Bienaventurados los dormilones, porque serán más altos (y más fuertes)

Robar horas al sueño dificulta el crecimiento. Una noche sin dormir afecta al cerebro como abusar de las drogas

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Foto: Cordon Press

Confirmado: pasar una generosa noche en brazos de Morfeo es capital no solo para tener buena cara sino para regenerar el cuerpo. Y, a determinadas edades, también para crecer más. En una entrevista recientemente concedida a El País, el entrenador de la nadadora Mireia Belmonte, Fred Vergnoux, afirmaba que la también nadadora, Judit Ignacio, es más baja que sus padres porque “en este país los niños no duermen”. De Belmonte aseguraba que “si en su juventud hubiera dormido más, sería más grande”. No es una neura de entrenador exigente. Tiene su fundamento científico. “Que los niños y adolescentes crezcan depende de la secreción de la hormona del crecimiento. Esta se suelta mayoritariamente por la noche, durante el sueño, sobre todo durante el denominado profundo o de ondas lentas. Si disminuye la cantidad de sueño o si éste es fragmentado, se segrega menos hormona y, por tanto, disminuye el estímulo para crecer”, explica el doctor Juan Pareja Grande, responsable de la Unidad del Sueño de Hospital Universitario Quirón Madrid. “Hay casos de niños que no crecen lo suficiente y se debe a que no duermen lo suficiente o que el sueño no es de calidad. Es el llamado Síndrome de Peter Pan, que no debe confundirse con el cuadro psicológico de aquellos que se niegan a hacerse adultos”, apunta la doctora Mª Dolores Rodríguez Arnao, jefa de la Unidad de Endocrinología Pediátrica del Hospital Gregorio Marañón.

Pasada la edad de ganar centímetros a lo alto, dormir bien y en cantidad suficiente, sigue siendo un requisito indispensable para los deportistas. Vergnoux advierte que va a empezar a monitorizar el sueño de sus pupilos. Al que no duerma lo que le manda el médico (la cantidad de sueño óptima para cada persona depende de cuánta hormona del crecimiento genere y eso se puede medir mediante analíticas), ya sabe que le espera bronca. “Hay aplicaciones para iphone que son la leche (sic). El año que viene vamos a utilizar una pulsera para grabar todo lo que hacen los chicos: cada paso que den, cuántos metros y cuántas calorías han quemado. Yo miraré mi móvil y ahí tendré a cada uno controlado: a qué hora fueron a dormir, a qué hora se despertaron, cuánto durmieron en total… Les voy a poder decir: ‘Yo quiero que tú duermas ocho horas y cuarto, porque es lo que dice el médico, y has dormido siete horas. ¿Qué has hecho?”, declara el preparador físico. Una vez más, la regla que vale para los atletas, sirve para aquellos que practican deporte con cierta intensidad, aunque solo sea por un día (desde una competición popular a ayudar en una mudanza). “La hormona del crecimiento también sirve para reconstruir las fibras musculares ya que ayuda a que los nutrientes penetren en las células. El deporte en sí mismo también estimula la aparición de la hormona del crecimiento. Y durante el sueño profundo simplemente se completa su trabajo”, explica Rodríguez Arnao. “Ojo: abusar de estas sustancias para competir es ilegal y daría positivo en un control antidoping”.

Pero hablar de dormir en España viene a ser como predicar en el desierto. Trasnochar o, al menos, irse a la cama tirando a muy tarde es casi una filosofía de vida. Aunque haya que estar en pie antes de las ocho de la mañana. Por lo general, los españoles dormimos cada vez menos y con mayor indisciplina de horarios. Soñamos bastante menos que lo hacían nuestros abuelos y, lo que es peor, menos que nuestros vecinos europeos. Según el Comité Español de Acreditación Medicina del Sueño (CEAMS), a este lado de los Pirineos le robamos al sueño una hora con respecto al resto de Europa. Los mayores, por causas laborales. “Pero también por el uso indiscriminado de dispositivos digitales antes de dormir. Y eso también se da en edades cada vez más tempranas”, advierte Rodríguez Arnao.

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¿Nos faltan horas de sueño?

Cordon Press

Según un reciente estudio sobre el sueño de los españoles realizado por Nielsen para Micebrina, el 64% de los entrevistados reconocían tener dificultades para conciliar el sueño. La crisis económica, la falta de trabajo o el estrés laboral on los principales responsables de que un 72% de los malos durmientes españoles no sean capaces de pegar ojo al caer en la cama. Pero hay muchos que, sin tener angustias existenciales, queman minutos entre las sábanas viendo la televisión, chateando, actuando en redes sociales, jugando al Candy Crush… Al final, pueden ser ocho horas de cama, pero solo seis de sueño. Y eso pasa factura. “Durante el sueño el cerebro se autoconforma, las neuronas se limpian y se fijan los recuerdos. Si se duerme mal o poco, al día siguiente la mente no está clara. Hay más posibilidades de accidentes pero también de fallar en momentos donde se precisa estar muy despierto, como en una conferencia, en una reunión con un cliente o en un examen”, apunta el doctor César Viteri Torres, neurólogo especializado en trastornos del sueño en la Clínica Universidad de Navarra. En tiempos donde el despido anda a la orden del día, acudir al trabajo falta de sueño es jugar a la ruleta rusa. “En estado de deprivación crónica de sueño el rendimiento laboral se resiente. Estos trabajadores pueden ser considerados indolentes o temerarios, lo que condiciona su posible promoción en la empresa. Incluso, corren el riesgo de ser despedidos. Socialmente, estas personas agotadas se ven como aburridas o desinteresadas y sus amistades se reducen progresivamente hasta el aislamiento. Un ejemplo explícito: la privación de una noche de sueño disminuye los reflejos y el rendimiento de la misma forma que lo hace un nivel tóxico de alcohol en sangre”, advierte el doctor Pareja Grande.

Paradójicamente, cuando uno sabe que duerme poco o mal, suele reducir su actividad física para no cansarse aún más. Y es un error. Primero, porque el cuerpo necesita al menos media hora de ejercicio diario. “Además, ayuda a tener cierto grado de cansancio, imprescindible para luego conciliar bien el sueño. Lo que no hay que hacer es hacer deporte justo antes de irse a la cama porque nos activa”, aconseja la neurofisióloga Sonia Montilla Izquierdo, del Hospital Sanitas La Moraleja . Pero, ¿y si al final del día, por muchos ojitos que le pongamos a Morfeo no hay manera de caer en sus brazos? “Lo mejor es levantarse de la cama, tomar un ‘snack’ y regresar a los 15-20 minutos para intentarlo de nuevo. Obstinarse en permanecer entre las sábanas despierto, no solo incrementan la frustración y el nerviosismo, sino que el cerebro ‘aprende’ que en la cama se puede estar despierto y por tanto se amplifica el insomnio”, avisa Pareja Grande. El cine ya nos demostró que un poco de voluntad, otro poco de sueño y muchas horas de gimnasio se puede pasar de ser un miserable operario de máquinas a Batman en solo seis meses. Que se lo pregunten si no a Christian Bale (enclenque en El Maquinista y cachas en Batman Begins).

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