Baños de hielo, el ritual de belleza de Harry Styles: ¿son realmente beneficiosos para la salud?

Numerosas celebrities los han puesto de moda como terapia física y también mental, pero la ciencia aún muestra reticencias en torno a la popularización de esta técnica.

No es difícil entender por qué tomar baños de hielo o agua helada se convierte en una práctica popular —al menos, más popular que en el resto del año— cada verano. La asociación entre el calor insufrible de estas semanas y el alivio que cabe imaginar tras sumergirte en una bañera repleta de cubitos bien fríos es suficiente para que este ritual se convierta en tendencia y momento de deseo para casi cualquiera. Es todavía una minoría la que se atreve con ello; sin embargo, las cifras revelan que no son pocos. Para empezar, un puñado de usuarios que demuestran su valentía en TikTok y han elevado el baño de hielo mucho más allá de un reto viral: el hashtag #icebath registra casi mil millones de visualizaciones en la red social, que se dice pronto.

En el ámbito de la belleza, la aplicación de frío se ha popularizado también como uno de esos tratamientos win-win (que sirven para todo). Prueba de ello son los ya célebres mini frigoríficos para cosméticos o el auge de herramientas que se utilizan en frío como el rodillo de jade e incluso el de hielo. «El frío es vasoconstrictor y, cuando los vasos vuelven a dilatarse con el calor, el efecto que conseguimos es que la sangre circule mejor, lo que purifica la piel y hace que se oxigene mejor. Es decir, mejora la circulación sanguínea y, además, activa también la producción de elastina y de colágeno, con lo que conseguimos que la piel se vea más suave, firme y tonificada, gracias al efecto tensor que produce el frío. Además, tiene efecto antiinflamatorio, por eso es ideal para desinflamar la zona del contorno de ojos y se utilizan mucho los rodillos en esa zona», explica Marta Barrero, farmacéutica, experta en dermocosmética y codirectora de The Secret Lab, a S Moda.

Para continuar, la siempre influyente experiencia de celebrities que comparten cómo lo viven en sus propias carnes: Lady Gaga o Madonna lo han hecho y, recientemente, el cantante Harry Styles lo ha declarado como parte de su rutina de recuperación y mantenimiento durante una larga gira mundial.

Además de ellos, innumerables deportistas han utilizado durante años el método que popularizó Win Hof como parte de su recuperación tras competiciones y entrenamientos. La práctica, considerada una terapia deportiva y también denominada crioterapia o inmersión en agua fría, consiste en sumergirse en una bañera de agua helada a una temperatura de entre 10 y 15 grados (durante un tiempo máximo de 15 minutos) tras realizar una sesión de ejercicio intensa, con el objetivo de acelerar la recuperación muscular.

Pero, aunque pueda sonar como algo tentador en estos meses de calor, lo cierto es que permanecer durante un cuarto de hora en un baño de hielo no es sencillo ni algo que pueda llevarse a cabo sin una buena dosis de fuerza de voluntad. Por ello, lo primero que cabe preguntarse es si es realmente recomendable y merece el sufrimiento requerido o si sus beneficios son tales como los que se le atribuyen desde hace décadas: entre otros muchos a lo largo de las últimas décadas, este estudio publicado en la National Library of Medicine y realizado a 21 jugadores universitarios de fútbol, mostró que «la terapia de inmersión en agua fría promueve el alivio de los músculos doloridos y la recuperación básica posterior al deporte».

Sin embargo, el mismo medio concluye en este otro estudio que «todavía hay una falta de evidencia con estas terapias. Se requerirá más investigación para averiguar las diferentes proporciones de tiempo de frío y calor. El modo apropiado de tratamiento de contraste y la duración y la temperatura óptima del agua deben examinarse para verificar de cerca su eficacia como modalidad de recuperación». También, en este otro informe, se demostraba que «la inmersión en agua fría no acelera la recuperación del rendimiento después de una carrera de 10 kilómetros». A ellos se unen un puñado más que aportan pruebas suficientes sobre las contraindicaciones del popular tratamiento: «La inmersión en agua fría durante la recuperación del ejercicio de fuerza reduce las tasas de síntesis de proteínas miofibrilares y, como tal, probablemente perjudica el acondicionamiento muscular», concluía este estudio publicado en Journal of Physiology. Coincide Marta Barrero cuando le preguntamos por tratamientos corporales: «Lo recomendaría en caso de piernas pesadas, de inflamación… Pero el baño de hielo es una técnica un tanto extrema para la mayoría de personas, por lo que podemos recurrir a duchas de agua fría que también son muy efectivas y consiguen estos mismos objetivos».

La otra cara de los baños de hielo: ¿bienestar mental?

Con todas esas pruebas en contra, y a pesar de cualquier creencia popular, cabe preguntarse por qué este método continúa ganando adeptos y por qué, incluso, está viviendo un aumento de popularidad en los últimos meses y cosechando una cantidad ingente de likes y visualizaciones en TikTok. Pues bien, la respuesta viene de la mano de otro tema candente: la salud mental. Si bien se ha desmitificado como terapia física y corporal, en los últimos tiempos está suscitando cierto interés en tanto en cuanto podría funcionar como solución contra la ansiedad, la depresión o el estrés. Para muestra, este artículo de febrero de 2022 publicado en The New York Times que estudia dicho pico de gloria, pero que concluye, desafortunadamente y como todos los expertos consultados para la elaboración de este artículo, que no existe ningún tipo de evidencia ni estudio publicado que asegure que los baños de hielo pueden beneficiar a la salud mental. 

¿La razón de tal interés? «Un clarísimo efecto placebo, el aumento de dopamina (entre otras sustancias químicas) en el cerebro y la consiguiente liberación de hormonas del estrés —como la noradrenalina o el cortisol— que provoca sumergirse en agua helada», explican los expertos a The New York Times. 

Sí existen, en contraposición, bastantes evidencias de los daños que podría causar un baño de hielo en personas con ciertas patologías o no llevado a cabo adecuadamente. Afirman los expertos que se sabe más sobre los peligros del agua fría que sobre sus posibles efectos terapéuticos, entre los que destacan «una alta probabilidad de hipotermia, arritmias o ataques al corazón por el shock inicial o hiperventilación que puede llevar al ahogamiento».

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