Guía imprescindible de los mejores campamentos de verano para niños

Ya no vale con ir al campo y dormir en literas. La oferta de campamentos se adapta a los intereses de los más pequeños, con un enfoque casi profesional que va desde la moda o el cine al ‘rock’.

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Foto: Getty Images
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En la novela The Interestings, de Meg Wolitzer, las vidas de un grupo de amigos que se conocieron en un campamento de verano siguen interconectadas durante décadas. Para muchos adultos, los recuerdos de sus colonias son especialmente vívidos. Esos diez o quince días de verano dejan una gran huella en la memoria porque es la primera vez que se enfrentan al mundo sin el escudo familiar. El de The Interestings es una acampada tradicional, con su fogata y sus cabañas. Si bien ese modelo, más o menos influido por el movimiento scout, sigue existiendo, la tendencia tira hacia los especializados por disciplinas –desde la música, como en el Maldita Beach Rock (en agosto), en Murcia, a la cocina pasando por el cine– y que a veces funcionan como una prematura orientación profesional.

Los que organiza el programa MasterChef (de 8 a 16 años, todo julio) en pueblos de Girona, Burgos y Málaga, por ejemplo, son relativamente relajados, con clases de cocina por las mañanas y muchas actividades lúdicas, pero la organización ofrece también un intensivo en la Cerdanya con chavales de a partir de 12 años con altos conocimientos que implica dar un servicio de restaurante en un hotel de lujo. Teresa Ortiz, directora del campamento de moda Trasluz (947 47 32 61; de 12 a 17 años, en julio), que se celebra en el Palacio de Saldañuela (Burgos), suele avisar a los padres de que «el ritmo es vertiginoso». Durante 13 días, los asistentes –suelen ser niñas pero ha habido chicos en sus tres ediciones– diseñan una colección y producen un look para el desfile del último día. Reciben seis horas diarias de clases de dibujo y patronaje, en español e inglés, y charlas de profesionales.

En el campamento de cine Orson The Kid (de 10 a 18 años, en julio) los participantes producen dos cortos o incluso un largometraje. Trabajan con material profesional y se reparten todos los trabajos de la industria, desde técnicos de sonido a intérpretes. «Uno de nuestros exalumnos ha sido asistente de dirección de Ridley Scott y otros tres han ido a la New York Film Academy», comenta la coordinadora, Maite Frade. Por las noches debaten sobre películas clásicas que muchos de los chicos ya han visto en casa. «Su nivel es impresionante. Muchos tienen padres muy cinéfilos», reconoce. El precio, tanto del de moda como del de cine, oscila entre los 1.200 y los 1.400 euros por una quincena, algo que Frade lamenta y espera corregir en un futuro próximo, si recuperan a algunos de los patrocinadores que han desertado. A pesar del alto coste, Ortiz asegura que no obtienen ningún beneficio, ya que todo se va en el material y las instalaciones.

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El concurso televisivo MasterChef pone a los chavales a cocinar en Girona, Burgos y Málaga. También hay juegos y mucho deporte.

D.R.

La ‘mili’ está de vuelta

Muchos acuden al Campamento Tercios de Jóvenes Infantes de Marina (de 14 a 23 años, del 31 de julio al 15 de agosto), en la provincia de Valencia, para comprobar si les atrae la vida militar. Los veteranos que lo imparten confiscan los móviles el primer día, tocan diana a las siete de la mañana y hacen inspecciones sorpresa. «Esto no es un castigo. Si detectamos que un chaval viene obligado por sus padres porque se ha portado mal, le pedimos que se vaya», avisa uno de sus organizadores, Pedro Maynés, que admite similitudes entre este curso de pago y el antiguo servicio militar. «Pero allí ibas a grito limpio, aquí motivamos. Les hablamos de usted y les enseñamos el respeto que se ha perdido en la juventud de hoy en día». Los valores, en este caso del deporte, también son importantes en los campus que organiza el club de baloncesto Estudiantes (de 6 a 18 años, en julio) en Madrid, Guadarrama, Sierra Nevada o Mallorca; o el de Villeurbanne, en Francia, para conocer a la estrella de la NBA Tony Parker, que tiene el suyo propio.

Ante tanta oferta, la coach de familia Silvia Martínez Santalucía recomienda apuntar a los niños a campamentos solo si ellos quieren y a partir de los 7 u 8 años, «cuando empiezan a desvincularse de los padres y ganan importancia los amigos» y, a la hora de elegir, fijarse tanto en sus intereses como en cuestiones logísticas. No todos los niños tienen que pasar el verano jugando, pero tampoco hay que convertirlo en parte del currículum escolar. Para la coach, lo más importante que se llevan es «mayor autonomía personal y valores que tienen que ver con la inteligencia emocional».

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La moda es la pasión de quienes optan por el Campamento Trasluz, en Burgos.

D.R.

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