¿Reinventarse a los 50? Difícil, pero no imposible

Aprovechando que se acaba de estrenar la película Los 50 son los nuevos 30 analizamos cómo es posible empezar una nueva vida laboral en plena madurez.

¿Reinventarse a los 50? Difícil, pero no imposible

Marie-Francine es la protagonista de 'Los 50 son los nuevos 30'. En la película la abandona su marido y pierde su trabajo.

Una comedia que estos días está en las carteleras de cine es Los 50 son los nuevos 30, una película francesa interpretada y dirigida por Valerie Lemercier que, aunque no ha generado muy buena crítica, aborda un tema de actualidad en la cada vez más envejecida población española. La protagonista es una mujer en sus 50 que, de repente, debe encajar dos derechazos directos a la boca del estómago: su marido la deja por una mujer más joven y pierde su trabajo. A Marie Francine no le queda otra que volver a casa de sus padres que, contrariamente al resto de la sociedad, la siguen viendo y tratando como a una adolescente. Cuando se pone a trabajar en la tienda de cigarrillos electrónicos de sus progenitores conoce a Miguel que, aunque intente disimularlo, está pasando por una situación similar.

Las comedias tienen la obligación de encauzar los malos momentos, las decepciones y las rachas de mala suerte hacia un inevitable final feliz, pero la realidad no siempre cumple esta esperanzadora regla. De hecho, si rediseñarse es una tarea mucho más complicada de lo que dice IKEA; hacerlo pasados los 40 y muchos es todo un ejercicio de fuerza, autoestima y fe en el mundo y el género humano, que no todos pueden afrontar por si solos. En el caso de las mujeres, además, a esta edad se une la biología; y la menopausia entona, para muchas, su redoble de tambor para el más difícil todavía. El triple salto mortal sin red.

Elsa (soltera, 54 años. Madrid) trabajó toda su vida en gabinetes de comunicación. Una reconocida profesional que vio como a los 52 años su empresa cogió la tijera y empezó a recortar con un criterio puramente numérico. Y claro, comenzó por las nóminas más sustanciosas, las de los empleados más antiguos. De un día para otro Elsa se encontró en la calle, solo que sin padres ni negocio familiar. “El primer año me lo pasé en el campo, en una casa que heredé en Galapagar. Entre el paro y el alquiler de mi pequeño apartamento en Madrid, vivía bastante bien”, cuenta esta madrileña. “Además, necesitaba descansar y digerir el golpe. Que te echen de un trabajo en el que lo has dado todo no es plato de gusto, por mucho que nos digan que la cosa funciona ahora así”.

Pasados año y medio, la tranquilidad campestre empezaba a tener una melodía dulzona pero amenazante, como de película de David Lynch. Elsa era consciente de que debía reincorporarse a la vida laboral. “Me dediqué a mandar CVs, y a contactar con empresas. Algunas de ellas parecían intimidadas por mi trayectoria. “Demasiado buena”, parecían decir. Me sorprendió comprobar que la mayoría buscaban personas menos brillantes pero más aptas para el trote. No querían ropa de marca, querían Primark”. Desencantada con el nuevo ambiente laboral, esta cincuenteañera decidió crear su propio trabajo. “Jamás me he visto como una persona emprendedora pero no me queda otra”. Actualmente Elsa ha hipotecado su piso madrileño para crear su propio negocio. Una empresa dedicada también a la relaciones públicas, pero de la que no quiere dar pistas. “Prefiero no hablar todavía de ello. Aún no quiero hacerlo público, pero espero salir pronto.” Mientras tanto, esta emprendedora a la fuerza trabaja y ultima los detalles pero, como ella misma reconoce, “lo más duro es esa vocecita que, de vez en cuando, te pregunta, ¿Y si sale todo mal, y si no funciona? ¿Tenemos plan B?”.

¿Odian todas las empresas a los seniors?

 En opinión de Ernesto Poveda, economista, licenciado en administración y dirección de empresas por ESADE y miembro de BYS Asociación Española de Empresas de Búsqueda y Selección de Personal “afortunadamente, no todas las organizaciones se rigen por criterios economicistas y cortoplacistas, aunque la gran mayoría sí que lo hace y la crisis no ha hecho sino aumentar esta tendencia. Los números mandan, y deshacerse de los empleados de más edad, con mejores condiciones laborales y mayores sueldos, parece la máxima a seguir. Pero es una practica poco inteligente, ya que una empresa tiene que reunir un variado abanico de talentos y competencias. Los seniors aportan experiencia, habilidad a la hora de solucionar problemas, visión de largo recorrido y una amplia red de contactos, que se han labrado en su trayectoria profesional. Lo que ocurre es que ahora se sobrevaloran los conocimientos tecnológicos. La tecnología es una herramienta, una commodity, pero la inteligencia y la innovación vienen de las personas”.

La empresa de la que Poveda es miembro (BYS) lleva a cabo un proyecto para sensibilizar a los contratadores de que incorporen también seniors, y no solo jóvenes, a sus plantillas. “Un senior puede formarse en nuevas tecnologías o adquirir conocimientos de community manager en unas semanas; pero la experiencia de una vida profesional no puede enseñarse, por eso es algo más valioso. Además, una persona de 53 tiene todavía un mínimo de 12 años de vida laboral. Otros países de Europa o EEUU valoran especialmente a esta franja de trabajadores para puestos que requieran experiencia; como los del sector servicios, en los que se tenga contacto directo con el público, o que requieran de creatividad, reflexión o toma de decisiones”.

En opinión de este profesional, el ‘talent senior’ es un valor en alza para ciertos puestos pero, al igual que han hecho otros países, España debería revisar cierta normativa. “Está bien potenciar el trabajo de los jóvenes, pero también sería interesante dar ventajas a las empresas para contratar a mayores, compaginar la pensión con la actividad laboral y, dentro de las organizaciones, promover el ‘horario a elegir’, en vez del presentismo patrio. Pero además, el futuro y la mecanización del trabajo rutinario apunta una buena noticia para el talento, la experiencia, la capacidad de improvisación y los contactos; tareas ya más complicadas para los robots”, señala Poveda.

Qué hacer con 50 años y sin trabajo

No solo el mercado pone difícil que las personas maduras se reciclen laboralmente. Según Maite Finch, psicóloga, especialista en coaching y desarrollo de talentos y consultora de recursos humanos, “un gran hándicap es la falta de autoestima. La mayoría se han tomado el despido como sinónimo de que ya no valen y se sienten inservibles. En esa situación yo recomiendo hacer un balance de la trayectoria profesional para verla en conjunto y resaltar los aspectos positivos y los logros. Pero además, no es cierto que no tengan futuro laboral, hay muchas ofertas que no quieren gente demasiado joven. Los trabajos de producción, coordinación o liderazgo, por ejemplo, buscan perfiles con amplia experiencia”.

En opinión de Finch, tras un merecido descanso y desconexión del mundo laboral, los que quieran reinventarse deben poner manos a la obra. Hay que pensar qué se quiere hacer y qué se sabe hacer y, si no se tiene una urgencia económica, uno puede aprovechar para seguir formándose dentro de su especialidad. A la hora de buscar trabajo, aunque está bien ver los portales de empleo, esta experta aconseja utilizar también otras estrategias. “A día de hoy, el 80% de las ofertas de trabajo no se publican. La búsqueda de candidatos se hace en las redes sociales (Linkedin y BeBee, sobre todo), por eso hay que tener un perfil detallado y bien hecho, en el que se expliquen no solo las titulaciones sino también las habilidades y competencias. Por ejemplo, si se es dependienta, no solo vale decir dónde se ha trabajado sino si se ha gestionado caja, si se es capaz de cerrar cuentas o encargarse de los escaparates. Es también una buena idea seguir a determinadas empresas en las redes, para estar al tanto de si buscan personal o de sus movimientos y atreverse a acudir a los lugares en los que nos gustaría trabajar y pedir una cita con recursos humanos (no siempre es imposible) para que nos conozcan y puedan tenernos en cuenta en el futuro”.

Para los que estén pensando en desarrollar su propio proyecto, algunos coach, incluída Finch, hacen lo que se llama ‘marca personal’, un trabajo en el que se ayuda a definir el objetivo profesional y se diseña la estrategia para venderse o hacerse más visible. Pero cada vez más ayuntamientos cuentan con orientadores profesionales o centros en los que se puede dar asesoramiento profesional gratuito.

Los consejos de amigos, por bienintencionados que sean, no siempre son correctos. Claudia Manperi es una escultura que vende y expone por todo el mundo (España, Malasia, Nueva York, Chicago, Florida, Miami o Ginebra) y forma parte de los 80 artistas más importantes de España. Pero antes de eso Manperi, argentina de nacimiento, fue psicóloga, profesora de preescolar y luego regentó su propio centro alternativo de actividades y juegos, Litte Big, en Mahadahonda (Madrid). Se dedicaba a la escultura como hobby y un día decidió presentarse a un concurso. Ganó el primer premio internacional a pesar de que amigos y familiares le aconsejaron que no lo hiciera, que los galardones estaban ya dados, que todo era por enchufe. Su consejo es simple, “hay que evolucionar, cambiar; aceptar que, incluso a los 50, tenemos que descubrir muchas cosas sobre nosotros mismos y permitir que salgan. A pesar del miedo”.

Hubdot, networking y apoyo para mujeres

 Ángela de la Rosa es psicóloga y lleva un negocio familiar, una galería de arte oriental llamada Itálica, en Madrid. Durante cinco años vivió en Londres y como no podía hacerse cargo de su habitual trabajo decidió reciclarse y formarse como coaching profesional. Allí conoció a Hubdot, una plataforma de networking y de apoyo a mujeres, que nació en la capital inglesa en el 2012, de la mano de Simone Barbieri. Inspirada en el concepto de plaza italiana, su misión es revolucionar la forma en la que la gente hace las conexiones. “Estamos definidos no por un título de trabajo o un estado, sino por nuestra historia individual”, cuenta la web de esta marca.

Hubdot propone reuniones periódicas de mujeres en diferentes ciudades. Ángela es una de las organizadoras de la de Madrid, que tiene lugar cada 3 meses en diferentes espacios. “A la última vinieron unas 150 mujeres”, apunta de la Rosa, “casi todas vuelven y cada vez hay más. Funcionamos por el boca a boca”. Estos eventos, que duran dos horas, cuentan con diferentes partes, según explica Ángela, “en la primera seleccionamos a 16 mujeres para que cuenten su mensaje en 2 minutos; luego dejamos que interactúen unas con otras, como en una fiesta. Solo que aquí cada una lleva en la solapa un punto de un color, que significa algo (puede ser “estoy sola, busco ayuda”, “estoy dispuesta a ayudar”, busco una socia”), lo que facilita que se unan intereses comunes. En la tercera parte del acto hay un micrófono abierto para que, en 30 segundos, cualquiera pueda decir quién es y qué necesita”.

La razón por la que la que se acude a estas reuniones (asistir cuesta 15 €) es muy variada, “puede ser para hacer networking, pero hay también mucha gente que tiene la vida solucionada y quiere ayudar”, señala Ángela, que quiere recalcar que Hubdot no es una reunión de señoras bien que se aburren. “Aquí cabe de todo y, precisamente, nuestra filosofía es acabar con las barreras sociales, de clase y culturales y crear una red para que las mujeres se apoyen unas a otras”.

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