‘Café Society’, por Loquillo

En un intervalo en mi ir y venir por las autopistas de España, me refugio del bullicio de las vacaciones en un cine. Café Society es el último filme de Woody Allen.

Loquillo
Foto: Isabel Acerete
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Como Woody se ha hecho mayor, lleva unos cuantos años buscando en los cómicos de hoy sin encontrar su propio ego. Tiene más suerte con las bellísimas, que cada vez le gustan más jóvenes y más angelicales. La pareja de esta entrega son la guapa de la saga Crepúsculo, que entra en cámara como un ángel caído del cielo, y el chico listo de La red social. No encajan mal, él es feo, un poco tonto pero brillante, y un romántico sin remedio. Más o menos lo de siempre. Como Woody se ha hecho mayor, se mira en las películas del género clásico. Esas que interpretaban parejas rutilantes como Bogart y Bacall o Powell y Loy.

Puede que no cuente nada nuevo, que no sea su más brillante entrega ni su guión más ocurrente, pero me resulta un oasis, con sus muselinas y lentejuelas, lejos de tanto tangashort como se ve. Su cinefilia es un balneario (¿qué fue de esos clubes donde se fuma, donde se bailan melodías románticas y virtuosas y los protagonistas beben champán como si no hubiera un mañana?).

Camino del aeropuerto paso cerca de uno de los restaurantes más finos y caros de la ciudad. El nutrido grupo que sale viste camiseta y pantalón corto. Me pregunto si las chanclas son de Prada.

Hacían bien los habitantes del cine clásico bebiendo sin ton ni son. ¿Saben por qué? Porque el mañana lleva chanclas. ¡Como para no beber!

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