La revolución de dos arquitectas españolas para ‘humanizar’ el parto hospitalario

Hablamos con Marta Parra y Angela Müller, las arquitectas que han rediseñado las salas de maternidades y ahora se proponen aplicar a los centros oncológicos y otros espacios de salud su visión humanizada del diseño.

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Así es uno de los paritorios diseñado por estas arquitectas. Foto: David Frutos

El más temido de los diagnósticos, los tratamientos más agresivos y unos centros de salud fríos, asépticos e impersonales. De las tres constantes que solemos asociar con cáncer, al menos la tercera desaparece de la ecuación en el nuevo Hospital de día Oncológico (HDO) de Aranda de Duero. Las arquitectas Marta Parra y Angela Müller han proyectado este espacio según su filosofía del diseño: “El estado de ánimo está muy relacionado con el estado de salud. La luz natural, el confort acústico, la ausencia de ruido visual o el diseño biofílico generan bienestar y confort que, inconscientemente, inciden directamente en ese estado de ánimo”, explica Angela Müller acerca de la intervención que han llevado a cabo junto a Virai Arquitectos en la clínica arandina.

Oncología en calma

Su estudio, Parra-Müller Arquitectura de Maternidades acumula reconocimientos por su diseño de paritorios y, ahora, su visión a escala humana de la arquitectura abraza a otros pacientes: “Durante mucho tiempo, los avances en salud han estado centrados en la tecnología y los tratamientos directos de las enfermedades, pero ha llegado la hora de sumar, y el diseño espacial basado en las personas puede funcionar como un motor más de cambio”, apunta su socia, Marta Parra. “Oncología es una especialidad en la que los pacientes son especialmente vulnerables, tanto física como emocionalmente”, prosigue. Por eso, este espacio “ha sido concebido como un edificio saludable, energéticamente sostenible y confortable. La construcción es de madera y materiales que cuidan o que no enferman, y con un nivel elevado de detalle en el diseño”. La idea, según Ángela, es conseguir, sin salirse de la normativa y los requerimientos imperativos de los hospitales, “generar ambientes que provoquen calma, tratar la temperatura de los materiales, controlar lo que los pacientes ven, trabajar con tonos que generen armonía y combinar colores tal como haríamos en un ambiente doméstico. Factores como que el paciente tenga luz natural y vistas para poder distraerse durante largas horas de estancia o tratamiento, que pueda moverse si quiere, que tenga a mano sus cosas, que no tenga que cruzar una sala de espera para ir al baño, y que tenga la intimidad suficiente para dormir un rato o charlar con una persona que le acompaña tienen mucho que ver con la posibilidad de generar bienestar y elevar el estado de ánimo”.

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Los materiales cálidos como la madera son fundamentales en su trabajo. Foto: Cortesía del estudio

El origen de todo

Marta y Angela se conocieron hace 15 años. Tienen tres hijos cada una. El detonante de su vocación, es decir, el diseño de espacios de salud amables y cálidos, tuvo lugar para Ángela en un hospital de Madrid que en nada se parece al innovador centro burgalés. Sufrió un aborto espontáneo, y estuvo esperando a ser atendida en la misma sala donde otras tres mujeres estaban dilatando antes de dar a luz a sus bebés. “Era un único espacio porque, desde la arquitectura, no se previó diferenciar estos dos procesos”, rememora. Se unieron a la asociación El Parto es Nuestro y constataron la infinidad de casos similares. Primero como usuarias, después como arquitectas, Parra-Müller abanderan un movimiento por la humanización de la arquitectura asistencial. “El año pasado ganamos el premio a la Innovación Hospitalaria en el 6º Concurso anual de Diseño Interior en Infraestructuras Sanitarias de la Asociación Internacional de Diseño Interior (International Interior Design Association o IIDA) en Chicago. Y acabamos de recibir el premio en la categoría de Ingeniería Hospitalaria de los Premios Sanitarias”, reconoce Angela. Hay proyectos Parra-Müller tanto en centros públicos como privados, como la Clínica Universidad de Navarra, el Hospital de Getafe y los hospitales HM Puerta Del Sur y Nuevo Belén. La unidad de partos de este último es su proyecto más completo hasta la fecha. ”No se trata sólo un cambio de espacios, también incluía atraer a varios equipos de profesionales que trabajasen el parto fisiológico y en movimiento”, matiza Parra.

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Paritorio del Hospital Universitario HM Nuevo Belén en Madrid. Foto: David Frutos

No se trata de perjudicar al médico

Son pioneras en España de un modelo imparable. “Algunos países llevan trabajando el tema más de 30 años. La prestigiosa asociación AIMS de Reino Unido, por ejemplo, aboga desde los años 60 por mejorar la atención al parto y al nacimiento”, explica Marta. Cuando comenzaron a investigar el impacto del diseño de los espacios en las maternidades, descubrieron que no había apenas literatura en castellano, así que acudieron a los hospitales referencia del centro y norte de Europa. Aprendieron observando y conversando con gerentes y técnicos, matronas y médicos. Parra-Müller remarcan que no solo las madres demandan nuevos paritorios, sino que los profesionales sanitarios suelen estar entusiasmados de poder involucrarse en estos diseños. “Hemos colaborado mucho con matronas; hemos asistido a cursos de parto en movimiento para conocer las posturas más habituales en condiciones de libertad; hemos hablado con mujeres que han parido en casa para ver cómo podríamos aprender del uso de los espacios domésticos para el hospital, hemos investigado cuestiones como la fuerza con la ayuda de un físico, y hemos aprendido de psicología ambiental de la mano de psicólogos y psiquiatras”, apunta Marta. “Nunca hemos visto ni pretendemos un enfoque de riesgo, sino la búsqueda de la armonía entre un mayor bienestar de la madre y facilitar el trabajo de los profesionales”.

Adiós al parto mecánico

En sus proyectos buscan superar el paradigma actual. Según Marta Parra, “los paritorios tradicionales están concebidos como un proceso de riesgo que hay que controlar para que sea seguro. Por ello, las salas de parto al uso están diseñadas para inmovilizar en el centro a la mujer y dejar hacer al profesional, en lo que solemos llamar ‘modelo taller mecánico’”. Por el contrario, en sus innovadores diseños, los trabajadores se mueven cómodamente y a las madres se les ahorra lo que Müller denomina ‘ruido visual’. “Una parturienta no necesita ver una cuna de reanimación, una incubadora, cuatro grandes cubos de basura, todo el instrumental imaginable y una pared llena de instrucciones en caso de emergencias obstétricas”.

Un paritorio humanizado no es un capricho baladí, aunque muchos así lo consideren. “En casi todas nuestras charlas surge el comentario sobre si es un despilfarro, pero solo cuando hablamos de zonas de partos. Es curioso que en proyectos de otras zonas, como pediatría u oncología, nunca ha surgido el debate respecto a la bondad de humanizar o embellecer los espacios, porque se da por hecho que cuanto mejor, mejor”, nos cuenta Marta. Prefieren no ahondar en la polémica, ya que cada vez las respuestas negativas son menos y tanto desde la sanidad privada como la pública demandan más sus servicios. “La barrera para este cambio de modelo en los espacios hospitalarios no es económica, sino mental. El equipamiento necesario en la mayoría de los partos es muy sencillo. Las cuentas salen si se reduce el gasto para la mayoría de los partos, concentrando el equipamiento y recursos específicos sólo cuando haga falta”, asegura Marta.

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Las arquitectas defienden que el entorno es decisivo en el estado de ánimo del paciente. Foto: David Frutos

Mejor diseño, mejores partos

La estadística avala sus planteamientos. De los primeros 107 partos de su unidad de parto en el Hospital HM Nuevo Belén de Madrid, solo dos recién nacidos necesitaron asistencia inmediata del pediatra (el resto de bebés pudieron estar piel con piel con sus madres tras el nacimiento). Los partos instrumentales fueron solo el 2% y no se realizó ninguna episiotomía. El 81% de los partos tuvieron inicio espontáneo y solo un 11% fueron cesáreas. “Hay un dato fácil de entender: el enorme descenso en el uso de la epidural que se consigue si a la mujer el espacio le proporciona intimidad, libertad de movimiento y alternativas para paliar el dolor, conlleva partos menos intervenidos y, por tanto, menos ingresos de recién nacidos”. En los paritorios Parra-Müller, es posible elegir y alternar métodos analgésicos: un 40% de las madres renunció a la epidural y la sustituyeron por paseos, ejercicios en la pelota de pilates o en la liana, o por la hidroterapia en bañera. Para Angela, “dotar cada paritorio de un aseo y ducha integrado debería ser ya el estándar mínimo. Instalar una bañera obstétrica es completar esa oferta. El agua caliente, con su efecto de analgésico y sedante natural, ayuda a la relajación y mejora la dilatación. Sin efectos secundarios. En otros países europeos forman parte del equipamiento estándar de las maternidades desde hace décadas. La bañera apoya el concepto del “parto en movimiento”, porque es así como se desarrolla el proceso del nacimiento: en movimiento. La mujer dentro de la bañera es libre de encontrar ‘su’ postura en cada momento, y puede ajustar con más facilidad sus movimientos con los del bebé, que necesita rotar y ajustarse para salir”.

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