El ‘síndrome Jennifer Lopez’ o por qué tantas mujeres de éxito tienden a las parejas tóxicas

La estrella ha reflexionado en una reciente entrevista sobre su pasado plagado de relaciones negativas. Analizamos por qué algunas mujeres exitosas terminan con hombres que desean cortarles las alas.

jennifer lopez

Jennifer Lopez y Ben Affleck en 2003. Foto: Getty

Jennifer Lopez acaba de cumplir 50 años y los medios de todo el mundo rinden homenaje a su perenne carrera transversal, su estatus de icono de la moda y su eterna juventud y belleza, pero no hay ningún elogio a su vida sentimental. Como ella misma ha asegurado en una reciente entrevista, hasta su noviazgo con Alex Rodríguez, su actual pareja y prometido, sus relaciones no han sido precisamente ejemplares: “No estaba lista para las cosas más sanas, porque primero tenía que descubrir cómo estar sana yo: conocer mi autovalía, valorarme, lidiar con mis inseguridades…”.

Mujeres alfa, hombres tóxicos

Ya en su libro Amor Verdadero (Penguin Group), publicado en 2014, la propia Lopez escribía: “La única forma en que puedes ser maltratada es permitiendo que te maltraten, y eso fue algo que hice una y otra vez. Nunca he tenido un ojo morado ni un labio roto, pero he estado en relaciones en las que me he sentido maltratada de una u otra forma: mental, emocional y verbalmente. Sé lo que se siente al notar que tu espíritu se ve disminuido por la forma en que tu ser querido te trata”. En su palmarés amoroso figuran: Sean Puffy Combs (con quien estuvo involucrada en un tiroteo), Ojani Noa (al que ganó en una querella por violación de intimidad) o Ben Affleck (que no se cortó a la hora de asegurar que ella fue nefasta para su vida y su carrera). Y no es la única mujer de la ‘Lista A’ cuyos vínculos sentimentales han sido, digamos, retorcidos. Ali MacGraw y Steve McQueen. Mariah Carey y Tommy Mottola. Tina y Ike Turner.

Hemos hablado con dos expertas, ambas psicólogas y coaches, para entender el fenómeno por el cual parece habitual ver a mujeres de éxito involucradas en relaciones tóxicas. Laura Chica y María Fornet, quien empieza explicando en que se distingue una relación tóxica de una sana: “La diferencia fundamental estriba en las emociones de sus miembros. Mientras que en los miembros de una pareja sana las emociones que suscitan sus interacciones tienen una naturaleza fundamentalmente positiva —emociones que suman, que engrandecen—, dentro de una pareja tóxica tenemos justamente lo contrario, encontrándose uno o ambos miembros con frecuente sensación de ansiedad, miedo, tristeza, culpa o vergüenza”.

El narcisista a la caza

A Laura Chica no le consta que sean las mujeres de éxito las que se sientan atraídas por hombres tóxicos, ya que “eso está presente en todo tipo de relaciones y todo tipo de mujeres y hombres”. Sin embargo, “el hombre narcisista juega a demostrarse a sí mismo que todo lo puede. Por supuesto conquistar a una mujer de éxito, o de apariencia perfecta, puede ser uno de sus mayores triunfos”. En este punto coincide Fornet, para quien “una teoría aún más plausible podría fundamentarse en que los hombres con personalidad narcisista son los que escogen a víctimas que reflejen valor para ellos. Los hombres tóxicos pueden ver así a una mujer con éxito como un objeto de valor que puede ser alcanzado y poseído y no como otro humano con el que establecer relaciones de reciprocidad y respeto”.

¿Y cómo es la personalidad narcisista? Según Fornet, se caracteriza por una falta de empatía, por la necesidad de admiración de los demás y la tendencia a usar a los otros para lograr sus propios objetivos. “Un hombre con tendencias narcisistas verá a la mujer que tenga al lado como un reflejo de su propia valía, como una transferencia de valor social de la que poder presumir y a la que poder poseer como un trofeo más”, añade.

El narcisismo cuando se da en los hombres tiene sus peculiaridades, según Fornet, porque “por un lado, lo poderoso se ha codificado como algo duro, de naturaleza poco vulnerable y eminentemente jerárquico y, por otro, sobre la masculinidad se han depositado expectativas acerca de la posesión y la dominación, es decir, el sentido del valor se demuestra a través de la fuerza y el dominio y no alrededor de la paridad”.


Ficciones y realidades

Ellos, los hombres narcisistas, buscan una medalla. ¿Pero ellas, las mujeres de éxito, qué obtienen de esta alianza? Podrían responder a una programación subconsciente. En el imaginario colectivo parece haber calado el mensaje de películas y series supuestamente románticas (desde Crepúsculo a La bella y la bestia pasando por Sexo en Nueva York), donde la protagonista obstinadamente insiste hasta conseguir como pareja al hombre inalcanzable y (real o potencialmente) dañino. “Las películas poco ayudan a nuestra educación del amor y la pareja. Y esta es una asignatura pendiente para los que tenemos hijas: educarlas en el amor sano, desde la independencia y la libertad. Alejarnos de eso que llamamos amor, dependiente y tóxico, que nada se parece al verdadero”, asegura Chica.

“Aunque la ficción no deba ser necesariamente moralizante, tiene una responsabilidad socializadora. Los personajes en la ficción sistematizan con sus comportamientos aquello que debe y no debe hacerse. A través de la ficción interiorizamos modelos de conducta, aprendemos qué se espera de nosotras y qué debemos esperar del amor. Hay determinados códigos que de tanto repetirse se han visto normalizados: el por todos aceptado ‘los que se pelean, se desean’, el manido ‘si tiene celos y te controla, es porque de verdad le gustas’ o el ya clásico ‘los chicos más interesantes son aquellos que no muestran interés por ti’ son solo algunos ejemplos de ello”, añade María Fornet.

Identificar (y rechazar) al narcisista

Esta programación femenina no es patrimonio exclusivo de películas y series. Como explica Fornet, autora de Feminismo terapéutico (Urano), “hombres y mujeres somos socializados de manera diferente, de modo que para nosotras las creencias y los mitos alrededor del amor son un proyecto vital prioritario. Desde muy niñas somos objetivos del marketing del patriarcado, que nos bombardea con propaganda para asumir que nuestro último y más importante rol vital es encontrar el amor romántico y cumplir con nuestro destino biológico: la única posibilidad de alcanzar nuestra felicidad absoluta pasa por encontrar a un hombre. Las consecuencias se retratan solas”.

Ver venir a un narcisista no es fácil, prosigue Fornet, ya que algunos no son nada obvios en su comportamiento: “Su aplastante seguridad en sí mismos los lleva a desenvolverse con facilidad en la seducción amorosa y su principal estrategia se basa en la manipulación. Gracias a ciertos modelos que hemos aprendido, tendemos a asociar determinados de estos comportamientos con aspectos positivos”. Las señales de alarma en una relación abusiva, según la psicóloga y coach, nos las damos más nosotras mismas más que el propio narcisista: “Si sentimos la necesidad de andar de puntillas para no alentar discusiones o que nuestra voz es menos importante que la de nuestro compañero es probable que estemos con uno”. También, prosigue Fornet, debemos considerar como alarmantes “los juegos psicológicos y las trampas discursivas en las que acabamos confusas y pensando que quizá seamos nosotras las que estamos comportándonos como no deberíamos; la presencia frecuente de discusiones, peleas, celos o control y, en general, cualquier sensación que te indique que algo no marcha bien, que algo no funciona como tendría que hacerlo, que no te hace sentir como deberías sentirte cuando estás con él. Si eso ocurre, lo mejor es confiar en nuestro instinto y dejarlo ir”.

Con este consejo estaría de acuerdo la mismísima Jennifer Lopez. Ella sintió la epifanía gracias a la terapia y la contó en Amor Verdadero: “La mayor bombilla que se encendió fue darme cuenta de que no estaba reconociendo el valor de mi propio amor. Nunca me detuve a considerar lo especial que era mi amor. Nunca me detuve a mirarme y decir: ‘¿sabes qué? Te mereces un amor que sea puro y especial y bueno como el que estás dando. Tu amor tiene valor’. ¿Qué es amarte a ti mismo, de todos modos? Nadie nos enseña lo que eso significa, pero ahora he descubierto que es la clave de la vida, porque es la clave para amar a otras personas y permitir que otros te amen a ti”.

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