El día que conocí a Miranda July (vía Lena Dunham)

Instagram: @bam_brooklyn
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Miranda July tiene una forma muy particular de comunicarse. Es capaz de explicar anécdotas personales y decir frases como “quería sentir sus dedos dentro de mí” con el mayor estilo del mundo. Es sincera, transgresora y a veces críptica, atributos que comparten muchas de sus obras. Si la entrevista Lena Dunham, íntima amiga suya, el evento es además divertido. No había ni un solo asiento vacío en la maravillosa Howard Gilma Opera House del BAM, en Brooklyn, con capacidad para más de 2000 personas.

“Supongo que cualquier persona que quiera entrevistar a Miranda July lo querrá hacer de una manera creativa”, empezó diciendo Dunham. “A mí lo que me vino a la cabeza fueron post its. Conocer a Miranda te genera esa sensación de tener miles de post its puestos sobre ti, post its de conocimiento, de cosas que quieres aprender. Así que tengo esta pila de posts its con preguntas que iré colocando sobre la mesa a medida que las respondas. Si quieres saltarte alguna puedes hacerlo, y en este caso el post it lo pegaré sobre ti”. July no rechazó más que una pregunta y la conversación se centró sobre todo en The First Bad Man, primera novela de la artista. Es cierto que July tiene ya libros de relatos cortos publicados, pero The first bad man ha supuesto su mayor reto creativo hasta el momento. Hija de dos escritores (Lindy Hough y Richard Grossinger) y creadores de la editorial North Atlantic Books, el miedo al fracaso ante los referentes de sus padres postergó la realización de su sueño. “Por esta razón empecé con relatos cortos, porque si fracasaba siempre podía decir que yo era directora de cine”.

La principal diferencia de la novela respecto a sus películas es la distancia que existe entre los personajes y ella misma. “No soy muy buena actriz así que no puedo interpretar a personajes muy distintos a mí. En este caso podía tener la libertad de crear un personaje que yo fuera incapaz de interpretar”. Y allí está Sheryl, “el antihéroe del año”, según Dunham. Un personaje cuya semilla si es autobiográfica, producto del encuentro de la misma July con una mujer en un retiro de silencio. “Era una mujer de pelo gris, poderosa y masculina. Sentí algo muy fuerte por ella y creí que era mutuo, a pesar de que no habíamos hablado ni nos podíamos mirar a los ojos. El último día del retiro, cuando pensé que llegaba nuestro momento, se cambió de ropa rápidamente y corrió hacia la furgoneta donde la esperaba su marido. Fue desgarrador. Pensaba que era mía. Entendí que si lo querías lo suficiente podías leer mal a una mujer como lesbiana. Esa fue la semilla de Sheryl”. Y Dunham, tal vez más hábil en encontrar las palabras adecuadas para cada circunstancia, puntualizó: “Básicamente si lo quieres lo suficiente puedes confundir a cualquiera por alguien a quien podrías amar”. Y ante risas del auditorio July explica que la anécdota dio pie a un capítulo de Portlandia.

mirandentro

Sheryl es el epicentro de una trama que incluye clases de autodefensa, pactos de agresión física entre dos mujeres adultas, relaciones entre personas de edades dispares, psicólogos y terapias varias o situaciones en las que una mujer fantasea con roles masculinos que abundan en el porno y que chocan incluso a Dunham. “Yo siento que todos miramos lo mismos productos y que en el fondo nuestra psique no discierne entre géneros. En las representaciones que vemos la mujer es la sexy, es la que quieres tener. Así que si lo miras de esta manera, el sexo es follarse a una mujer. No fue difícil para mí darle este giro”, afirmó July.

Entre lo oscuro y lo humorístico, en esa fina línea que separa lo hilarante del drama absoluto, allí se encuentran los personajes de The first bad man. Y es con esta adictiva novela y esta distancia de ella misma donde se atreve con más fuerza a explorar terrenos más atrevidos. “¿Te sientes más vulnerable escribiendo que actuando?”, le pregunta Dunham. “Es vulnerable en el sentido de que no me puedo creer que todo esto de lo que estamos hablando esté allí fuera. Estamos teniendo una conversación sobre cosas íntimas que ni siquiera tú y yo habíamos tenido nunca. Pero supongo que esa es la belleza de la ficción”.

En la última parte de la conversación se habló de maternidad, de klonopin -las pastillas que sin pudor alguno July afirma que usa para dormir cuando está de gira- o de las críticas a las que tienen que hacer frente las dos autoras por el hecho de ser mujeres creadoras. La audiencia finiquitó el evento con apropiadas preguntas sobre la novela mientras July y Dunham celebraban que la noche no hubiera acabado con cuestiones sobre la popular serie Girls.