Claves para saber si eres adicto a las compras

Me apetece ir de tiendas a todas horas, ¿debería preocuparme? Hablamos con expertos en psicología del consumo para saber en qué momento la afición por ir de compras se convierte en un problema.

Puede que Confesiones de una compradora compulsiva (P.J. Hogan, 2009) pretenda ser el retrato cinematográfico más cercano a la realidad que viven los adictos a las compras. Pero probablemente también sea el más fallido. La película, que nació con vocación de convertirse en el nuevo Sexo en Nueva York, acabó caricaturizando la famosa serie y, de paso, la vida de un adicto a los gastos sin control. Más allá de los agudos alaridos de Isla Fisher cada vez que encuentra una ganga y de sus llaves cuasi karatecas para hacerse con unas botas de Gucci a mitad de precio, aquellos que sufren oniomanía (que así de denomina el trastorno en griego) están atrapados en una espiral de locura por el consumo.

Vivimos en una sociedad consumista por definición en la que, paradójicamente, el Día Mundial sin Compras coincide en muchos lugares del globo con el Black Friday, máximo exponente del despilfarro y de la exaltación del chollo. Compramos más de lo que necesitamos y todos somos, en cierto modo, adictos a las compras. Así lo considera el doctor Javier Garcés, presidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales, que también apunta a S Moda que “es importante diferenciar aquellos que dedican su tiempo de ocio a ir de tiendas, mirar escaparates y darse un paseo por los centros comerciales de los que gastan más de lo que tienen en compras. Los primeros serían ‘adictos al estímulo’, los segundos padecerían adicción a las compras”. Así, en principio, no es alarmante que nos guste dar más de un garbeo por las calles comerciales ni que nos sepamos de memoria el catálogo online de Zara. Pero sí entraña cierto peligro. “Lo que hace que una persona consuma más no es el dinero sino el tiempo. Cuando más horas se pase en tiendas, más se compra siempre”, sentencia el especialista.

Entonces, ¿en qué momento hay que preocuparse por darle a la tarjeta de crédito con alegría? El doctor Javier Garcés y José Antonio Molina, doctor en Psicología y autor del libro SOS…Tengo una adicción (Editorial Pirámide) nos dan las claves para detectar si tenemos un problema con las compras:

– Gasto más dinero del que mi presupuesto me permite. El verdadero peligro comienza cuando existe un gasto económico significativo. “No hay una cantidad exacta a partir de la cual la situación sea alarmante, pues depende de los ingresos de cada uno, pero siempre que el desembolso sea considerable o superior a lo que podemos invertir, existe un problema”, comenta el doctor Molina.

– Me arrepiento de las compras que hago. La reacción normal de alguien que acaba de comprarse algo que quería es de alegría. Los adictos, sin embargo, tienen sentimientos de culpa y de arrepentimiento. Algunos terminan devolviendo sus adquisiciones y otros las esconden para ocultarlas a su entorno. “Si cuando vas de compras y no te llevas nada no te sientes defraudado se podría decir que eres adicto a la compra como forma de ocio. Pero esto no es grave. Sin embargo, cuando te sientes mal por no haber comprado nada, estamos hablando de una adicción real”, comenta Garcés.

– Compro cosas innecesarias e inútiles. “El peligro llega cuando te das cuenta de que dejas de tener dinero para lo importante por invertir en caprichos que no necesitas”, sentencia Garcés.

– Pago con tarjeta y no me fijo en lo que gasto. Muchos adictos al consumo se sorprenden cuando reciben el cargo o las facturas por compras que ni siquiera eran capaces de recordar. “Es más frecuente que las personas que sufren este problema compren con tarjeta antes que en metálico porque el dinero ficticio desinhibe más”, explica el doctor Molina.

– Llevo tiempo comprando sin control. Si los regalos navideños se te están yendo de las manos o las rebajas son tu perdición, puede que debas preocuparte por tu bolsillo pero no por tu salud. Para hablar de adicción tiene que darse de forma continuada en el tiempo más allá de periodos o fechas concretas.

– Me lo gasto todo en moda y belleza. Raras veces se nos va la cabeza comprando embutidos en el supermercado. Los estudios recogen que las mujeres suelen hacer compras compulsivas en la industria de la moda y la belleza, mientras que los hombres son más dados a consumir tecnología. “Es verdad que esta diferenciación por sexos no siempre se cumple y que existen perfiles muy heterogéneos, pero en muchos casos es así”, coinciden ambos expertos. “Lo que sí es cierto es que apenas existen adictos mayores de 65 años y que son los jóvenes los más propensos a caer en esta adicción”, puntualiza Garcés.

– Compro en Internet pero prefiero ir de tiendas. La red facilita las adquisiciones a cualquier hora y en cualquier lugar y favorece la impulsividad en detrimento de los mecanismos de autocontrol. Sin embargo, aunque podamos sentirnos abrumados por la extensa oferta que brinda Internet y los constantes bombardeos publicitarios a los que nos enfrentamos en cuanto abrimos el explorador, lo cierto es que pueden ser más tentadoras las tiendas físicas. “Los establecimientos estimulan más al adicto y sirven para bloquear sus sentimientos negativos”, aclara Molina.

Entonces, ¿cómo controlo mis compras para que no se conviertan en un problema?

Como ocurre con cualquier adicción, el primer paso es reconocerla. Después, ponerse en manos de un especialista y afrontar el tratamiento. No obstante, antes de que la excesiva afición por ir de compras se convierta en un verdadero problema psicológico y económico, el doctor Garcés nos cuenta varios trucos:

– Coge lápiz y papel y lleva la contabilidad de todo lo que gastas. Incluso si pagas con tarjeta debes apuntar la cantidad y en qué la has invertido.

– Elige a alguien de tu confianza para que te acompañe de compras y se convierta en tu ‘tutor’. Esa persona deberá frenarte y controlará tus gastos.

– Deja que pase tiempo entre ‘deseo de compra’ y ‘compra’. Es decir, si entras en una tienda y ves algo que no habías pensado comprar, no pases por caja en ese momento. Date una vuelta y sal a la calle. Si fuera del establecimiento pierde su encanto, no te lo lleves; no era una compra juiciosa.

– Si sabes que eres débil, evita la tentación. Es más fácil dejar de ir a un centro comercial que ir prometiéndote a ti mismo que no comprarás nada. Somos manipulables y al final terminamos cayendo.

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