Pregorexia: Dejar de comer para no engordar en el embarazo

Una pérdida de peso excesiva puede generar complicaciones en el embarazo, como un retraso de crecimiento en el bebé o un parto prematuro. Analizamos este trastorno y sus consecuencias.

dejar de comer en el embarazo

No, las denominadas 'fitness moms' tan populares en Instagram no tienen por qué sufrir pregorexia, pero sus instantáneas levantan arduos debates en las redes (y en los tabloides). Foto: Instagram: @chontelduncan/ @hannahpolites

Cuando después de un tiempo buscándolo, logramos por fin ver las dos rayitas en el test de embarazo, nos embarga la alegría. Sin embargo, tras la primera visita médica, empiezan las primeras angustias, porque el embarazo supone también una serie de nuevas preocupaciones respecto a nuestra salud y, en consecuencia, también de la de nuestro futuro bebé.

Una de esas inquietudes es la de no ganar demasiado peso, hasta el punto de que hay madres que se llegan a obsesionar demasiado con esa idea. Tanto, que existen trastornos alimentarios relacionados con el propio embarazo.

Algunos medios han empezado a hablar incluso de la llamada ‘pregorexia’, un término que surge a través de mezclar la palabra embarazo en inglés (pregnancy) y anorexia, aunque no es un diagnóstico como tal. Sin embargo, Fulvia Mancini, ginecóloga especialista en Fertilidad en Clínicas Eva en Cataluña, apunta a que “el hecho de que no sea formalmente reconocido, no quiere decir que no sea real. Se calcula que hasta un 30% de las mujeres embarazadas no aumentan de peso correctamente durante el embarazo, aunque no existen datos ciertos sobre la incidencia de pregorexia en la población”.

¿Qué es pregorexia y qué no?

Aunque no existan registros epidemiológicos sobre la incidencia real, sí que se han realizado algunos estudios para hacer una aproximación. Así, en Reino Unido, se estimó que un 7,6% de las mujeres embarazadas que se sometieron a un estudio, tenía síntomas compatibles con trastornos de la conducta alimentaria, y el 23,4% estaba muy preocupada por su peso y su figura, según datos aportados por la ginecóloga.

Por norma general, existe una serie de pautas con las que identificar a quienes la padecen. Se trata de mujeres que no hablan del embarazo como si fuera real, cuentan obsesivamente las calorías, intentan siempre comer solas o se saltan las comidas, entrenan excesivamente, y pueden llegar a provocarse el vómito. Según Mancini, “estas pacientes no solamente no reconocen el problema, sino que rechazan el tratamiento. Es muy raro que admitan espontáneamente que tienen un problema de conducta alimentaria. La doctora además aclara que es importante no confundir este tipo de trastorno alimentario con las náuseas del primer trimestre, incluso en los casos extremos, ya que hay que diferenciar los trastornos que vienen determinados por las propias hormonas, a los que son de origen psiquiátrico.

En este sentido, Carmen Bayo, psiquiatra experta en la atención a madres y embarazadas con trastornos de alimentación, aporta por su parte que “es muy raro que aparezcan trastornos de alimentación durante el embarazo”, siendo lo más común que estos síntomas ya existieran y que “esa sintomatología pueda descender, continuar o agravarse durante el embarazo”. De esta forma, es importante aclarar que los trastornos de alimentación se deben a múltiples causas, pero que sí que es cierto que hay ciertas etapas de la vida, como la adolescencia, o el propio embarazo, que pueden influir en el factor psicológico de la enfermedad. Respecto a los síntomas, sí que señala que durante el embarazo pueden darse trastornos como la anorexia nerviosa restrictiva, purgativa, bulimia nerviosa purgativa, o sobre todo trastorno por atracones u otros no especificados.

Teniendo esto en cuenta, desde la propia experiencia personal, Fulvia Mancini relata que, de hecho, “la mayoría de las pacientes que desarrollan pregorexia, han sufrido en pasado de trastornos de la conducta alimentaria, pero no siempre es así. Hay casos de pacientes que engordaron demasiado durante su primer embarazo y, en el segundo, desarrollan mucha ansiedad y miedo a volver a engordar. Por otro lado, hay mujeres que padecieron de anorexia durante la adolescencia, pero que están curadas y cuando se embarazan no tienen ningún miedo a aumentar de peso.”

¿Cuánto peso es normal ganar o perder en el embarazo?

Queda entonces por aclarar cuál es peso que debería ganarse en un embarazo, de modo saludable, siempre teniendo en cuenta que no existe una cifra estándar, ya que dependerá de la constitución y situación de cada embarazada. Por ello, Malcini sugiere que “una mujer con bajo peso es normal que gane entre 13 y 18 kg. Sin embargo, una mujer obesa debería ganar como mucho entre 5 y 9 kg y, para mujeres de peso normal, el estándar son 11-16 kg”.

Sin embargo, también hay mujeres que experimentan una pérdida de peso en el embarazo, entrando en los estándares de lo esperado, al menos, en el primer trimestre. Concretamente, la ginecóloga insiste en que “durante el primer trimestre, muchas mujeres pierden algunos kilos debido a las náuseas. Es normal llegar a perder hasta un 5% del propio peso corpóreo, pero se recupera lentamente durante el segundo y el tercer trimestre. Durante estos dos trimestres, ya no es normal seguir perdiendo peso”. De hecho, una pérdida de peso excesiva, es decir, superior al 10% del propio peso, puede generar complicaciones en el embarazo, como un retraso de crecimiento en el bebé o un parto prematuro.

Evitar consecuencias para el bebé

Si bien los principales problemas de la llamada ‘pregorexia’ son que la mujer padezca de anemia, descalcificación ósea, baja producción de leche durante el postparto o caída de cabello, las consecuencias para el bebé pueden ser más graves. En este sentido Mancini destaca que “durante el primer trimestre, si la paciente no toma suplementos vitamínicos, aumenta el riesgo de alteraciones del tubo neural como la espina bífida, pero también aumenta la tasa de aborto espontáneo”. Por otra parte, durante el segundo y el tercer trimestre aumenta el riesgo de parto prematuro, existe la posibilidad de padecer un retraso de crecimiento intrauterino, retraso en el desarrollo mental o parálisis cerebral, además de malformaciones óseas, digestivas o cardiovasculares. “En casos muy graves se puede llegar incluso a la muerte intrauterina”.

Para evitar que esto ocurra es importante tratar a la madre a tiempo. Así, Carmen Bayo insiste en que los trastornos alimentarios en el embarazo se tratan de forma similar a como se haría en cualquier otro ciclo vital, pero añadiendo en este caso las precauciones necesarias teniendo en cuenta la vinculación con el bebé intrauterino. “El tratamiento es específico e incluye diversas técnicas psicológicas, bastante practicadas, que tienden a dar resultados favorables”. Así, la psiquiatra aporta que “a partir de la semana doce de embarazo, también se pueden utilizar fármacos, teniendo en cuenta que sean los más inocuos y útiles posible, y solo si son estrictamente necesarios”. Estos fármacos se retirarán de 10 a 15 días antes del parto. Todo ello, “sin olvidar que en bastantes casos los obstetras y matronas deben saber que están ante un embarazo de alto riesgo”.

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