Casarse en una playa, ¿sencillo o imposible?

Te contamos los pasos que debes seguir si tu intención es dar el 'sí, quiero' frente al mar.

Casarse en una playa, ¿sencillo o imposible?

Organizar una boda en la playa no es tan sencillo como parece. Foto: Instagram @portandpalmco

En un país como España, con casi 8.000 kilómetros de costa, la idea de casarse con una boda en la playa puede haber pasado por la cabeza de cualquier pareja en el comienzo de sus lides prenupciales. Además de romántica y desenfadada, una ceremonia y un fiestón a la orilla del mar suena a diversión tranquila, casi a fiesta de iniciación juvenil, sin grandes protocolos, sin solemnidades ni aforo, sin horas de cierre, ¡sin tacones!, algo natural y sencillo, como aparece en las películas…

Pues bien, ese fotograma idílico que evoca tu cabeza al pensar en una boda playera es lo más alejado de la realidad que pueda imaginarse “una boda en la playa es, en realidad, una boda muy exclusiva, con más complejidad técnica que muchas otras. Al menos en el nivel de celebraciones que nosotros trabajamos, puedo decirte que las bodas en la playa son cualquier cosa menos sencillas” lo asegura al teléfono Sira Antequera, fundadora de Sí Quiero y una de las primeras personas que importó a nuestro país la profesión de wedding planner hace ya casi dos décadas. Aporta un consejo a las parejas que hayan pensado en esa opción “que sean realistas con sus expectativas y se planteen cómo es la boda que quieren, qué infraestructuras necesitan, qué horarios son los más adecuados y que cuenten con un profesional que esté acostumbrado a la logística de una boda como esta. Cualquier planteamiento puede llevarse a cabo, Sí Quiero ha hecho todo tipo de bodas en todos los sitios imaginables, en este sentido, una boda en una playa pública es posible, por supuesto, pero a menudo los novios desconocen que también tiene la posibilidad de acudir a infraestructuras maravillosas que ya están pensadas para eso como “beach clubs u hoteles con acceso al mar o villas privadas”, sugiere. Entender las palabras de Antequera requiere hacer un repaso por algo tan poco sugerente como la Ley de Costas para, a continuación, adentrarnos en los entresijos de la burocracia nupcial.

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Si no quieres llevarte un chasco, lo primero que debes hacer antes de decidir plantear tu boda en esa playa tan encantadora en la que os conocisteis es acercarte al ayuntamiento de la localidad a la que pertenece. Los consistorios suelen ser las entidades encargadas de facilitar los permisos y aplicar la normativa de la autoridad costera, dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, aunque en algunas ocasiones los trámites han de hacerse desde estancias superiores como la Delegación o Subdelegación del Gobierno. Pero, en cualquier caso, en el municipio te informarán. Eso sí, no existe un plazo común para obtener ese permiso en caso de que la playa de tus sueños, de uso público, pueda acotarse para un evento privado. A veces son días, a veces semanas y a veces meses. A veces el permiso no será posible por distintos factores, el más habitual, la imposibilidad de que la celebración de la boda implique la acotación del espacio público. Es decir, puede que logres tus permisos pero difícilmente podrás impedir testigos desconocidos de tu enlace.

Si aún así, deseas por encima de todas las cosas tu boda en la playa debes saber que en la cita para la solicitud deberás informar sobre datos que no se improvisan: lista y detalles del sistema de montaje de elementos que debes instalar como baños, generadores eléctricos, cocinas, etc., lugar en el que pretendes ubicarlos, justificación técnica de su necesidad, medidas de seguridad, planos de situación, emplazamientos o nivel de decibelios que quieras emitir, entre otros.

En función de cada normativa se aplicará una tasa que varía según la localidad porque la Ley ni prohíbe los eventos privados en las playas ni los permite, de manera que en cada demarcación puede haber un criterio diferente y también distinto precio. En Lanzarote, por ejemplo, apenas hay que depositar una fianza de 300 euros más un canon en torno al 10% del beneficio que obtendrá la empresa organizadora del evento. Pero según distintos medios catalanes, celebrar su ceremonia en El Vendrell desde 2013 implica un pago al ayuntamiento de 1.000 euros. Y en Castelldefels las bodas civiles de las parejas empadronadas en la población barcelonesa llevan una tasa de 1.900 euros que sube hasta los 2.500 para los no empadronados. En ambos casos la tasa solo permite el uso de la playa para la ceremonia civil, no para la fiesta posterior.

La cosa se complica si la pareja desea casarse por la Iglesia, porque pocos obispados permiten celebrar sacramentos fuera de los templos y estos requieren autorizaciones especiales. Y las nupcias laicas también tienen límites. “España debería ser uno de los países con más destination weddings de nuestro entorno” por tradición turística, cultural, gastronómica, hotelera y aeroportuaria. Y de hecho, muchos extranjeros desean casarse en nuestro país, también en las playas, por supuesto, desde que nosotros empezamos en la zona de Marbella hace 17 años el mar ha sido protagonista de muchos enlaces. Lo que ocurre es que desde las administraciones no se promueve este mercado. En países como Italia, por ejemplo, es posible alquilar espacios como los Uffizi para la celebración de un enlace y apenas hay que cumplir requisitos administrativos complejos. Sin embargo, en nuestro país es necesario demostrar una residencia mínima de dos años de uno de los cónyuges para que el matrimonio sea legal”.

Así que las cuestiones administrativas, sumadas a la poca tradición del uso de espacios públicos para eventos privados hacen que las bodas idílicas en nuestro país sean muchas, pero menos de las que podrían ser según Sira Antequera “se trata de un sector en el que España puede ser muy competitivo. Podríamos liderar el mercado europeo de bodas de destino porque tenemos condiciones de sobra para hacerlo. No existen muchos países con costas como las nuestras, con tantas estrellas Michellin, aeropuertos, rutas turísticas, hoteles de lujo o tan apetecibles para una pareja y sus invitados como España. Pero todavía no se impulsa lo suficiente. Creo que en el futuro se hará y las instituciones entenderán que potenciar España como destino de bodas internacionales es un plan muy sensato que puede traer grandes beneficios al país”. Cuando eso ocurra, casarse en alguno de nuestros 8.000 kilómetros de playa tendrá por fin, el encanto de lo sencillo.

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