Pros y contras de ser ‘freelance’: el modo de trabajo que mira al futuro

Mayor libertad, movilidad y ausencia de jefes. También un aumento de los problemas de salud y condiciones más precarias. ¿Un modelo laboral apto para todos?

freelance

"Se permite [al freelance] plantearse '¿qué estoy haciendo con mi vida?' tres veces al día, bromea la cómica Karen Chee en su artículo 'Freelancers del mundo, ¡uníos en la desesperación!', en The New York Times. Foto: Getty Images

Ser freelance. Trabajar por cuenta propia, sin jefes y desde cualquier lugar del mundo con conexión a internet, ya sea tu pueblo o un lugar exótico y remoto. Ser freelance, también: trabajar dependiendo del encargo, lidiando con la incertidumbre de cuándo será el siguiente trabajo, sin vacaciones y, en España, pagando una cuota mensual inamovible con independencia de lo que se ingrese. Una forma de trabajo que es tendencia, dicen estudios como este de LinkedIn que asegura que el 43% de los trabajadores de Estados Unidos en 2020 serán freelancers y que el modelo se extiende en más países desarrollados. Forma que en algunos casos se presenta como una opción sugerente en busca de una mejor conciliación con la vida personal y, en otros, como la única opción para conseguir un trabajo -“el 42% de los españoles [que busca empleo] busca un trabajo flexible porque no encuentra uno permanente”, dice un informe publicado por Adecco y LinkedIn sobre la gig economy-. Analizamos con expertos sus ventajas y desventajas.

1. Libertad. No tener jefes que delimiten y controlen tanto el horario como la actividad y poder realizar el trabajo desde cualquier lugar y en las condiciones que se elijan. “Quienes trabajan como freelance destacan la libertad de esta modalidad. Pueden manejar sus horarios y definir cuándo entregar un trabajo. Esto les permite hacer otras actividades y organizarse mejor”, cuenta Gabriel Schwartz, psicólogo y director de Psicología Laboral, a S Moda. Así lo cree el periodista que está tras la cuenta de humor @Yo_freelance en Twitter, que prefiere mantener el anonimato. Lleva casi una década trabajando como freelance en el extranjero, colaborando para hasta una decena de medios (periódicos, medios digitales, revistas, radio…) y, según explica vía e-mail, “la principal ventaja es la libertad que siento respecto a mí y mi trabajo. Decidir qué quiero hacer, cómo lo quiero hacer. Sé que hay restricciones (sobre todo de tiempo y de presupuesto) pero siento que tengo mucha libertad sobre el trabajo que hago y eso me hace implicarme muchísimo en cada cosa”.

2. Gestión del tiempo. “Al menos un 60% de las funciones que realizamos podemos hacerlas en la modalidad de teletrabajo”, cuenta Rebeca Martínez Sánchez, doctora en Ciencias de la Administración por la Universidad Autónoma de México y autora del paper El teletrabajo como tendencia del mercado laboral, a S Moda. Esa posibilidad de trabajar desde casa o desde cualquier otro lugar abre la posibilidad en el caso del freelance a una mejor gestión del tiempo, ahorrando la cantidad de horas y dinero destinados al transporte a diario, y el desgaste psicológico que este conlleva. Y a una mejora de la productividad, siempre y cuando se tengan las herramientas: “Va a depender de las características psicológicas de la persona que sea beneficioso o no. No sería una modalidad recomendable para personas a las que les cuesta mucho autogestionarse o que son muy dispersos”, apunta Andrés Martín Quinteros, del Centro Psicológico Cepsim.

3. Adiós a los problemas (y beneficios) de la estructura de empresa. Permite librarse de ese jefe tóxico, del compañero fisgón y envidioso o “no sufrir mobbing (acoso laboral) y otras situaciones problemáticas que se dan dentro de estas estructuras más enfermas”, apunta Andrés Martín. Pero también “nos priva del sentimiento de pertenencia, que no se da al teletrabajar y que siempre es importante. Muchas veces un buen trabajo grupal puede fomentar la creatividad”.

4. Condiciones de trabajo más precarias. Estar desligados de esa estructura conlleva también la falta de mejoras y beneficios sociales derivados de las negociaciones colectivas. Si estas, como explica la socióloga Lidia Arroyo, investigadora de género y TIC del IN3 (UOC) y profesora de la UAB, están desapareciendo dentro de la propia estructura de la empresa a favor de unas negociaciones cada vez más individuales, el trabajo como autónomo está completamente desprovisto de ellas. “La externalixación de los puestos de trabajo ha hecho que empresas o instituciones que tenían personas contratadas las contraten ahora como autónomos que ofrecen servicios, de forma que ya no formen parte de la plantilla, lo que se puede entender como una expulsión de la estructura de trabajo. Eso hace que se pierdan derechos: permisos por vacaciones o enfermedad, y que estas mismas personas tengan que gestionar eso solas, lo que genera mucha más competencia entre los que antes eran compañeros de trabajo”.

“Trabajar a distancia debería ser un paso adelante en la evolución laboral que beneficiara a ambas partes, nunca un pretexto para abaratar el trabajo y precarizarlo”,  apunta Rebeca Martínez. “Es el trabajador quien asume todos los costos derivados del trabajo: tener un equipo y su mantenimiento, internet, la limpieza del lugar de trabajo, la renta de este”. Y también las responsabilidades: “Se deja en manos del trabajador lo que gana y las horas que trabaja, lo cual sería precioso en una situación idílica, pero no en la vida real, donde en realidad se juega con la situación de desventaja del trabajador que acaba aceptando muchos encargos a bajo precio para poder acabar el mes con un ingreso digno, a costa de haber echado más horas que las que tiene el día”, cuenta desde la experiencia @Yo_Freelance. “El trabajo no se valora económicamente como debería”.

“Escribo, colaboro, freelanceo. Se multiplican los verbos para explicar la ruina”, resumía la periodista Gabriela Wiener en su artículo Freelance: una autobiografía, publicado en ElDiario.es, donde señalaba además un informe de CNT en 2018 que radiografía la precariedad del trabajo de este gremio en el panorama nacional y apunta:  “Esta precariedad afecta especialmente a las mujeres periodistas racializadas, migrantes, trans y/o con diversidad funcional”.

5. Conciliar mejor la vida privada, ¿una trampa para la igualdad laboral de las mujeres? Sobre el papel, este modelo permite mejorar la conciliación con cualquier aspecto del ámbito privado que se quiera realizar, desde actividades o activismo, a los cuidados de terceros o el trabajo doméstico. El problema se da cuando, por estar estos dos últimos relacionados tradicionalmente con roles de género femenino, la conciliación o flexibilización del trabajo perjudica, de nuevo, a las mujeres.

“La rigidez de horarios en empresas antes hacía que las mujeres dejaran el puesto por no poder gestionarlos. Ahora, con modelos más flexibles, como el teletrabajo o el trabajo por encargos, se consigue un aumento de la autonomía e incluso de la creatividad: se pueden llevar a cabo proyectos propios e innovadores que dentro de una estructura más tradicional y patriarcal”, expone la socióloga Lidia Arroyo. Algo que empodera pero que no crea más oportunidad de empleo o condiciones igualitarias para ellas: “Hacen que dependan más de la capitalización. La sociedad está pensada en torno a las tareas de cuidado que realizará esa mujer, lo que provoca que los hombres vayan al trabajo con disponibilidad plena y que las mujeres entren y salgan del mercado en función de la demanda, lo que las hace candidatas perfectas para la gig economy y el trabajo freelance. Las dificultades del mercado regularizado vuelven a aparecer pero con condiciones mucho más precarias”.

6. Soledad, estrés y otros asuntos de salud mental. “La vida freelance es un combate contra las propias perezas y la propia soledad”, titula Yorokobu una entrevista con Sergio C. Fanjul, escritor y columnista en El País. “Cierto aislamiento y la pérdida de contacto e interacción que se generan cuando el trabajo es presencial”, entre las principales desventajas a nivel psicológico de este modelo, según Gabriel Schwartz. “La ventaja de no tener que ir a la oficina choca con sentirse un poco solo. Hay quienes piensan también que la falta de interacción tampoco permite crecer o acceder a puestos de mayor responsabilidad (y mejores pagos)”. Y surgen también otros problemas de salud mental como el estrés, la ansiedad o la depresión, a menudo derivados de esa incertidumbre sobre el trabajo a medio o largo plazo o de las peores condiciones de trabajo. Según un estudio de Health and Safety Executive en Reino Unido sobre trabajadores autónomos, “el estrés supuso el 37% de todos los casos de enfermedades relacionadas con el trabajo y el 45% de los días laborales perdidos por enfermedad”, recogían en The Guardian.

7. El tiempo es dinero o la dificultad para desconectar. “La imposibilidad de parar de trabajar y la consecuente pérdida de la capacidad de disfrutar”, explica de nuevo Schwartz. Una idea que tiene su germen en la contabilización monetaria del tiempo que se deriva de este modelo de trabajo: ¿cuánto tiempo me va a llevar hacer este trabajo y cuánto me van a pagar por ello? En su artículo La trampa psicológica de ser freelance, publicado en The Cut, la comunicadora Charlotte Cowles, lo cuenta así en primera persona: Me volví hiperconsciente de cuánto dinero podía (o debería) cobrar por mi tiempo, y esto me hizo infeliz y me hacía sentir mal cuando mis horas no laborables no alcanzaban el mismo valor. Era similar a la rabia de ver el taxímetro correr mientras estás en un atasco, ese goteo de minutos y dólares que pasa ante tus ojos”. 

8. ¿El freelance puede ser más feliz? Compartir el espacio de trabajo en coworking para combatir la soledad y aislamiento, elegir bien esas actividades o momentos del día que se dedicarán a lo personal y que trabajando en empresa no podrías llevar a cabo (una clase de yoga aprovechando el descanso de mediodía, por ejemplo), una buena planificación y, lo más importante, que la oferta de trabajos por parte de las empresas esté bien remunerada, son algunas de las opciones para saborear las verdaderas ventajas de esta forma de trabajo. Circunstancias que, según recoge Peter Warr, psicólogo de la Universidad de Sheffield, en su estudio sobre causas de felicidad e infelicidad en el trabajo, puede acercar al trabajador independiente a la primera.

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