HGH, la hormona de la potencia que conquistó Hollywood

Se suministra e inyecta para rejuvenecer la fortaleza y el buen ánimo. Los hombres de alto poder adquisitivo parecen ser los más interesados en el tema.

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Es un secreto en Hollywood (especialmente entre celebrities y gente adinerada). Pero no de los mejor guardados. La hormona de crecimiento (HGH, por sus siglas en inglés, Human Growth Hormone) rejuvenece: aumenta la masa muscular, mejora la densidad ósea, anima, engrosa la dermis y sube la libido. En definitiva, es un filón para las consultas antiedad. «Aunque nosotros la dispensamos desde hace décadas, su consumo se ha disparado en los últimos diez años», corrobora Uzzi Reiss, un médico israelí especializado en ginecología y antiaging, director del centro Men and Women & Advanced Nutrition and hormone-based gynecology, en Beverly Hills. También lo es para sus fabricantes: la venta de esta proteína sintetizada genera unos 2.000 millones de dólares (1.800 millones de euros) anuales. Nada mal para una sustancia supuestamente reservada a pacientes que no la producen en cantidades suficientes. «Su uso como terapia antienvejecimiento no está permitido en España.

Aquí se administra a personas con unos niveles bajos o en casos como el síndrome de Turner, (mujeres con cromosomas incompletos), el de Prader-Willi (causado por la carencia de un gen en parte del cromosoma 15) o en niños con insuficiencia renal crónica antes de la pubertad», aclara Cristina Álvarez, de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). En nuestro país su uso es hospitalario, la recetan los endocrinos y pediatras y solo puede distribuirse en hospitales y farmacias.

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El laboratorio Genentech desarrolló una versión biosintética de la HGH, la primera aprobada por la Food and Drug Administration en 1985.

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Esta proteína, fabricada por la glándula pituitaria, estimula el crecimiento de buena parte del organismo: células, huesos, músculos… Su carencia, en edades tempranas, encoje: no permite alcanzar la talla diana (o altura probable según la herencia genética) y puede llegar a traducirse en enanismo. Con la edad, el organismo aminora su producción. El frenazo se produce a los 20 años, al desencadenarse una caída del 4% anual. «Luego lo hace a un ritmo de un 2%. Resultado: entre los 30 y 50 años, puede haberse reducido en un 40%», aclara Ángel Durántez, director médico de la clínica Neolife.

La Food and Drug Administration (FDA), el órgano que regula la alimentación y los fármacos en Estados Unidos, es mucho más laxa. Si un adulto muestra signos de fatiga, debilidad y una libido baja, entre otros síntomas, los médicos la recetan tras un test de orina y una analítica. «¿Por qué no íbamos a hacerlo? Es el tratamiento hormonal más seguro que existe. El problema es que su empleo está demonizado; tiene muy mala prensa», lamenta Reiss.

Reputación dudosa. La tiene por varias razones: «Los medios han frivolizado sobre el tema; han centrado su consumo solo entre actores o cantantes famosos y le han dado una connotación exclusiva relacionada con lo prohibido. No cuestiono que uno pueda sentirse más carismático o energético inyectándosela, pero de ahí a sentirse diez años más joven o a dejar de tener canas… Es mejor centrarse en la literatura científica, que sí que ha demostrado sus beneficios en adultos», plantea Durántez.

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La HGH tiene detractores y defensores, principalmente, porque no todos los estudios han cosechado resultados positivos. «Un metaanálisis de varias investigaciones publicado en 2007 confirmó ventajas como la reducción de grasa y el aumento de la masa muscular, pero también una mayor predisposición para el desarrollo de diabetes y del cáncer» alerta Álvarez.

Su uso se remonta a finales de los años cincuenta. Entonces era limitado y se reservaba a los casos más extremos en niños. Era difícil de conseguir: se extraía de cadáveres. La FDA escribió un nuevo capítulo en 1985 al aprobar una versión biosintética elaborada por Genentech, una empresa de San Francisco. Sus resultados eran esperanzadores: un paciente de menos de 13 años crecía unos cinco centímetros de media. ¿La panacea? A primera vista, sí. Los efectos secundarios se limitaban a molestias en articulaciones e hinchazón. Pero a largo plazo, la historia se complica: algunos investigadores han demostrado que existe mayor riesgo de fallo cardiaco y otras enfermedades. «Las paredes del corazón engordan, lo que puede causar cardiopatía hipertrófica. La HGH tiene tendencia a aumentar la intolerancia de la glucosa, de ahí la diabetes», confirma Purina Espallargas, médico estético y especialista en ginecología de la clínica homónima.

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El veneno de la araña de plátano es la nueva viagra. Los expertos ya han encontrado la manera de reproducir esta especie modificándola genéticamente.

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Además, es una sustancia cara: el coste de esta proteína sintetizada oscila entre los 375 y los 2.000 dólares mensuales (336 y 1.790 euros). «Su alto precio se debe a que se fabrica por ingeniería genética. Hay poca competencia, unas 4 o 5 farmacéuticas en total, y mucho vendehúmos. Al fragor del negocio, aparecieron los oportunistas en Internet vendiendo cremas y pastillas que supuestamente potenciaban su producción natural», informa Durántez.

A favor. El boom floreció en la década pasada, cuando el diario estadounidense Albany Times Union publicó que los músicos 50 Cent, Mary J. Blige, Timbaland y Wyclef Jean y actores como Tyler Perry, la consumían. Muchos lo negaron públicamente. «En el mundo del espectáculo, la presión para prolongar la juventud es mayor. Es fácil querer seguir pareciéndose al joven de las fotos o de la pantalla. Pero se busca una belleza natural, no artificial. Por eso hasta se ocultan con Photoshop las restauraciones de bótox o cirugía», plantea Javier Garcés, presidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales.

Nick Nolte, Oliver Stone y Sylvester Stallone sí han confesado que la toman. ¿Una demostración de poder? «Es un tratamiento caro, confiere estatus porque solo los VIP acceden a él», opina Garcés. A Stallone, concretamente, le pillaron en 2007 con 48 viales en la maleta en el aeropuerto de Sídney. Australia es uno de los países más estrictos en este campo. No se apocó. «Esta hormona no es nada… No tiene nada que ver con los esteroides, quien diga lo contrario no tiene ni idea. En diez años la despacharán en todas partes», aseguró el actor a la revista People poco después.

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A sus 78 años, la culturista Ernestine Shepherd afirma que es posible tener un cuerpo como el suyo sin necesidad de hormonas.

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El debate sigue abierto. «Si el reemplazo se supervisa y no supera los 0,6 mg diarios, se evitan posibles consecuencias como el edema, las artralgias, las mialgias o el hiperinsulinismo. En cuanto al cáncer, la hormona de crecimiento no es carcinogénica. El artículo de Vence publicado en The New England Journal of Medicine en 1999 sobre su uso en niños y adultos demostró que su incidencia era inferior en quienes la consumían», argumenta Ángel Durántez.

«En EE UU se recomiendan calmantes y somníferos más perjudiciales y adictivos. Además, los mismos médicos que critican su uso en adultos, lo recomiendan en menores. No tiene sentido. Si se prevé que un niño no sobrepase los 1,60 cm de altura, y una niña, los 1,50 cm, se le administra. Sus dosis suelen ser elevadas: diez veces más altas que la de un adulto en pacientes de entre 5 y 10 años, y 30 veces mayor para los que tienen entre 10 y 18 años. También se receta a chicos con cáncer o con fallo renal. Estos grupos están muy supervisados y no se han demostrado efectos secundarios», razona Reiss. Este especialista de 70 años es el gurú del HGH: su libro dedicado a esta hormona, The Natural Superwoman, ha sido un éxito. Tanto, que ya ha visitado el programa de Oprah Winfrey y es el médico de muchas celebrities. Él la toma desde hace 35 años. «Mi mujer desde hace 30. Los dos nos sentimos más activos y motivados, y somos más felices. Nuestros huesos se han fortalecido, hemos evitado enfermedades cardiovasculares, nuestros órganos internos no se atrofian y nuestra capacidad torácica ha aumentado. Además, tenemos ganas de hacer cosas. Yo sigo trabajando y estudiando. Hoy, por ejemplo, me he levantado a las 4.30 de la madrugada porque estoy a punto de examinarme de un máster», asegura.

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Aunque son muchos los que no lo confiesan, el director de cine Oliver Stone no ha tenido ningún pudor en decir que usa la HGH.

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El físico André Berger también ha publicado un libro sobre el tema (The Beverly Hills Anti Aging Prescription), comercializa su propia línea de cosméticos y dirige la clínica Rejuvalife Vitality Institute. ¿Se la inyecta? «La cuestión no es esa, la cuestión es si la necesito o no. No probaría nada que no necesitara ni por diversión. Mi objetivo no es experimentar. Me he hecho el test, conozco mi nivel de HGH y he obrado en consecuencia. He hecho lo mismo que hago con mis pacientes», cuenta. Y da otro dato: «Las cantidades que administro a mis clientes van desde 0,1 mg hasta 7,5 mg al día. Pero el tratamiento no solo se centra en la HGH, también miramos otras hormonas como los estrógenos o la testosterona», asegura.

Entonces, según sus defensores, y teniendo en cuenta todas sus ventajas, ¿por qué esta sustancia no se administra aún libremente? «Se achaca a los efectos secundarios, supuestamente más agudos en personas mayores que en niños. Pero yo creo que es un tema de autorización administrativa. ¿Se imagina a todo el mundo pidiendo su dosis diaria de hormona del crecimiento a partir de los 50 años?», cuestiona Durántez.

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Dorian Grey, el mítico personaje de Oscar Wilde, ¿se inyectaría hoy la hormona de la juventud?

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La búsqueda del elixir de la juventud no termina aquí. Los avances siguen su marcha y todo apunta a que la HGH quedará en segundo plano en un futuro próximo. ¿Lo más novedoso hoy en día? El veneno de la araña de plátano, capaz de aumentar la circulación en el pene y provocar erecciones. Pero recolectar este nuevo viagra en granjas de arañas no parece muy viable. La buena noticia es que un grupo de investigadores ya ha encontrado la manera de reproducirla genéticamente modificada.

«En realidad, el tratamiento con HGH pospone un poco el envejecimiento. Pero solo un poco. Necesitamos algo completamente diferente. Ese algo llegará y entonces viviremos casi eternamente», pronostica para S Moda el afamado gerontólogo inglés Aubrey de Grey.

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