O maquilladas pero sin Photoshop. Y… ¡bum!, sorpresa, ellas también tienen granos. Tal vez no a un nivel desfigurante, que para detenerlo ya está la isotretinoína (el activo de referencia en la guerra contra esta afección de la piel) y los múltiples peelings y otros tratamientos médico estéticos. Pero sí lo justo como para apreciar con claridad ese incómodo grano premenstrual que toma posiciones en la nariz (que levante la mano la que no sabe de qué hablamos). O esa nariz, mejilla o barbilla que se llena de espinillas en fechas de máximo estrés. Para unas serán los exámenes, para otras, el inicio de una gira. Sí, resulta que las guapas, ricas y famosas tampoco se libran. Ni se molestan por esconderlo. Es más, lo comparten con miles de followers anónimos como algo normal. Las redes sociales se convierten en ese foro de confidencias que toda adolescente necesita cuando, de la noche a la mañana, su rostro muta. Fluye la información acerca de qué hacer (la actriz Daisy Ridley es rotunda: ir al dermatólogo). Pero también se crea una especie de hermandad contra el estigma que desde siempre rodeó al acné. Sí, todas tenemos o hemos tenido granos intrépidos.

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Daisy Ridley en una imagen de Instagram.

Por fin, un cambio de actitud. La pura verdad al desnudo. El #MeToo para ante un proceso tan natural como la vida misma. Arranca así la nueva era hacia la normalización del acné. También la del nuevo bodyshaming: el #AcneShaming (humillar a alguien por sus espinillas). Y frente a él, un poderoso nuevo movimiento: el #SkinPositivity o #AcnePositivity. El fotógrafo Peter DeVito (@peterdevito)  se declara superviviente del acné. Comenzó colgando primeros planos de su patología en su perfil de Instagram como medio para exorcizar unos demonios que arrasaron con su salud mental. Ahora cuenta con un proyecto personal que muestra instantáneas de rostros con diversas patologías cutáneas, desde vitíligo a albinismo o la alopecia. Una serie descarnada donde cada uno de los protagonistas vierte sus miedos al rechazo o a no casarse por raro. ‘Valgo más que lo que mi cuerpo ofrece’, reza una de sus instantáneas.

Recientemente el diario The New York Times se preguntaba si ahora el acné es cool. Ponía el foco en una nueva realidad: los nuevos influencers no están por la labor de seguir las reglas que marca la industria de la belleza, el sector editorial y la estética de la moda. Crean sus propios caminos y reivindican su derecho a compartir su imagen, le pese a quien le pese. Sea guapo o feo, con piel de melocotón o plagada de granos. En la era del ego virtual, las inseguridades no se esconden. Se comparten. Y de ahí, salen legiones fortalecidas. El acné no es cool. Simplemente, es real, como tener los ojos azules, el cabello pelirrojo o el dedo gordo del pie muy grande. Lejos de quedarse calladas, las guapas y famosas se suman al movimiento. Y replican con fuerza. “Nunca dejes que esta mi… te detenga”. La frase es de Kendall Jenner. Todo un misil frente a quienes se lanzaron como buitres sobre ella por plantarse en la alfombra roja de los Globos de Oro con un puñado de lustrosos furúnculos en la mejilla. ¿Qué esperaban? ¿Qué no fuera por estar premenstrual o con un brote súbito? Hasta una fan (@yellowcustards), desde Twitter, alzaba la voz cantando cuatro verdades que sonaban a #WeToo: “Ok, pero @KendallJenner posando y mostrando su acné sin dejar de ser una estrella rutilante es lo que toda adolescente necesita comprender”.

La top del clan Kardashian no era sino una más en esta cruzada contra el ‘acneshaming’. Famosa por no tener pelos en la lengua, la cantante Lorde se sinceraba en un Instagram stories acerca de sus ‘años y años’ de batalla encarnizada. También se mofaba de los y las marisabidillos que siempre se saben el remedio casero para eliminarlos. “Lo he probado todo, todos los medicamentos, todo de todo. No necesito oír más. Gracias”, comentaba en una grabación descarnada y con la cara lavada. Se le abren las carnes ante aquellos que, en pleno siglo XXI, siguen asociando el acné a la falta de higiene. “¿Te lavas la cara? Pues sí, me lavo la cara, pero estoy genéticamente maldita”, exclama. Paris Jackson (@ParisJackson) se suma al escuadrón y compara en Twitter la irregularidad de una piel acnéica con una pizza.

Jessica Alba reconoce que en su tierna adolescencia se las vio y deseó para acabar con los brotes cuando las hormonas andaban revueltas o no dormía bien. Y Angelina Jolie o Eva Longoria se dejan ver con acné adulto sin inmutarse. Son mujeres empoderadas que no se detienen por unos puntos negros. Y con su actitud brava animan a otras mujeres (y hombres) a no esconderse.

La parte más íntima de este outing son las confesiones de quienes vivieron años aciagos a causa de sus hormonas. Bellezas de hoy como Cameron Diaz, sufrieron un auténtico tormento en el colegio. Sí, a ellas también les llamaban ‘cara de paella’ o ‘la de los granos verdes’. Y eso te hunde. La propia Miley Cyrus confesaba a Elle que sufrió bullying durante su época como Hannah Montana. Tal fue el acoso y derribo que se sumió en estado un depresivo. Daisy Ridley vio cómo arruinaban su autoestima. Parte del pánico social de la protagonista de Los Últimos Jedi viene de aquella inseguridad. En su día, llegó a compartir una instantánea en Instagram con la cara lavada, gafas y crema sobre las espinillas. Hubo haters, acneshaming y mucha mala baba. Acabó cerrando su cuenta. “El acné te deja la autoestima hecha trizas. Odio el maquillaje, pero era la única forma de salir de casa. Lo probé todo: productos, antibióticos, más productos, más antibióticos… Me dejaron el cuerpo hecho unos zorros”, confesó.

La moraleja es el que el mal no es para siempre. Tampoco se cura definitivamente. “No existe un tratamiento de una vez y para siempre. Cierto que se alivia con la edad, pero puede haber brotes en la madurez”, advierte la dermatóloga Elia Roó, directora de Clínica Clider.

Por ello no hay que enclaustrarse en casa por unos granos que no respetan ni a las tops. Pero, sobre todo, se debe enseñar a las nuevas generaciones a respetar a quienes sufren acné, sin mofas ni escarnio. Y ahí aún queda mucho trabajo por hacer.

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