Altamente hidratante y ecológico, ¿podrá el escualano arrebatarle el puesto al ácido hialurónico?

La búsqueda de activos eficaces y sostenibles recupera el furor por este aceite altamente hidratante.

Escualeno y escualano

Arriba, desde la izda., Rejuvenating Nigh Cream de OMOROVICZA (135 €), Hyaluronic Intensive Moisturizer de PERRICONE MD (90 €), aceite facial de escualano de INDIE LEE (28,95 €, a la venta en Sephora), Crème Prodigieuse Boost de NUXE (36,50 €). Debajo, 100% de escualano derivado de plantas de THE ORDINARY (6,95 € en Sephora), bálsamo labial con escualano Mutinity de MEDIK8 (25 €), Sublimaje La Crème Lumière de CHANEL (360 €, 50 g) y Ultra Facial Cream de KIEHL’S (29,50 €, 50 ml). Foto: antártica / realización: ana regina garcía

En una masa de repostería demasiado seca, basta un chorrito de aceite para que adquiera textura, brillo o manejabilidad y para que desaparezcan los grumos. ¿Magia? No, química básica. La misma que acontece cuando el escualeno hace acto de presencia en la piel. «Es un tipo de grasa perteneciente a los terpenos, está presente en la secreción de nuestras glándulas sebáceas, formando parte del manto lipídico que hidrata de manera natural», explica el doctor Pedro Rodríguez, de Clínica Dermatológica Internacional y miembro de la junta directiva de la Academia Española de Dermatología y Venereología. En la epidermis actúa como un humectante, reteniendo el agua de esta para mantenerla hidratada. «Se mete entre los queratinocitos córneos (las células más superficiales de la epidermis) sellándolos», añade Rodríguez. El escualeno constituye entorno al 12% del sebo humano y, simplificándolo mucho, se ‘cuela’ entre las células de la piel: «Va a alojarse entre ellas reforzando la unión de las proteínas, dejando un acabado sedoso, rellenando los espacios como si fuera un cemento», agrega Luis Martín, mentor y store manager de Kiehl’s. Como sucede con otros activos como el colágeno, la bolsa se queda seca con los años: «Superado el ‘puntal hormonal’, entre los 18 y los 25 años, dependiendo de la etnia y sexo de la persona, así como de sus hábitos alimenticios e higiénicos, desaparece la producción de este lípido, haciendo que la piel esté menos tersa, más rugosa, sensible y comience a deshidratarse con mayor celeridad», apunta Martín. Aquí entra la cosmética.

«El escualeno se ha convertido en un ingrediente popular. Sin embargo, debido a su estructura puede ponerse rancio, poco deseable en una crema», escribe Perry Romanowski, químico independiente y autor de The beauty aisle insider. «Pero los formuladores cosméticos, artesanos de la química, descubrimos que añadiendo un par de átomos de hidrógeno a los enlaces dobles del escualeno podíamos crear una forma más estable que mantiene las propiedades. Esta modificación química del escualeno se llama escualano y es lo que habitualmente se usa en cosmética».

Al cuerpo le pasa lo mismo que a cualquier lector que pase rápidamente por estos parónimos: no advierte la diferencia y abraza al escualano (con ‘a’) como sustancia propia. «Es biodisponible: la piel lo entiende como un lípido idéntico a los que posee ella misma, permitiendo que penetre tanto el propio escualano como los demás principios que van de la mano», expone Elisabeth San Gregorio, directora técnica de Medik8. Además de suplantar la función humectante del escualeno, el escualano trabaja como un ‘caballo de Troya’ que se infiltra entre las células ayudando a canalizar activos como el retinol. Lo aclara la directora técnica de Omorovicza, Estefanía Nieto: «Se buscan ingredientes idénticos a los del organismo para que la piel los identifique como propios y no los repela por percibirlos como un ataque». Así se gana en tolerancia y eficacia y se reduce la posibilidad de que provoque irritación.

Coletazos de tiburón

El principio no es una novedad: se descubrió en Japón, a principios del siglo XX, y solo 10 años después ya se consiguió la fórmula hidrogenada. Durante décadas se ha usado un escualeno de origen animal, obtenido del hígado de tiburón, que hace que aún arrastre mala fama. «La práctica está mal vista y ahora proviene de plantas como el olivo o biotecnología», cuenta la formuladora Valerie George en The Beauty Brains. Solo los desechos del refinamiento del aceite de oliva pueden contener un 30% de escualeno del que conseguir escualano.

Eficiente y respetuoso con el medio. ¿Qué impide su uso masivo? «Lo más efectivo es el escualano –no escualeno–, pero requiere un trabajo en laboratorio un proceso de estabilización, mayor tiempo de producción y mayores costes», defiende Raquel González, directora de educación de Perricone MD. Tampoco es para todos: aunque está catalogado como no comedogénico, no deja de ser un aceite que en cantidades no adecuadas podría generar exceso de grasa. «Varía mucho según la composición del sebo natural de la persona, lo más fácil es prueba y error», recomienda el doctor Rodríguez.

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