Ambiguo e inclasificable: así es el sexo en los nuevos tiempos

Las nuevas generaciones se sienten cada vez más cómodas identificándose fuera de los conceptos binarios de gay/ heterosexual, hombre/mujer y celebrities como la top model Hanne Gaby se declaran abiertamente intersexuales.

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Hanne Gaby, que acaba de anunciar que es intersexual, fue portada de S Moda. Foto: Kai Z Feng para S Moda

“I’m not a woman. I’m not a man. I’m something that you’ll never understand” (No soy una mujer. No soy un hombre. Soy algo que nunca entenderás), cantaba Prince en 1984 en la canción I Would die 4U. Pero la imagen andrógina del cantante de Minneapolis, que mezclaba rímel con bigote, tacones con pelo en pecho y tórax musculado con encajes, patente en la portada de su álbum Lovesexy (1988), no es nada demasiado nuevo. Ya Bowie había explotado antes su fluida sexualidad en los inicios de su carrera, tanto desde el punto de vista estilístico como en sus declaraciones o estilo de vida. La mayoría de sus muchas biografías no autorizadas lo dibujan como personaje bisexual, con una cierta adicción al sexo, que frecuentaba los círculos gays del Londres de los 70, al mismo tiempo que estaba casado con Angie, su primera esposa.

Pero Prince, además de su pretensión de no clasificarse en ninguno de los apartados que pudieran definir ni su identidad ni su orientación sexual; predicaba, de forma muy sutil, que la gente empezase a dejar de hacerlo. En su canción If I was your Girlfriend (1987) canta: “Si yo fuera tu novia. ¿Te acordarías de contarme todas las cosas que he olvidado cuando era un hombre?”. En el tema Controversy (1981) se pregunta “¿Soy negro o blanco?, ¿Hetero o gay?” Y si en la mayoría de sus entrevistas el músico se perfilaba como heterosexual, en otras muchas simplemente respondía: “¿Y eso importa?”.

Esa misma pregunta se la hacen, desde hace algún tiempo, celebrities como Kristen Stewart, Miley Cyrus, Cara Delevingne o Lily-Rose Depp –la hija de Vanessa Paradis y Johnny Depp–, que se resisten a satisfacer la ansiedad de un público que necesita encasillarlas en una orientación sexual determinada. La top model Hanne Gaby ha ido más allá y se ha declarado públicamente intersexual, es decir, un individuo que tiene en grados variables caracteres sexuales de ambos sexos. “Es muy importante para mí que en este momento de mi vida se rompan los tabús. En este punto, en esta época, debería ser perfectamente normal hablar de la intersexualidad”, declaró la modelo tras hablar sin tapujos

Muchas de estas personalidades ya han engrosado el proyecto Self Evident Truths, que busca sacar a la luz la sexualidad de todos aquellos que se identifiquen con cualquier cosa menos con ser 100% algo, generalmente hetero u homosexual. Una idea que salió de la cabeza de la artista iO Tillett Wright, que un día empezó a fotografiar rostros “no de hombres ni mujeres, sino de individuos”. “Todos somos iguales, todos somos únicos” es la filosofía que se desprende de sus vivencias personales. A los seis años quiso ser niño, para lo que se rapó el pelo y empezó a jugar al balón. Más adelante, se sintió de nuevo cómoda con su cuerpo y volvió a ser mujer.

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St Vincent ha declarado que “no se identifica con nada en particular”. Foto: Getty

La cantautora y multiinstrumentista estadounidense St. Vincent, ha declarado que no cree en “la fluidez sexual y de géneros. Realmente no me identifico con nada en particular”. Una corriente que empiezan a abrazar muchos millennials y que se refleja en el estudio Glaad’s Accelerating Acceptance Report, de 2016, que revela que las nuevas generaciones se sienten cada vez más cómodas identificándose fuera de los tradicionales conceptos binarios de gay/ heterosexual, hombre/mujer. El estudio, llevado a cabo en EEUU entre 2.037 adultos, revela que un 20% de los jóvenes de entre 18 y 34 años son más propensos a definirse abiertamente como integrantes del colectivo LGTBI que las generaciones anteriores. Otro 12% de ellos se consideran transexuales o no están contentos con el género que les asignó al nacer, el doble del porcentaje que registra este fenómeno entre los entrevistados pertenecientes a la Generación X (los que cuentan ahora entre 35 y 51 años). El estudio es el último que se ha hecho al respecto, después de que el pasado año la agencia Walter Thompson Innovation descubriera, tras la elaboración de una encuesta, que solo el 48% de la Generación Z (entre 13 y 20 años) se identifican a sí mismos como heterosexuales; y de que en 2015, una investigación en el Reino Unido llevada a cabo por YouGov, una firma de estudios de mercado, mostrara al mundo que el 43% de los jóvenes ingleses de entre 18 y 24 años no se consideran a sí mismos como completamente heterosexuales.

Jill Soloway creadora de la popular y premiada serie Transparent, reflexionaba como uno de los papeles de los transexuales es hacer que el resto del mundo empiece a cuestionarse qué es lo que realmente le atrae. “Enamoramientos entre gays o lesbianas, entre heterosexuales o gente con una orientación sexual más fluida, o queer? ¿O tal vez solo atracciones, solo sexo, solo amor?”.

No es tolerancia todo lo que reluce

Para Delfina Mieville, socióloga y sexóloga experta en género y derechos humanos, con consulta en Madrid, “dentro de las nuevas generaciones hay mucha más fluidez en cuanto a la orientación sexual es decir, hacia quién dirijo mi deseo (hetero, homo, bi, pansexual…), pero también hay más polaridad. Por un lado están los jóvenes educados y concienciados con la diversidad racial, de género u orientación y por otra parte los hijos de la “no frustración”, que al no salir de su zona de confort, viven ajenos a la realidad, sin entender nada ni querer hacerlo. Porque, al mismo tiempo que existe la primera tendencia entre los millennials, también se registra un cierto renacimiento o continuidad de la cultura machista entre sectores más jóvenes”.

Mieville opina que hay mucho de estrategia de marketing en esta celebrada tolerancia sexual. “En cuanto al ‘no género’, o la ambigüedad, la mayoría es un juego de seducción con la cámara y el espectador, sea éste quien sea, como objeto del deseo de esa mirada estudiada. Lo no binario (hombre/mujer), además de ser algo nuevo para occidente es todavía difícilmente viable a pie de calle. Algunos transexuales como Laverne Cox, una de las protagonistas de Orange is the New Black, pueden llegar a convertirse en iconos. Pero no olvidemos que los ‘pecados’ se les perdonan antes a los privilegiados o personas con algún tipo de poder, que a los simples mortales. Tampoco hay que perder de vista que las mujeres transexuales lo tienen más difícil, porque al cambiar de hombres a mujeres bajan de estatus, pasan a formar parte de lo que se ha llamado ‘el sexo débil’, y muchas tienen miedo a ser objeto de burla o a sufrir agresiones de todo tipo. Con todo, por ahora, yo sentiría gratitud, por que aunque sea más un reflejo que una realidad, existe visibilidad”.

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La actriz transexual Laverne Cox. Foto: Cordon Press

La propia Laverne Cox, tuvo que emigrar a Nueva York para refugiarse del continuo acoso de sus compañeros de colegio en Alabama, por sus actitudes claramente femeninas y, más adelante, intentó suicidarse tomándose un frasco de pastillas. El glamour que acompaña a su vida pública y su aparición en la portada de la revista Time es una trayectoria que pocas transexuales comparten.

De hecho, el fenómeno queer, como apunta Delfina, “es un movimiento político muy impregnado de la realidad de los derechos humanos y el enfoque de género y que se popularizó con la ayuda del feminismo, lo que a veces parece que se olvida”.

Beatriz Preciado escribe en el blog Parole de Queer, sobre la historia de esta palabra en los siguientes términos: “En el siglo XVIII eran queer los invertidos, el maricón y la lesbiana, el travesti, el fetichista, el sadomasoquista y el zoófilo. El insulto “queer” no tenía un contenido específico: pretendía reunir todas las señas de lo abyecto. (…) En algo menos de dos siglos la palabra queer ha cambiado radicalmente de uso, usuario y concepto. El movimiento queer no es un movimiento de homosexuales, sino de disidentes de género y sexuales que resisten frente a las normas que impone la sociedad heterosexual dominante (…)”.

Caitlyn Jenner –ex William Bruce Jenner, campeón olímpico de decatlón en los Juegos Olímpicos de 1976–, quien confesaba en una cabecera que tuvo “una pistola en las manos un par de veces”; la modelo transgénica Andreja Pejic o el genial actor escocés Alan Cumming, que registra dos matrimonios, el primero con una mujer y el segundo con un hombre, son ejemplos de la elasticidad en cuestión de identidades y orientaciones hacia la que caminamos. Tal vez dentro de algunos años la casilla del sexo desaparezca de los pasaportes o carnets de identidad y salir del armario no tendrá ya sentido. Habrá tantos por los que transitaremos a lo largo de nuestras vidas que ya nadie dará importancia a aquellas primitivas ‘clasificaciones’.

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