Esta es la razón por la que tu antitranspirante te hace oler peor

Se diseñan para combatir el mal olor, pero en ocasiones consiguen el efecto contrario. Analizamos por qué puede fallar este cosmético.

Esta es la razón por la que tu antitranspirante te hace oler peor

Las bacterias personales y el producto, principales responsables. Foto: getty

Una rápida búsqueda en Google con la pregunta «¿Por qué mi desodorante me hace oler peor?» arroja, en milésimas de segundos, 336.000 resultados. La misma frase en inglés supera el medio millón de páginas. El problema, por lo visto, afecta a más gente de la que se pueda pensar.

Y, sin embargo, la mayoría de estas publicaciones en línea analizan cómo el antitranspirante, y no el desodorante, puede causar ese peor olor. Esto proviene de la confusión, habitual, entre ambos productos. Como explica Ana Molina, dermatóloga en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, ambos buscan combatir el mal olor, pero cada uno apunta a un objetivo. «El desodorante es básicamente un cosmético que lleva antisépticos (para disminuir la cantidad de bacterias en la zona axilar) y perfumes (para enmascarar el olor corporal en esa zona). No hacen que sudemos menos y se recomienda aplicarlos por la mañana con la piel limpia. Los antitranspirantes cuentan con un valor añadido muy importante: llevan sales de aluminio que taponan la salida de las glándulas sudoríparas a la superficie de la piel y hacen que disminuya la cantidad de sudor producido. Se aplican por la noche».

Con esta diferenciación clara, ¿por qué unos pueden provocar cambios en el olor y los otros no? Primero se debe entender cómo funciona el sudor y su relación con nuestra piel. «El sudor es inodoro, nuestro olor corporal se debe a que tenemos una colonia de bacterias en la zona axilar que se alimentan de sustancias presentes en el sudor para producir moléculas que sí huelen. Los dermatólogos decimos de broma que apestamos por los pedos de los microbios», explica Molina. «Cada grupo de bacterias es capaz de producir moléculas más o menos olorosas».

La formulación, responsable de las alteraciones

Una investigación publicada en la revista Archivos de Investigación Dermatológica en 2014 bajo el nombre Deodorants and antiperspirants affect the axillary bacterial community (Los desodorantes y los antitranspirantes afectan a la comunidad bacteriana axilar) realizó una primera tentativa para explicar el fenómeno. En el estudio, utilizaron a nueve sujetos sanos a los que pidieron dejar de usar estos cosméticos durante un mes. Primero concluyeron que el microbioma (conjunto de bacterias que habitan en la epidermis) se mantiene estable si se utiliza el producto de forma constante o si no se utiliza. «Parece que esta comunidad microbiana se acostumbra a lo que apliquemos en las axilas», considera Molina preguntada por el estudio.

Sin embargo, el cambio en el hábito o una aplicación no constante lo altera. Como se puede leer en el trabajo, realizado por la Universidad de Gante,la variedad bacteriana aumenta al iniciar el uso de desodorantes y antitranspirantes tras un tiempo sin tocarlos. Los segundos, además, estimulan las actinobacterias, importantes en la tierra para la descomposición de materia orgánica como la celulosa y que empeoran el olor en el cutis.

La doctora Molina desgrana las conclusiones: «La presencia de sales de aluminio de los antitranspirantes altera la flora microbiana en mayor y diferente medida a los desodorantes. En las axilas de los sujetos que los usaban encuentran mayor cantidad de bacterias causantes del mal olor que en los que usaban desodorantes». Es decir: nos hacen sudar menos, pero fomentan las bacterias que, en contacto con la secreción de nuestra piel, fabrican sustancias de peor aroma.

Cómo evitar el mal olor

Las conclusiones a las que llega el estudio resultan interesantes, pero Molina advierte de que se deben valorar con cautela. «Se analizaron nueve sujetos, no basta para extrapolarlo». Mientras se confirman las teorías, la experta da unos consejos para evitar malos olores. Ante el escenario que plantea la investigación, recomienda establecer una rutina estricta. «Se deben usar los antitranspirantes de forma mantenida a diario por las noches cuando se quiera disminuir la sudoración. Si los aplicamos de forma alternante puede alterarse la microbiota».

En muchas ocasiones, estos cosméticos fallan por un uso inadecuado. Por ello, la doctora dice: «La piel debe de estar seca y limpia. Los desodorantes se aplican por la mañana, los antitranspirantes por la noche, sin excepción. Y se debe poner la cantidad justa de producto, nunca excederla».

Las características propias de cada persona influyen. «Si hay vello abundante, mejor recortarlo». El formato del desodorante también importa. «Si es de roll-on o barra, mejor no compartirlo con otras personas». Y, en estos tiempos de prisa, se decanta por la calma. «Hay que esperar un rato a que el producto se seque en la superficie de la piel antes de vestirse». Siguiendo estas pautas a rajatabla, y controlando que el antitranspirante no cambie el olor corporal, su uso debería ser efectivo.

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