6 consejos para que tu vida sexual no se reduzca a la obligación del sábado noche

Apuntamos algunas ideas y planteamientos, aplicables a todas las sexualidades, gustos y orientaciones para mejorar y crecer sexualmente.

vida sexual

Es fácil caer en la rutina y convertir tu vida sexual en casi una obligación.

Foto: Cordon Press
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1. Un buen departamento de comunicación para tu sexualidad

Los malentendidos, los deseos nunca comunicados; la ocultación de pequeños trastornos, que puede ser interpretada por el otro como un desinterés por el sexo, son conductas muy poco recomendables en el terreno de la sexualidad, donde muchas veces falla la forma en la que nos expresamos, el dónde y el cuándo.

Según Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, del Instituto Iberoamericano de Sexología y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, “a menudo expresamos nuestros deseos o críticas de una forma muy poco diplomática y amable. Somos muy taxativos, nos enfadamos, formulamos las peticiones en forma de órdenes y en negativo (no me gusta que me hagas eso); cuando deberíamos hacerlo en positivo ( me gustaría probar esto) y como una invitación a experimentar algo juntos. Olvidamos que las palabras pueden ser armas de destrucción masiva, especialmente si se dicen en determinadas situaciones o contextos”.

Por el contrario, un buen departamento de comunicación erótica elabora notas de prensa que presenta a su partenaire en lugares neutros –nunca en la cama y menos en medio de la faena–, y que resultan atractivas, sugerentes y amables. Habla de sus problemas y sus miedos de forma abierta, para tratar de encontrar soluciones, y no los esconde o disimula con la herramienta del fingimiento. Y, desde luego, evita radiar sus pensamientos y volcar en el otro toda esa basura mental que no hace sino enturbiar la confianza. Según Molero, “una característica de las parejas felices es que tienen una excelente comunicación erótica”.

2. Invierte en los auténticos preliminares

 Parece que ya todos estamos de acuerdo en que hay que alargar los preliminares, que es algo así como el calentamiento antes de ponerse a correr; ya que cuanto más tiempo calentemos, mejor será nuestra carrera. Claro que lo que se entiende por juego previo consiste en dedicar un cierto tiempo a las caricias, besos, tocamientos y demás practicas destinadas a la excitación corporal.

Vivimos en modo trabajo, ocio, familia y pretendemos que dándole a un botón e invirtiendo un poco en jueguecillos, podamos ponernos en actitud sexual sin dificultad alguna. Puede que eso ocurra, especialmente si uno es joven, y cuenta con un stock de hormonas, o si acaba de conocer a alguien y está enamorado; pero también puede ocurrir que la transición no sea tan simultánea ni instintiva como deseamos.

Es probable que esos preliminares no sean suficientes y que tengamos que erotizar más nuestra mente y nuestro día a día. Algunas culturas viven más cercanas a su sensualidad que otras y, seguramente, eso las convierte en personas más satisfechas sexualmente. A menos que uno tenga la poderosa habilidad de pasar de ser un funcionario del catastro en Dusseldorf, por la mañana; a un semental en celo, cuando llega la noche.

“Los rituales de la comunicación sensual son muy importantes”, afirma Molero, “pero con el tiempo se descuidan y dejan de practicarse. Las miradas, besos, caricias, frases, mensajes, gestos van preparando el terreno y el ánimo y sensualizan el día”. A menudo, estas practicas desinteresadas, que no persiguen necesariamente el sexo y sin ánimo de lucro, son las más efectivas.

3. Enamórate de ti mismo

 El sexo es uno de los pocos ámbitos en los que muchas personas experimentan antes con otros que con ellos mismos. Algo así como ponerse a cocinar para diez comensales antes de haberlo hecho para uno, cada día, o apuntarse a un concurso de baile sin haber practicado antes en casa. Las mujeres, especialmente, empezamos a masturbarnos tarde, en numerosas ocasiones en periodos entre parejas o tras una ruptura, lo que no hace sino retrasar el feliz momento en que una conoce su cuerpo, se ha hecho ya con los mandos y sabe qué botones apretar y cómo para que el sexo se corresponda con su legendaria imagen de felicidad y placer supremo.

En un mundo perfecto, los adolescentes deberían tener una buena educación sexual y practicar mucho consigo mismos. Pero la realidad es bien distinta, la educación sexual brilla por su ausencia, con lo que los jóvenes deben recurrir a la pornografía o las batallitas de sus amigos para hacerse una idea de lo que es la sexualidad. El problema es que si la única referencia que tienen de una relación sexual es el porno, se encuentran con una visión distorsionada que les ayuda poco en la vida real.

Por si fuera poco, las mujeres suelen estar más pendientes de sus físicos, sus kilos de más o sus pelos, que del funcionamiento de sus vaginas o clítoris; mientras sobre los hombres planea la presión de tener que ejecutar una performance a lo Nacho Vidal y mantener siempre izado el estandarte. Filosofía que permanece a lo largo de los años y que solo empieza a cambiar cuando el vigor y la estética nos abandonan. Entonces, aunque un poco tarde, buscamos la funcionalidad.

No tengo hijos, pero si los tuviera trataría de inculcarles la idea de que no se puede disfrutar con otro/a si antes no lo haces contigo mismo. Les instaría a que lo hicieran, contestaría a sus preguntas de la mejor forma posible y trataría de enseñarles a hacer las paces con sus anatomías, con ciertas dosis de filosofía Wabi-Sabi, el arte de ver la belleza de lo imperfecto. Ya saben “nada dura, nada está completo, nada es perfecto”.

4. Plantéate el sexo como un valor

La misión de la sexualidad y la forma de entenderla influye en nuestra manera de vivirla. Si durante siglos ésta fue vista como algo pecaminoso, aceptable solo en el matrimonio con fines reproductivos; ahora ha pasado a ser un objeto de consumo, pendiente de las modas y estándares que dicta el mercado.

Francisca Molero sostiene, sin embargo, que “la dimensión sexual del individuo debería entenderse como un valor fundamental que nos ayuda a crecer, a sumar conocimiento, a entender más el mundo y a nosotros mismos, a reconciliarnos con el placer y el disfrute y que, en definitiva, nos hace mejores personas. Yo creo que estamos viviendo un cambio de paradigma, en el que algunos antiguos valores serán sustituidos por otros nuevos, más acordes con la realidad presente, y yo diría que la sexualidad va a cambiar y ocupar un lugar muy importante en ese nuevo modelo. Y, cambiando la forma de entender la sexualidad es posible que contribuyamos, en cierta medida, a transformar el mundo”.

El psicólogo norteamericano Noam Shpancer sostiene en un artículo titulado Why do we have sex? (¿Por qué practicamos el sexo?), el verdadero placer de una relación sexual no proviene de la estimulación de los genitales sino de la “sincronizada cooperación entre las personas”, de ese especial tipo de conexión. Y si los japoneses tienen tan pocas relaciones sexuales con otros –en un país tan obsesionado con el sexo, la pornografía, la prostitución y las muñecas de látex–, es probable que el motivo haya que buscarlo en la creciente deshumanización de las relaciones sociales.

5. Tierno en las relaciones esporádicas y salvaje con tu pareja

Inconscientemente, imitamos los modelos de comportamiento que nos han sido inculcados, que vemos en películas, series o que nos relatan los amigos. El sexo esporádico, el revolcón, tiene sus reglas no escritas, que todos seguimos. Es liberador, espontáneo, divertido, sin ataduras, no requiere de grandes dosis de afecto, no tiene efectos secundarios ( a menos que hayamos prescindido del preservativo), se nutre de la frivolidad, la irresponsabilidad y el desenfado. Es atrevido y dado a los experimentos, porque si algo falla o no sale como lo esperábamos, no hay consecuencias graves, ni daños colaterales.

El sexo con la pareja –y sobre todo si la relación es ya de años–, tiende a cubrirse de una capa de seriedad, de rigor, una obligación de los sábados por la noche, una amenity más en el todo incluido de una estancia de hotel. Conocemos ya los gustos de nuestra pareja y, en aras de la paz conyugal, procuramos no aventurarnos en otras sendas, ni sorprender al otro, por lo que pueda pasar. Buscamos la difícil línea entre añadir “algo de picante a la relación” y que todo siga igual, no vaya a ser que las nuevas demandas superen nuestra capacidad de satisfacerlas. Buscamos el juego pero que, al mismo tiempo, no nos desbarate mucho la casa y, sobre todo, que no manche los sofás ni dañe los muebles.

Una queja común entre relaciones rotas, una ofensa difícil de perdonar es ver como la pareja sufre una metamorfosis, de la noche a la mañana, y pasa de ser el aburrido/a y asexual compañero/a, a convertirse en un dios/diosa del sexo al conocer a otra persona.

Amiga de darle la vuelta a todo, siempre he pensado que una buena regla a observar en materia sexual puede ser tratar al desconocido como al amor de tu vida y a tu pareja como si fuera un amante de una sola noche. Prueben a cambiar alguna vez el chip y observen los resultados.

6. No pares, sigue, sigue

 “El deseo es algo frágil, en ocasiones difícil de recuperar cuando se pierde, porque sabemos muy poco de la naturaleza del mismo y porque está conectado con otras muchas facetas de la vida de la persona. Además, no todos tenemos el mismo nivel de deseo, hay algunos que tienen más que otros. Por eso es tan importante conservarlo. Y mantenerlo es una cuestión de actitud”, comenta Iván Rotella, sexólogo, director de Astursex, centro de atención sexológica en Avilés y miembro de La Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS).

Todos pasamos por épocas en las que la libido parece habernos abandonado completamente –el deseo es un niño caprichoso que no soporta el aburrimiento ni el estrés por mucho tiempo–, pero la naturaleza nos ha dotado con la capacidad de satisfacernos a nosotros mismos y tratar de atraer de recuperar de nuevo el instinto básico mediante el autoerotismo.

Los famosos ejercicios de Kegel –que pueden hacer ambos sexos– no solo sirven para mantener un buen suelo pélvico y favorecer la lubricación femenina, sino que también tienen la capacidad de erotizarnos. Y, para continuar en el plano de lo físico, con el fin de mantener nuestro cuerpo a punto para el sexo, a pesar de los años, Francisca Molero cree que lo más importante es “conservar la flexibilidad en el sistema osteoarticular, no tanto porque haya que seguir haciendo posturas complicadas, sino porque esto evitará o retrasará el dolor en las articulaciones”.

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