Hollywood se escribe con ‘h’… ¿De hombre?

Las mujeres de la industria del cine se rebelan para reivindicar su lugar. ¿Sus armas? La ironía y la asociación.

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Foto: Brigitte Lacombe / 2015 Pathe Productions Limited

A Hollywood deben estar pitándole los oídos. En el espacio de un par de días, Kristen Stewart dijo que ese lugar es “asquerosamente machista” y “tan ofensivo que es de locos”. Carey Mulligan, protagonista de la película Sufragette, sobre las mujeres que lucharon por el voto femenino, declaró que “en términos de papeles para las mujeres, la industria es obvia y masivamente sexista”. Y eso después de que Cate Blanchett tuviera que recordar que “las mujeres no dejan de consumir cultura cuando paran de menstruar”.

Toda esta avalancha de declaraciones además coincidió con la difusión de dos vídeos virales de tono humorístico, uno protagonizado por Amy Schumer, la cómica del momento –protagonizará la próxima película de Judd Apatow, Trainwreck, y su programa de sketches vive un romance con la crítica– en el que Tina Fey y Patricia Arquette celebran el Last F***able Day de Julia Louis Dreyfus, ese en el que la industria decide que es inconcebible que alguien quiera algún tipo de roce con una mujer que ha cometido la osadía de llegar a los 50. El otro, pensado para promover la campaña Make It Fair (Haz lo justo) es una parodia en el que una serie de mujeres profesionales de todas las áreas del espectáculo, entre ellas actrices como Rita Wilson o Mamie Gummer, hija de Meryl Streep, cantan una balada del tipo We are the world, we are the children, reclamando que los hombres alcancen el 100% del dominio del negocio. “No pararemos hasta que los hombres lo tengan todo”, entonan con cara de pena mientras desgranan estadísticas como éstas: Sólo el 93% de las películas populares están dirigidas por hombres, y apenas el 80% escritas por ellos. Las mujeres consiguen salir desnudas en pantalla el doble de veces y nada más que el 73% de los papeles con frase son para atores masculinos.

Mientras, otras mujeres de Hollywood están arremangándose. Meryl Streep ha anunciado su apoyo a The Writer’s Lab, una incubadora de talento orientada a mujeres guionistas mayores de 40 años, y Rose Byrne ha fundado, junto a otras profesionales de distintos ámbitos, una productora formada sólo por mujeres, The Dollhouse Collective. Sin explicitarlo, Reese Witherspoon lleva años haciendo algo similar, promoviendo películas con protagonistas femeninas.

Será el efecto post-Arquette –por las declaraciones, algo confusas pero bienintencionadas que pronunció la actriz de Boyhood al recoger su Oscar– o simplemente que, como señala Kyle Stokes, una de las fundadoras del Writer’s Lab, se ha alcanzado “un punto de inflexión”; pero lo cierto es que la conversación sobre la desigualdad en el mundo del espectáculo, una que se lleva produciendo casi desde los tiempos de Charles Chaplin, ha subido de volumen y se ha hecho casi imposible de ignorar.

La asimetría más fácil de palpar, la que se percibe en pantalla y que denuncian muchas actrices, la falta de papeles interesantes para mujeres, tiene múltiples causas pero pueden reducirse a una: la eterna idea de que lo masculino es universal y lo femenino sólo eso, femenino. Streep, que también aparece en Sufragette, lo expresaba así recientemente: “De niñas, nosotras leemos toda la literatura, toda la historia. Podemos sentirnos más Peter Pan que Campanilla o Wendy. Yo quería ser Tom Sawyer, no Becky. Estamos acostumbradas a empatizar con un relato masculino, pero ellos nunca han tenido que hacerlo. Como intérprete, es lo más duro para mí, conseguir que los hombres del público sepan lo que siento”. La actriz Patricia Noonan, una de las artífices del vídeo de Make it Fair, abunda sobre ese problema: “si se estrena una película con una mujer o, glups, incluso más de una, rápidamente se etiqueta como un filme de mujeres. Lo mismo con las mujeres directoras. Espero el día en que un realizador sea sólo un realizador y una película con mujeres sea sólo una película”.

No es sólo la impresión, sino algo que respaldan los números. “Existe una percepción del mercado marcada por el género. Se cree que las mujeres directoras sólo pueden hacer películas basadas en un personaje, es decir dramas y romances, y a la vez se piensa que esas películas aportan pocos dólares, a pesar de que el 30% de las películas que más recaudan son precisamente de este tipo”, comenta Kristin Schaffer, presidenta de la asociación Women in Film Los Angeles, citando un estudio reciente que llevaron a cabo junto al Sundance Institute para el que entrevistaron a muchos hombres y mujeres de la industria y del que también se extrae que “el 50% de realizadoras también quiere dirigir blockbusters, películas de acción y gran presupuesto, disipando el mito de que sólo les interesan las historias intimistas”.

El sexismo en Hollywood tiene un compatriota, a decir de Nitza Wilon, del Writer’s Lab, el llamado edadismo. Es por eso que, como señalan en el desternillante vídeo de Amy Schumer, Sally Field pasó de hacer de interés romántico de Tom Hanks en la película Punchline (1988) a interpretar a su madre en Forrest Gump (1994). Por el mismo motivo, Robert Downey Jr, el actor mejor pagado del mundo en 2014, hace de superhéroe en la saga Iron Man y Diane Lane, que tiene su misma edad, 49 años, hace de madre de superhéroe en El hombre de hierro. Paul Rudd se va a estrenar en esas lides en Ant Man a sus 45. Si la película se llamase Ant Woman, ¿se llevaría el papel una actriz cómica de la misma edad como Jennifer Aniston? No es probable. Sería como mucho para otra Jennifer, Lawrence, que tiene 24. Cuando se supo que Rudd se había hecho con el rol, nadie tituló “hace de superhéroe a los 45”, como sí ocurrió cuando se conoció que Monica Bellucci sería Chica o más bien Mujer Bond a los 50.

Es en parte por eso que las creadoras de la incubadora de guiones han limitado su proyecto a mujeres mayores de 40 años. “Hay casi 77 millones de mujeres mayores de 40 en Estados Unidos, casi el 25% de la población, y en otros países el porcentaje es similar. Para ese grupo, las puertas no suelen abrirse de par en par. Al revés, se les cierran en las narices”, apunta Elizabeth Kaiden. Su colega Kyle Stokes añade que es generación no tuvo las mismas oportunidades que las que pueden alcanzar las cineastas más jóvenes: “internet, la filmación digital, el tener mujeres en posiciones de liderazgo…”.

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Rose Byrne acaba de fundar Dollhouse Collective, productora formada sólo por mujeres, mientras que Meryl Streep apoya un laboratorio para escritoras mayores de 40.

D.R.

En torno a algunas de estas iniciativas, sobre todo las que son puramente de denuncia, puede llegar a sorprender la ausencia de hombres implicados. ¿No es el sexismo también su problema, de la misma manera que el racismo afecta también a las mayorías dominantes? En Make it Fair se plantearon contar con hombres, aliados del feminismo, en su vídeo pero después decidieron hacerlo 100% femenino, delante y detrás de las cámaras, por varias razones. En parte porque creyeron que tenía más fuerza cómica pero también porque la producción del sketch sirvió como un ejemplo diminuto de cómo podría funcionar la industria. “En nuestras primeras reuniones nos dimos cuenta de que, cuando buscábamos directores, compositores, ingenieros de sonido…los cinco primeros nombres que nos venían ala cabeza eran de hombres. Y esa es una de las razones por las que no se contrata a mujeres, no porque no las haya de enorme talento, pero no son una de las cinco personas en las que piensas cuando necesitas que te resuelvan algo en poco tiempo”, apunta Noonan. Visto así, parece fácil.

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