Llega el porno para mamás

El boom editorial en Estados Unidos, una trilogía subida de tono y escrita por una exejecutiva de televisión y fan de Crepúsculo, ha destapado el fenómeno.

Erótica
Foto: Corbis
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Anastasia Steele es virgen, estudia Literatura en la universidad y lee Orgullo y prejuicio y Tess la de los D’Urbervilles. Durante 200 páginas del libro del que es protagonista consigue mantener a raya a su pretendiente, el joven multimillonario Christian Grey. Toman cafés e intercambian correos electrónicos cada vez más subidos de tono. Cuando él por fin la tiene en la puerta de lo que llama su Habitación Roja del Dolor, le avisa: «Si quieres escapar, tienes un helicóptero esperándote». Y ella le contesta: «Abre la maldita puerta, Christian». La pareja de ficción, residente en Vancouver y aficionada al bondage, protagoniza Cincuenta sombras de Grey, el fenómeno literario-comercial de la temporada, y el primer libro de una trilogía erótica que Grijalbo publicará en España en junio y que da paso a un género que la prensa ha bautizado como «porno para mamás». El libro nació en la cocina de Erica Leonard James, una inglesa, exproductora de televisión y madre de dos hijos que, como tantos lectores y sobre todo lectoras, escribía fan fiction (versiones libres escritas por los seguidores de libros, series o películas) en Internet. En su caso, publicaba en la Red adaptaciones eróticas de Crepúsculo bajo el seudónimo Snowqueens Icedragon.

James acabó por expurgar una de sus historias, titulada Master del Universo, de toda referencia a la saga vampírica –la fan fiction se mueve entre la ilegalidad y la alegalidad por violación de derechos de autor y escritoras como J. K. Rowling la persiguen con ahínco– y publicarla en un pequeño sello australiano. A la vez, lanzó al mercado la versión digital a un precio muy popular. Los romances de amor y fantasía llevan años funcionando a toda máquina en el mercado de libros electrónicos, pero lo de Cincuenta sombras de Grey fue algo más: un acontecimiento viral que corría de foro en foro y de club de lectura en club de lectura, creando una hermandad secreta de fans, agradecidas por el anonimato que da el Kindle, el iPad o el Nook (al no verse la portada, nadie sabe qué se está leyendo). Estas lectoras, acostumbradas a títulos como Come, reza, ama o Criadas y señoras encontraron en este libro algo que acabó conquistándolas. Se ha dicho que el libro funciona como una Viagra matrimonial, reanimando la vida sexual de las parejas.

Vintage, editorial habitual de Ian McEwan y Philip Roth, hará un relanzamiento masivo de la trilogía este mes y ya está en marcha la adaptación al cine. Universal y Focus han conseguido los derechos para el cine por cinco millones de dólares, en un acuerdo de altos vuelos que permite a James escoger director, localización y hasta los actores que interpretarán a Christian y Anastasia en la trilogía.

Ana Liarás, editora de Grijalbo, se hizo con los derechos de publicación en España «un poco antes de que estallara el boom». Sacará el primer título de la trilogía en junio, el segundo en julio y el tercero a finales de agosto. Calcula que «un 98%» de los compradores serán mujeres. ¿Qué le ven a este libro? «Empieza como una novela femenina tradicional y de repente te encuentras con el alto voltaje. No nos acaba de gustar la etiqueta de “porno para mamás”, pero desde luego chick lit no es. La veo como una especie de Pretty Woman». Liarás apunta títulos eróticos que cada cierto tiempo se convierten en éxitos masivos, como La vida sexual de Catherine M (Anagrama) o Los 100 golpes de Melissa Panarello (Poliedro), y cree que este puede suponer un repunte del género. Ya hay indicios. La editorial Mills&Boon (la Harlequín anglosajona) ha duplicado sus ventas en libros digitales y varias editoriales, como Random House o Simon & Schuster, han abierto sellos específicos.

Internet es un mundo al que las editoriales están prestando especial atención, tanto para captar lectoras como para fichar autoras. El Grupo Planeta lanzó en noviembre pasado el sello Zafiro, que edita únicamente novela romántica en formato electrónico a precios muy ajustados: desde 0,99 a 4,99 euros el título. Allí han publicado a autoras amateurs que antes colgaban sus ficciones en webs como El Rincón de la Novela Romántica. Una de ellas es Lola Rey, profesora de música y autora de historias como Escándalo, ambientado en la Inglaterra de la Regencia. ¿Dónde acaba la novela romántica exaltada de toda la vida y empieza la nueva erótica? Es difícil trazar la línea. La editora de Zafiro y Esencia –sello de novela femenina y romántica– Esther Escoriza admite que algunos de sus libros pueden tener «contenido casi pornográfico» y cita ejemplos como una escena de la saga vampírico-romántica Los guardianes de la oscuridad, en la que «acaban haciendo felaciones a mordiscos». Sin embargo, asegura que en su editorial huyen «del sadomaso y de contenidos que puedan violentar». Ella no compra la teoría de que el libro electrónico funciona bien con este género por el factor vergüenza. Cree que sus lectoras, «algunas jóvenes y con estudios, que leen en inglés sus sagas favoritas», ya no arrastran ningún estigma. Simplemente, consumen mucho, unos cuatro títulos al mes, y los precios más bajos de las publicaciones digitales les salen a cuenta.

Susana Barreiro, orensana de 21 años, es una de esas autoras que, como James, escribe fan fiction erótica y la cuelga en Internet con seudónimo. «Me agrada que haya variedad, desde lo más picante a lo más dulce. Lo erótico le da dinamismo a la historia». A Barreiro le gustaría llegar a publicar sus novelas algún día en un sello tradicional. Y como a ella, a muchos de los alumnos que siguen los cursos sobre literatura erótica que imparte la profesora Marisa Mañana en Un Cuarto Propio y en la Escuela de Escritores de Madrid. Enseña con textos de Bataille, Aragon y Ana Rossetti, pero recuerda que en otros tiempos, «los relatos de duques y príncipes tenían bastante contenido erótico y debieron despertar la sexualidad de muchas mujeres españolas en los 50». En 2012 se supone que nadie necesita que le despierten nada, pero hay algo en el «porno para mamás» que remite a aquellos superventas. Y un duque no se diferencia tanto de un millonario. Excepto por las esposas.

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