5 razones por las que ir a la playa es bueno para tu salud

No estamos hablando solo de relajarse y desconectar. El agua del mar, el sol y la arena tienen beneficios para nuestro cuerpo.

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Foto: Corbis

Estás sentada en tu oficina, soportando el calor veraniego con el aire acondicionado al máximo, y entre correo electrónico y correo electrónico, cuando nadie te ve, te pones a ojear en Google algunas de las imágenes de la playa en la que ya has reservado tus vacaciones. Ir a la playa apetece, e incluso casi podríamos decir que también es una necesidad porque lo de escaparse unos días a rebozarse en arena y sal resulta que también es beneficioso para nuestra salud.

La llamada talasoterapia, tal y como la definen desde la Sociedad Española de Hidrología Médica (SEHM), es “la utilización con fines terapéuticos del agua del mar junto al clima marítimo”, teniendo en cuenta elementos como el bioclima marino (más concretamente la exposición de manera metódica y sistemática al sol, denominada helioterapia, y la climatoterapia marina, utilizando la atmósfera, temperatura, humedad, vientos, presión barométrica, etc.); el agua de mar; los lodos y algas marinas; además de la arena y todas las demás sustancias de origen marino cómo el placton y phitoplacton. Su utilización con fines terapéuticos, por parte de médicos expertos, en enfermedades reumáticas, traumatológicas, dermatológicas, del sistema respiratorio o del sistema venoso y linfático y venoso, entre otras, demuestra que la naturaleza a veces puede hacer mucho por nosotros. Es por ello que si bien ir a la playa no tiene los mismos efectos que acudir a un centro especializado, sí que puede aportarnos algunos beneficios a tener en cuenta:

1. Relajarnos y dormir mejor: Si acudimos a la playa a relajarnos, en vez de a una gran ciudad, no es sólo por el hecho de encontrarnos con menos gente y practicar el vuelta y vuelta en la hamaca, sino porque realmente el entorno marítimo ayuda a mejorar nuestros niveles de estrés. Tal y como explica Araceli Muela García, especialista en hidrología médica, “la ionización negativa de la brisa marina aumenta los niveles de serotonina, con lo que comienza a disminuir los niveles de ansiedad”. Todo ello sumado a que “el ejercicio físico que se realiza durante la natación, favorece el enlentecimiento del ritmo cardíaco, una mejor oxigenación de los tejidos y mejora la circulación periférica, pero es que además el sol y el calor tienen efectos sedantes, por lo que tras un baño, la fatiga acumulada por el esfuerzo facilita la relajación y la inducción al sueño”.

2. Mejorar nuestras articulaciones con un paseo: Si unimos playa con el concepto salud, seguramente pensemos en aprovechar nuestras vacaciones, para hacer más ejercicio, aunque sea para realizar largos y relajantes paseos, que pueden favorecernos más de lo que pensamos. Jesús J. Rojo, director del departamento de salud y rendimiento humano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (INEF), insiste en que en la playa “la libertad de ropa y el contacto del aire sobre nuestra piel nos invita a pasear, y posiblemente esta sea la actividad más practicada, el paseo por la playa”. Lo que no es tan conocido es que durante el mismo “se mejora la propiocepción en las articulaciones del pie, rodilla y cadera, a la vez que regenera la piel de la planta del pie y, si vamos mojándonos las extremidades inferiores, refrigeramos el organismo, ya que desde la planta del pie se bombea la sangre hacia el corazón”, apunta el experto. Así, este paseo a un buen ritmo, es decir, a unos 5-6 Km/h, “va a ir adaptando nuestro organismo y tonificando la musculatura de piernas y muslos”. Incluso, si hacemos un poco de esfuerzo y subimos un poco de pendiente también se tonificarán los glúteos, eso que tanto ansiamos. “Pero lo más importante es realizar el paseo a primera hora de la mañana o última de la tarde y siempre con factor protector y protección de ojos con gafas o lentillas con filtro UV”, advierte el profesor de INEF, que por último añade que además, “algunas personas aprovechan el aire libre para practicar algún deporte, aunque sea petanca o palas, lo que nos permitirá quemar alguna caloría más, las del helado vespertino, a la vez que nos hará pasar el tiempo de forma más entretenida”.

3. Relajación muscular con las olas: Si pasear nos ayuda a mejorar las articulaciones, parece que nadar, mejora nuestra musculatura, y es que “el golpeo de las olas contra nuestro cuerpo actúa a modo de masaje, provocando una relajación muscular”, añade Jesús J. Rojo. Además, movernos dentro del agua tiene otros beneficios, “no tanto el nado, que suele realizarse con estilos poco adecuados y no alcanza la intensidad ni duración que se pudiera considerar como ejercicio, sino el andar dentro del agua o realizar esos saltos rompiendo olas”. La cuestión es que al estar dentro del agua nuestro peso disminuye, “con lo que podemos mover rodillas y cadera con una carga menor, lo que beneficia la nutrición del cartílago, a la vez que no se le daña si estamos pasados de peso. También tendremos el beneficio provocado por mejorar el retorno venoso y realizar un buen drenaje linfático, todo ello debido a la mayor presión que hay a mayor profundidad”.

4. La brisa marina mejora nuestra respiración: Todos lo hacemos, llegamos a la playa, soltamos las bolsas, y respiramos hondo para decir eso de “huele a mar”. Una costumbre que resulta ser bastante sana. En ello insiste la Dra. Muela García, “la brisa marina actúa como una especie de aerosol o spray natural muy rico en yodo, perfecto para regular la glándula tiroides y por el grado de humedad, ayuda a la expulsión de moco.”. De hecho, tal y como explica la especialista en hidrología médica, al respirar esta brisa marina “el ritmo cardíaco se hace más lento y mejora la circulación periférica, aumenta la amplitud de los movimientos respiratorios, mejorando la ventilación pulmonar, aumenta la hemoglobina y hematíes y fijación de oxígeno. El aire marino, además, produce ozono de forma natural con propiedades bactericidas que también previene enfermedades respiratorias”. Mucho mejor que respirar el aire de ciudad, desde luego.

5. La química natural: Al contrario que el agua dulce, el agua salada tiene una composición mucho más compleja y de hecho “adquiere su característico sabor salado por la alta concentración de sales minerales que están disueltas, rica en cloruros, sodio, magnesio, calcio, potasio, yodo, etc.” Esta riqueza mineral aporta diferentes efectos sobre el organismo, entre los cuales la experta en hidrología médica destaca “la acción antialérgica sobre la piel y el aparato respiratorio; la acción descontracturante muscular; la relajación del sistema nervioso; la reactivación circulatoria de los tejidos; el efecto antioxidante para paliar el envejecimiento de la piel; la acción oxigenante a nivel celular; la fijación del calcio en procesos de osteoporosis; la mejora del ritmo cardíaco y la mejora la función muscular”. De esta forma Araceli Muela García concluye explicando que “el agua del mar y los elementos que lo acompañan son ideales para conservar la salud integral por su repercusión general sobre el metabolismo y las funciones orgánicas y físicas”.

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