La primera vez que dejé que me depilaran las cejas

La primera vez que me depilé las cejas fue en la pomposamente llamada ‘esteticién’ de mi barrio cuando tenía unos 16 o 17 años. Esa también fue la última, hasta donde mi exigua memoria puede recordar.

Más allá de un repaso casero con las pinzas de depilar de vez en cuando, mis cejas (normal de anchas, normal de pobladas, normal de rebeldes) no necesitaban mucho más. O eso creía yo hasta que llegué a ese paraíso de palitos, algodones, ceras, pinzas que están presentes en los llamados ‘bares de cejas’, un espacio en el que hacen mucho más que quitarte cuatro pelillos.

Para probar la experiencia, que últimamente estoy aventurera con los temas de belleza, acudí al local que Benefit acaba de abrir en la calle Ayala, 19 (Madrid). Allí, tres tocadores (dos de ellos ocupados) anunciaban lo que yo esperaba que sería una pequeña tortura de tirones y lagrimeo. Sin embargo, desde el primer momento las chicas que me atendieron me aseguraron que apenas me dolería. Aunque mi confianza no estaba demasiado alta a ese respecto…

BBGafasSol

Larisia, la experta en cejas que me atendió, me explicó que ellos no se limitan a depilar, sino que trazan un brow mapping, un mapa de cejas. «El primer paso es medir, y según la morfología de la ceja», contaba Larisia mientras medía con un palito mis ojos y mis cejas, «se realiza un diseño específico para cada una». Y así lo hicieron: calcularon cuánto sobraba tanto del entrecejo como de los extremos, cuál debía ser el punto más alto y cómo limpiar la mirada a partir de ahí.

Antes de depilar, mis cejas (de un castaño claro o rubio oscuro, según se mire) pasaron por un tinte, algo que me sorprendió, ya que no tengo huecos. El tinte no es agresivo, es vegetal y no da alergias, porque apenas está un minuto en contacto con la piel. La primera tarde me encontré algo rara, pero tras pasar por la ducha y retirar el exceso comprobé que el tinte mejora su forma.

Todos estos productos son específicos para las cejas. Sí, yo también aluciné.
Todos estos productos son específicos para las cejas. Sí, yo también aluciné.

Quizá uno de los mayores temores a la hora de depilar zonas tan sensibles es el uso de cera, también por el temor a un posible descolgamiento del párpado, algo que, según las especialistas, no es más que un falso mito. El pelo se retira mediante una cera tibia fabricada por la misma casa Benefit y que contiene aloe vera. En una zona tan sensible, da miedo que pueda quemar, pero no molesta nada, y, curiosamente apenas duele. Aunque las manos expertas quizá también tengan bastante que ver, claro…  Se aplica sobre la piel un aceite de azuleno, calmante y limpiador, que evita posibles infecciones, y tras él las pinzas, que apenas son necesarias más que para los retoques.

Y luego la calma. Un gel refrescante para evitar granitos y unos retoques para evitar las rojeces en la zona y, quienes lo necesiten, recuperar el maquillaje perdido por el camino. Yo que no estaba nada puesta en el universo que rodea a las cejas he aprendido que existen algunos productos específicos para maquillar la zona. Además que conviene volver a hacerlas cada cinco semanas.

El lugar donde se obró la magia.
El lugar donde se obró la magia.

Tres razones por las que volveré a ponerme en manos de un experto en cejas cuando la magia haya desaparecido:

1. La experiencia no fue un suplicio, yo diría que hasta conseguí relajarme.

2. Por fin el diseño de mis cejas se corresponde con la forma de mi cara.

3. Este pequeño ritual de belleza me ha hecho sentir más favorecida.

(El precio de la depilación de cejas es de 21,50 euros; si es depilación con tinte, 31,50).

BBGafasSol