Ellas también mienten en el sexo (pero no como crees)

La mayoría de los mortales maquillamos, en mayor o menor medida, nuestra vida sexual para que encaje en el modelo a seguir o con diversos y oscuros propósitos. Pero las féminas lo hacen impuestas por los roles de género.

Ellas también mienten en el sexo (pero no como crees)

El personaje de Emily Ratajkowski desafía los roles de género en el ámbito sexual en la serie 'Easy A' (Netflix).

Foto: Netflix
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Hay dos asuntos en los que los españoles nos resistimos a decir la verdad aunque nos pongan en el potro de tortura: lo que ganamos y nuestra vida sexual, aunque contar mentiras en este último ámbito es un defecto más bien universal. Mentimos a la pareja, a los amigos, a los padres –suponiendo que haya un nivel de confianza que incluya el tratamiento de estos temas– y hasta al sexólogo que, a menudo, debe sacar la información real con sutiles técnicas de interrogatorio.

Si, básicamente, todo es mentira; en el sexo lo es más porque confluyen numerosos factores que hacen que sea muy difícil, por no decir imposible, comprobar la verdad. Seguramente la NSA, con su moderno sistema de espionaje masivo, es la única que podría corroborar las hazañas eróticas de los sospechosos de exagerar, pero dudo mucho que la organización quiera colaborar en el esclarecimiento de estos hechos. Los partenaires de los más fantasiosos tampoco estarán dispuestos a hacerlo; ya que ellos, al ser en cierta manera cómplices, serían los primeros en quedar mal. Así pues, ya que no hay nada ni nadie que certifique o no nuestros embustes, podemos poner en practica aquello de “la imaginación al poder” y contribuir a crear más mitos en el legendario mundo del sexo.

Las encuestas son otro de los grandes montajes. Y me refiero a las de todo tipo. Trabajé de encuestadora y sé de lo que me hablo. Entre lo mal que están formuladas las preguntas, lo largos que son los cuestionarios, la prisa que tiene la gente; la angustia que le entra al encuestador al ver que le van a dejar un cuestionario inacabado y, por lo tanto inservible, lo mal que pagan y las que se medio inventan, el resultado final es una suma de todos estos obstáculos que, con suerte, se acerca en un 50% a la verdad. Si el tema a tratar es el sexo, entonces ese porcentaje baja alarmantemente. Recuerdo un sondeo que hice sobre la andropausia que, tras los datos personales, empezaba con la sutil pregunta de “¿tiene usted poluciones nocturnas?”, a la que algunos contestaban diciendo que no, porque en su zona de la ciudad no había demasiada contaminación. Solo uno de los encuestados reconoció haber notado un cierto declive sexual, a pesar de que todos eran mayores de 50.

Las encuestas sobre sexo son como los selfies. Cuando te haces uno sonríes enseñando el mayor número de dientes posible, antes de que la cara vuelva a su estado habitual, que suele ser mucho menos divertido.

Los roles de género son claves también cuando hablamos (y mentimos) sobre sexo.

Los roles de género son claves también cuando hablamos (y mentimos) sobre sexo.

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Netflix

Pero, por si todo esto no fuera suficiente para fomentar el embuste erótico, la popularización del porno no ha hecho sino echar más leña al fuego y contribuir a agrandar las fantasías de este mundo onírico que es el sexo. Educar a generaciones de jóvenes inexpertos en la creencia de que se es eyaculador precoz si uno no aguanta más de 30 minutos o programar a la mayoría de la población sus encuentros sexuales, de manera que, debido a la saturación de imágenes, no quede lugar a la creatividad o imaginación. El porno no es malo, lo que está mal es creérselo.

Un experimento, ya histórico, para demostrar lo alejada que está la gente de la verdad al hablar sobre su sexualidad fue el que hizo, en el 2013, la psicóloga Terri Fisher de la Ohio State University en Mansfield (Reino Unido). Los participantes, hombres y mujeres heterosexuales de entre 18 y 25 años, daban respuestas diferentes, dependiendo de si sospechaban estar o no conectados a un detector de mentiras. La tesis de Fisher es que la gente modifica la verdad para encajar en su rol de género. Así, las chicas del estudio tendían a decir que habían tenido menos parejas o rollos de una sola noche y a aumentar la edad de la pérdida de la virginidad. Ellos, por el contrario, exageraban estos datos para encajar en el molde macho man.

Claro que los estereotipos cambian con los años. Especialmente para las mujeres porque la máxima para los caballeros no ha variado un ápice desde el principio de los tiempos: ‘de todo y mucho’. Ellas, sin embargo, deben medir bien las proporciones para que lograr el difícil equilibrio en la sociedad patriarcla entre no ser una pedorra y ser experimentada. El diario inglés The Guardian, en un  artículo que titulaba Why do we all lie in sex surveys? (¿Por qué todos mentimos en las encuestas sobre sexo?), apuntaba lo alejado de la realidad que le parecía un estudio, del 2013, en el que las mujeres reconocían haber tenido 7 parejas sexuales a lo largo de su vida, mientras los hombres, de la misma edad, confesaban alrededor de 30. Además, lo comparaban con otro anterior, de 1991, en el que ellas solo habían tenido una relación y ellos 10.

La teoría que esbozaba el periodista era que las féminas adoptaban la misma actitud que Bill Clinton en el escándalo Lewinsky. Es decir, solo consideraban relaciones o encuentros aquellos con penetración coital y excluían los más deshonrosos, fruto de borracheras o locuras transitorias. Cuando se escribió el artículo Trump no había irrumpido aún en la política; pero ahora que lo ha hecho, la comparación de un sector del género masculino –me como una y cuento 20– con el actual presidente de EEUU aparece en bandeja de plata, lo que podría explicar los asombrosos resultados de las encuestas.

Orlando Bloom y Malin Akerman en 'Easy'

Orlando Bloom y Malin Akerman en ‘Easy’

Foto:

Netflix

¿Es el sexo la prueba del algodón?

La pregunta del millón es, ¿si somos capaces de admitir que hemos cometido errores y hasta fracasado en el trabajo, la familia o con los amigos; por qué nos cuesta tanto reconocer que no somos perfectos en la cama? Según Iván Rotella, sexólogo, director de Astursex, centro de atención sexológica en Avilés y miembro de La Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), “la respuesta está en que el sexo tiene que ver con lo que somos y no con lo que hacemos. Reconocer que no va bien es como admitir una debilidad intrínseca, una disfunción”. Mientras Delfina Mieville, socióloga y sexóloga, con consulta en Madrid, cree que “la sexualidad es donde se reflejan muchos problemas, donde vives la verdadera sensación de inseguridad, donde estás desnudo en todos los sentidos. La sociedad puede entender que te despidan o que nadie quiera estar contigo, pero no es tan comprensiva en materia sexual. ¿Por qué si no algunos de los insultos más ofensivos guardan relación con el suspenso entre las sábanas, como ‘mal follada’, ‘impotente’, ‘calzonazos’, ‘frígida’ o ‘estrecha’?”.

Muy pocos tienen la humildad necesaria para reconocer sus horas bajas en materia de sexo y, por lo tanto, inventan o maquillan la realidad para encajar en lo que se espera de ellos. Aunque, generalmente, esos barómetros cambian dependiendo de quién está delante. Por ejemplo, según cuenta Rotella, “la chica que ahora se lleva es una mujer que reivindica su propio deseo y placer, que se masturba y que quiere disfrutar de las relaciones. Sin embargo, todavía a muchos hombres ese modelo puede darles algo de miedo, inhibirlos, hacer que no se sientan muy seguros. Por lo tanto, si se encuentran estas dos personalidades, es muy posible que la chica –si el hombre le interesa- adopte una actitud más retraída para no asustarlo. Los sexos se muestran diferentes cuando están entre los de su mismo género y cuando interactúan con el opuesto. Las mujeres no hablan de sexo de la misma manera cuando están solas que cuando hay hombres y lo mismo pasa con ellos”.

En el top ten de las disfunciones o problemas sexuales que más cuestan reconocer está, para las mujeres, la falta de orgasmos. Sin embargo, en palabras de Mieville, “lo que más le molesta a la mujer es no ser deseada. Es fácil escuchar en consulta en boca de un hombre, “es que mi pareja me tiene a pan y agua”, pero es muy difícil que eso mismo lo admita una mujer. En una relación ella se va a preocupar más por gustar, por generar deseo que por pasárselo bien. Lo que explica que muchas de las que vienen a mi consulta con anorgasmia sean mayores de 40. Han esperado mucho o quizás vengan cuando sienten que ya nadie las mira. El problema mayoritario del género femenino es una gran desconexión de nuestra genitalidad. Somos cabezas que llevamos un cuerpo a rastras”.

Los secretos inconfesables masculinos, sin embargo, giran entorno a la realización del acto, su duración y la potencia invertida en el mismo. Según Rotella, “lo que más les cuesta confesar a los hombres es que tienen problemas de erección o duran, lo que ellos consideran, poco. Y para activar el fantasma de las disfunciones eréctiles basta con un simple gatillazo o el comentario desafortunado de una pareja. Entonces el pene toma los mandos de la relación y empiezan los problemas. Los hombres son más cuantitativos, mientras las mujeres son más cualitativas. Fingir el orgasmo, una de las grandes mentiras femeninas, es en parte una táctica, un premio, una galleta y una palmadita en la cabeza que se le da al hombre para trasmitirle que se ha portado bien y que puede estar tranquilo. En el fondo, las mujeres no le dan tanta importancia al orgasmo como los hombres. Una mujer puede decirte, “me lo pasé fenomenal en la cama, jugamos, nos reímos. No llegué al orgasmo pero disfruté mucho. Confesar esto último a un hombre ya le cuesta más”.

Emma Stone y letra escarlta en 'Rumores y Mentiras'.

Emma Stone y letra escarlta en ‘Rumores y Mentiras’.

Foto:

Cordon Press

¿Puede una mentira ser piadosa?

Nunca he sido partidaria de calificar la relación, nada más acabarla, pero hay muchos aficionados a esta practica y, es entonces, cuando la mayoría de la gente se posiciona en los extremos. Están los positivos, para los que todo está muy bien, hasta que un día saltan y arrojan toda la crítica contenida con devastadores consecuencias; y está lo que los sexólogos llaman ‘sincericidio’, que consiste en decir la verdad caiga quien caiga. Mieville hace tiempo que ve necesario la realización de un taller sobre habilidades sexo-sociales, “es decir, como contar a la pareja lo que ha estado bien y lo que hay que mejorar, de una manera diplomática. Las mujeres se quejan de que los hombres no conocen sus cuerpos, al mismo tiempo que no expresan sus deseos. Es como si esperasen que alguien les leyera el pensamiento”. Iván Rotella, cree que “mentir en la cama nunca es piadoso, al menos si quieres repetir con esa persona. Lo que hay que aprender es a decir las cosas en positivo porque los amantes a la carta, excepto en milagrosas ocasiones con un feeling especial, no nacen sino que se hacen”.

No hay que olvidar tampoco que, como apunta el refrán, ‘se coge antes a un mentiroso que a un cojo’ y que los embusteros profesionales invierten bastante tiempo en documentarse y estar al día. En cuestión de sexo también hay que saber lo que se lleva y lo que no. ¿Recuerdan cuando el vibrador, entonces denominado ‘consolador’, era la prueba evidente de que se ligaba menos que en The Big Bang Theory? Pues ahora ser virgen a los 30 puede ser cool si uno ingresa en el club de los asexuales, aunque el porno entre chicas todavía tienen sus reticencias. La gente siempre me mira asombrada cuando les confieso que a mí me gusta. ¡Qué te gusten las comedias no quiere decir que te guste Eddie Murphy!, les aclaro.

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