Está pasando: hombres que se hacen pasar por feministas para ligar

Analizamos, con testimonios de primera mano, la plaga de impostores que asola la vida pública a la misma velocidad que el movimiento por la igualdad logra la atención generalista.

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Una de los atributos principales del falso feminista es su talento innato para el 'mansplaining'. Foto: NBC

“Tú te has hecho feminista para ligar más, ¿verdad?”. No importan los argumentos, la sonrisa socarrona de aquellos que te escuchan expresar simpatía por el movimiento feminista si eres hombre es siempre la misma. Creen haber descubierto tu nuevo truco de seducción, el paso siguiente tras apuntarte al gimnasio y descargar en tu móvil decenas de aplicaciones para buscar pareja. Este chascarrillo recurrente es también sintomático de una de las realidades colaterales al activismo por los derechos de las mujeres que más desapercibidas pasan. Porque para muchos, el feminismo significa eso: el enésimo tema de conversación con el que abordar al próximo objetivo. No son difíciles de rastrear porque desprenden un olor a camaradería condescendiente que les delata. Puedes preguntarle a cualquier amiga activista o escudriñar durante un rato esos bultos sospechosos sin rumbo definido que suelen aparecer en manifestaciones, bares y redes sociales. El mítico programa de humor Saturday Night Live ha sido el primero en sacar a la luz generalista esta creciente legión de falsos aliados feministas. ¿Existe el fenómeno en nuestro país? ¿Cuál es su modus operandi? ¿Cómo discernir a los camuflados de los verdaderamente convencidos? En S Moda nos hemos puesto en contacto con expertas en la materia para diseñar un protocolo de actuación que los erradique de una vez por todas.

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Fotograma del sketch de ‘Saturday Night Live’ sobre los feministas impostores. Foto: NBC

“No me importa quién le abre la puerta a quién. Estoy harta de depredadores y hombres desesperados por reafirmarse que se declaran feministas solo para llamar mi atención”, clama la escritora Kate Iselin. En un artículo publicado en el diario británico The Guardian bajo el título Por qué no volveré a salir con un hombre feminista, Iselin narra las terribles experiencias sufridas al intentar llevar a cabo una idea a priori sensata: emparejarse con alguien que comparta sus ideales de liberación para la mujer. “Desde aquel que me mandó un mensaje con una foto de su pecho desnudo y me animó a hacer lo mismo en nombre del movimiento #FreeTheNipple, a otro que se negó a disfrutar del sexo oral porque encontraba el acto demasiado degradante como para dejarme llevarlo a cabo”, recopila la escritora, que sostiene que salir con feministas es una de las peores decisiones que ha tomado.

Gracias a un sketch titulado Chica en un bar, emitido el pasado 4 de marzo y que puede verse en España en Movistar+, el legendario programa de humor Saturday Night Live ha puesto luz y taquígrafos al fenómeno. La actriz Cecily Strong interpreta a una chica abordada consecutivamente por cuatro falsos feministas en la barra de un bar. Uno de ellos viste una camiseta con el eslogan The future is female (El futuro es femenino), otro un Pussy hat (el gorro de lana rosa anti Trump) y el tercero clama por una mujer presidente en la Casa Blanca cuando interpela a la joven: “Ya que ambos somos fans de Hillary Clinton, ¿te importaría ver mis pelotas?”. Cuando ella rechaza sus insinuaciones sexuales, estos se revuelven calificándola de “zorra”, tocándose sus partes y justificando la obligatoriedad de mantener relaciones porque “¡marché por ti en Washington!”. Una escena tan hilarante como crítica y delatora de un sentimiento arraigado en ciertos individuos.

“Me deberían haber saltado las alarmas cuando nada más conocerle me aseguró que todas las chicas con las que había estado eran –según sus palabras– unas locas”, nos relata una periodista de 26 años que mantuvo una relación con uno de estos individuos. “Él presumía de ser progresista y súper feminista, además teníamos conversaciones sobre temas como la prostitución o Femen. Pero no lo llevaba a la práctica. Por ejemplo, en el plano sexual no era nada, nada generoso, y no respetaba que yo quisiera usar preservativo. Le encantaba calificarme como una drama queen. También llevó al extremo lo de no invitar nunca a una tía a nada, hasta el punto de que jamás lo hizo. Ahora, yo a él sí, siempre”, concluye, lamentándose de “no estar tan empoderada” en aquel tiempo como hoy en día.

Diana López Varela, periodista, bloguera y autora de uno de los libros feministas recientes más celebrados, No es país para coños. Sobre la necesidad de una sociedad feminista (Península, Atalaya), bendice nuestras sospechas. “Claro que he notado el incremento de tipos que se hacen pasar por feministas para intentar meterla. Esos sujetos son capaces de mandarte flores en el Día Internacional de la Mujer mientras hablan del amor y la abnegación de su abuela silente y su madre deprimida como valores admirables en una fémina”. Según la escritora, estos individuos tienden a sentirse atacados si contradices sus argumentos y adoran ejercer como profesores del feminismo ‘bueno’ tirando de mansplaining. Entre los hits, sentencias como “Yo soy feminista PERO tampoco hay que llevarlo a tu extremo” o “El feminismo está bien PERO las radicales hacen mucho daño a vuestra causa”. “Pueden llegar, incluso, al atrevimiento máximo con un bonito ‘también hay denuncias falsas’”, denuncia López Varela.

Algunos de estos especímenes llevan sus impostadas artes reivindicativas a las redes sociales. La escritora e investigadora Nashwa Khan recoge en un artículo para la web Ravishly algunos casos de supuestos aliados que se venden como tal en aplicaciones para encontrar pareja como Tinder. “Desliza a la derecha si eres una feminista” sugieren algunos, suponiendo tal gesto la aprobación a ponerte contacto con esa persona. “El feminismo ha evolucionado en los nuevos ‘Hombre sentado en el parque con un perrito adorable’ u ‘Hombre en el centro comercial haciendo de canguro’. Es el último truco barato para impresionar o atraer a una mujer”, sostiene Khan.

Elena, sobrenombre que utilizaremos para mantener su anonimato, conoció en la misma app a un chico que se consideraba abiertamente feminista por haberse criado solo con mujeres. “Al empezar a hablar afloraron los comentarios fuera de lugar, como cuando se lamentaba de la mala suerte con sus ex porque solo atraía a ‘perturbadas’”. Esta Licenciada en Publicidad y RR.PP de 28 años todavía tendría que escuchar cosas como “Creo en la igualdad y en todo lo que tú quieras, pero en la cama un hombre es un hombre y tiene que dominar a la mujer”. También le confesó su predilección por “darles bofetadas y eyacular en la cara, tanto si les gusta como si no”. “Esto derivó en una discusión en la que intenté darle mi opinión sobre por qué eran machistas sus comentarios. Pero él se cerró en banda y hasta me bloqueó en Whatsapp”, confiesa la publicista.

¿Cómo destapar a este tipo de impostores? Durante los párrafos anteriores han coincidido varias características que sugieren un determinado patrón de comportamiento. No es obligatorio escudriñar si el interés por la obra de Gloria Steinem o Caitlin Moran es sincero: su manera de calificar relacionas pasadas (si repite que “estaban todas locas”, huye) o dirigirse a otras mujeres de su entorno actual revela mucho sobre sus verdaderas intenciones. “Tienen, además, la camaleónica capacidad de defender el feminismo contigo a la vez que se mofan del feminismo delante de los amigotes”, suscribe Diana López Varela, que termina: “Son muy fáciles de detectar y tenemos la obligación moral de no acostarnos con ellos jamás o de no contarlo nunca”.

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