Querida señora, por Eva Hache

«No hay manera humana de que tener hijos no sea un contratiempo para nuestras carreras profesionales y para nuestras bellezas»

Gina Lollobrigida
Foto: Cordon Press
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Y atiende tú también, nena. Que por «Señora» me refiero también a ti, joven lustrosa y casadera, porque resulta que ya dijeron en la Real Academia de la Lengua Española (sí, ellos, hombres en su mayoría) que el término «señorita» casi que nos ninguneaba, ya que a ningún hombre, aun siendo un pimpollo en edad de merecer, se le llamaba «señorito». Y que bla, bla y bla. Por comparación.

Comparación. Este es el tema que a mí me turba. Yo no sé si ser feminista.

Querida, señora: se nos está yendo la olla. Las dos: la de pensar y la del pitorro. Hemos conseguido la igualdad. Total. Vale, no en nimiedades como cobrar lo mismo que los señores. ¿Porque siguen siendo ellos los que pagan, quizá? Pero está claro que podemos desempeñar cualquier puesto de trabajo igual o mejor que ellos. Por comparación, otra vez.

Hemos tenido que demostrar tanto que hasta podemos alegar ser hombres. En cualquier circunstancia. Lo mismo en una empresa del más alto standing como en un bar de barrio animando a El Equipo de Fútbol e interpretando a una perfecta hooligana. La sensibilidad que la pongan ellos. A veces, la sensibilidad que le pedimos al hombre la perdemos las mujeres fingiendo ser más duras que una partida de mus entre un suegro, un cuñao, uno del pueblo y el turrón de Alicante que sobró del año pasado. Como todo el mundo sabe, fingir se nos da bien.

Y, al mismo tiempo, todas tenemos que seguir siendo Mujercitas (sí, en mayúscula, porque me refiero a las de Louisa May Alcott, sí 1868). Esas que hubiera cantado Ramoncín: Boquita pintada / Pelito peinado / Ropita variada / Tacones bien altos.

Podemos con todo, somos competitivas y estamos impecables. Pero ¿y a la hora de tener hijos? Ahí no podemos comparar. ¡Oh, mundo cruel! ¡Nos has exigido que seamos hombres y madres! Eso no puede ser. O seguimos siendo La Más Brillante o esperáis todos a que seamos La Más Madre, como aquellas abuelas, las que no tenían que demostrar ser hombres, y luego seguimos con lo que estábamos. Somos capaces. Pero cada cosa a un tiempo, porque estamos hechas un lío. Y encima tenemos la responsabilidad de hacerlo todo bien (suspiro).

Así que, querido, señor: o mejor, querido, señor, señorito o señorón, que todo lo manda (por ahora): haga el favor de ponerse con el tema. Ya sabemos que es usted sensible, como le hemos pedido. Pero, hasta que no desarrolle la capacidad de gestar, parir y amamantar, haga el esfuerzo de ponerse en nuestro lugar. No hay manera humana de que tener hijos no sea un contratiempo para nuestras carreras profesionales y para nuestras bellezas. Es un desastre para nuestra ascensión laboral y no le digo para nuestras tetas. Así que legisle ya para que no nos sintamos fatal trabajando en nuestra casa, cuidando unos hijos que son de todos y para todos. Porque en ese tiempo, que casi consideramos inútil y perdido, estamos dándonos futuro. Y déjese de guarderías de 0 a 18, que están los chavales hasta los pelos que ya tienen. Denos unas buenas bajas maternales, cuide de que nuestros puestos de trabajo nos esperen y convenza a toda la sociedad de que criar hijos es un regalo que le hacemos. Y dígaselo a las mujeres también, porque, sinceramente, tenemos un follón.

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